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Como consecuencia de lo
afirmado, queremos:
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Un Estado al servicio
de la liberación de la persona: De lo que se trata es de
que todo hombre (varón o mujer) sea digno, íntegro y libre porque pueda
realmente llegar a serlo. Y es el Estado el responsable de crear las
condiciones que concedan a cada persona esa oportunidad a fin de que ni
la ignorancia, ni la salud, ni la clase social, ni el sexo, ni la raza,
ni la cuna, ni el lugar de nacimiento limiten, condicionen ni determinen
su pleno desarrollo, según decida su propia voluntad y resulte de su
esfuerzo. Más allá del azar o de la necesidad, cada uno señor de si
mismo e hijo de sus propias obras.
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Una democracia de
contenido mas allá de la meramente formal: Una democracia, de
contenido y no solo formal, basada en la eficaz igualdad ante la Ley,
sin privilegios ni exenciones; fundada en el efectivo control del
ejercicio del Poder, responsable ante la plena soberanía de la Nación y
en el respeto a las minorías. Una democracia que permita, y sea la
efectiva representación y participación de todos, sin excepción. Una
democracia que considere las comunidades intermedias (la familia, la
asociación, y la empresa) como el sistema vertebral de toda sociedad
civil estructurada y abierta.
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Una economía
solidaria, orientada hacia la justicia social: Una economía
solidaria, orientada hacia el interés general y el bien común,
comprometida con la protección del ecosistema y la atención al
patrimonio cultural; basada en el respeto a la propiedad y a la
iniciativa privadas. Una economía en la que la salvaguardia estatal de la
libre competencia en el mercado esté al servicio del pleno empleo, del
bienestar, de la pacífica convivencia y de la justicia social.
Jaime Suárez |