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Ante este triste
espectáculo de general confusión y creciente desarme espiritual y
patriótico de España, afirmamos:
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Primacía de lo
espiritual: Denunciamos el actual y hegemónico desprecio y
descalificación de todo lo sobrenatural, lo religioso y lo moral; a
eliminar de toda la vida social y pública y a reducir al más estricto
ámbito de la intimidad. Consideramos nuestro deber combatir esta
perversa “cruzada” laicista y agnóstica. Esta es nuestra jerarquización:
ante todo, los valores espirituales; después, la política, el bien
común; tercero, la economía, la prosperidad material.
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Hegemonía de la
persona: Consideramos a la persona como un ser cuya condición
trascendente emerge mas allá de su limitada naturaleza, por lo que no
puede quedar reducida a ninguna de sus temporales dimensiones, sean
estas de índole económica, social, política, étnica, o histórica.
Reclamamos, por ello, una cultura del esfuerzo, del mérito y de la
ambición de excelencia; donde se inste la noble conquista del ser, más
allá de la mera codicia del tener. Todo ello, siempre al servicio de la
dignidad, la integridad y la libertad de la persona.
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Suprema realidad de
España: Nada ni nadie, pase lo que pase, nos hará dimitir jamás
de nuestra absoluta creencia en la suprema realidad de España. Por eso,
“fortalecerla, elevarla y engrandecerla en la apremiante tarea colectiva
de todos los españoles y toda conspiración contra su unidad es
repulsiva. Todo separatismo es un crimen. Hay que volver a concebir a
España como realidad existente por si misma, que supo cumplir –y aun
tendrá que cumplir- misiones universales”. Reclamamos, por ello, la
urgente necesidad de instaurar en las jóvenes generaciones, el orgullo
de ser españoles y el imperativo categórico de la unidad no negociable
de España.
Jaime Suárez |