Vida castrense de José Antonio primo de Rivera en Barcelona, contada
por D. Leoncio Jiménez Cano, compañero de servicio militar (1922-1923)

 

 

 

Declaraciones de don Leoncio Jiménez Cano, (El Arenal, Ávila, 1899-1980) 

realizadas en 1980, a don Antonio Álvarez Cadenas, no llegaron a publicarse

en el semanario Ecos de la Sierra al dejarse de editar.

 

Don Leoncio Jiménez Cano, compañero de servicio militar en el regimiento de Caballería «Dragones de Santiago nº 9», de guarnición en Barcelona, mozo de la Quinta de 1921, con el Fundador de Falange Española de las JONS, José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia y, al parecer, un primo hermano de éste.

 

José Antonio ya conocía Barcelona.

Antonio Gibello, Premio Nacional de Periodismo «José Antonio Primo de Rivera», exdirector del diario El Alcázar, madrileño, nacido en 1932, en su documentada biografía, titulada José Antonio. Apuntes para una biografía polémica, de Editorial Doncel, Madrid, 1975, nos dice, pág. 47, sobre el conocimiento que el Fundador de Falange tenía ya de Barcelona, con anterioridad a su servicio militar, lo siguiente:

«El 16 de marzo de 1922, don Miguel Primo de Rivera es nombrado capitán general de Cataluña, y aquel verano (su primogénito tenía 19 años cumplidos, puesto que nació el 24 de Abril de 1903, no 17 ó 18 años, como nos dirá, más adelante el Sr. Jiménez), José Antonio lo pasa con su padre en la Ciudad Condal. La hermosura luminosa y moderna de Barcelona va a producir en el joven universitario un choque emocional que trascendería en amor por aquella región, de la qua pocos españoles, sólo los más selectos de Cataluña, han sabido extraer su esencia espiritual con la profundidad y el conocimiento certero de su alma popular, que José Antonio consiguió».

Ramón Serrano Suñer, en su obra José Antonio, estudiante, enamorado y parlamentario, publicado en la revista Y  para la mujer, 2ª edición, noviembre de 1938, nos dice:

«De aquella ciudad viva, llena de cosas importantes, él (se refiere a José Antonio) empezaba a deducir sus gustos y sus exigencias ante lo público; empezaba a saber cómo quería las cosas: Barcelona fue para José Antonio, el político, el punto de partida, y para el hombre, el punto de crisis»

Había en Barcelona tres regimientos de caballería.

Por aquel entonces de 1921, había en Barcelona tres regimientos de Caballería, según nos refirió el Sr. Jiménez, a saber: «Dragones de Numancia», «Dragones de Montesa» y «Dragones de Santiago» que era al que pertenecían nuestros protagonistas. Durante el servicio militar del Sr. Jiménez, se produjo el golpe militar de la Dictadura, protagonizado por Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, padre, como es sabido, de José Antonio. Recordemos las circunstancias. Las tropas permanecieron acuarteladas ese día. José Antonio llegó tiempo después al regimiento, nos dijo el Sr. Jiménez.

La Dictadura de Miguel Primo de Rivera.

Antonio Gibello, en la obra ya citada, pág. 48, relata los antecedentes:

«El expediente de responsabilidades por el desastre de Annual, instruido por el general Picasso, provoca un revuelo de hondas repercusiones políticas, que llevan, una vez más, a la crisis de gobierno y a un enfrentamiento personal en el Senado, que tuvo gran resonancia pública, en donde el general Aguilera y el señor Sánchez Guerras democráticamente, ventilan sus diferencias de criterio a bofetadas. Las ingentes cifras de paro, la crisis económica, las luchas políticas, los atracos y los atentados personales, como el asesinato del cardenal: Soldevila en Zaragoza, dan la imagen exacta de una España que se atomiza sin aparente remedio.

«Es el momento en que el general Primo de Rivera se decide. Previamente ha consultado con los más característicos representantes de las diversas guarniciones peninsulares. Alentado por las respuestas, el 13 de Septiembre de 1923 publica un manifiesto, declarando el estado de guerra y haciendo saber que para salvar a España el ejército pedía al Rey la separación de los ministros y aun de todos los hombres políticos de la gobernación del Estado».

El Sr. Jiménez recuerda nombres y apellidos de los generales, jefes y oficiales de Barcelona.

Era capitán general de la IV Región militar, con sede en la Ciudad Condal, el general de división, D. Ángel Dulce Antón, marqués de Castelflorite, General de brigada, D. Francisco Mercader Zufia. El jefe del regimiento de Caballería «Dragones de Santiago nº 9», era el coronel D. Leopoldo Sarabia Parda. El comandante mayor era D. Carlos Caballero Méndez. El coronel que reemplazó al Sr. Mercader Zufia por ascenso de éste al generalato, se llamaba D. Ildefonso Sánchez Anitua. El capitán ayudante era D. Emilio Vidal López -con el que estuvo de asistente y ordenanza D. Leoncio Jiménez Cano- que, cuando se licenció lo hizo a las órdenes del capitán D. Rafael Huertas Alfaro. El teniente era D. Laurio Ortega García. Don Leoncio Jiménez Cano fue destinado al primer escuadrón que mandaba el comandante mayor. Nótese que hasta el 16 de Marzo de 1922, como queda dicho más arriba, no fue promovido Don Miguel Primo de Rivera al cargo de capitán general de Cataluña, por consiguiente, a la llegada al cuartel del Sr. Jiménez, que era quinto del año 1921, había otro capitán general. Nos llama la atención y no nos resistimos a omitirlo, la estupenda memoria de que gozaba el Sr. Jiménez al darnos pelos y señales de todos los jefes y oficiales de su guarnición, a pesar de haber pasado sesenta años.

José Antonio, voluntario con caballo propio.

Ingresó José Antonio Primo de Rivera -afirmó el Sr. Jiménez- cuando tenia 17 ó 18 años de edad. Fue elegidor de cuerpo, posiblemente por mediación de su padre, que ya estaba al mando de la Dictadura. Tenía un caballo a su disposición, pero había de abonar la manutención, montura y demás gastos del noble bruto por su cuenta. El equino comía pienso aparte, no del regimiento. El resto de soldados tenían asignados caballos del cuartel. Siendo soldados rasos él y su primo hermano, disponían de un ordenanza cada uno para la limpieza de sus respectivas monturas. Recuerda el Sr. Jiménez que a los caballos de los jefes y oficiales, se les daba, además del pienso normal, el beneficio, es decir, otro poco más de ese mismo pienso, en una cuantía de ¼ ó ½ Kg., repartido con el celemín.

José Antonio sienta plaza en Barcelona con su hermano Miguel.

Sin embargo, el biógrafo Antonio Gibello, en la obra ya citada José Antonio. Apuntes para una biografía política, pág. 48, no habla de ningún primo hermano de José Antonio, sino de su hermano Miguel:

«En Barcelona, José Antonio sienta plaza, junto a su hermano Miguel, para servir voluntario en el Regimiento de Caballería nº 9 (aquí da más datos el Sr. Jiménez que Antonio Gibello), forma da reclutamiento habitual para la oficialidad de la escala de complemento. Allí José Antonio va a asistir al golpe de Estado encabezado por su padre».

Nosotros, ante esto, nos preguntamos: ¿sería a Miguel, su hermano, a quien se refería el Sr. Jiménez cuando nos hablaba de que hizo la «mili» con un primo hermano, hijo de viuda? Téngase presente que los hermanos Primo de Rivera ya eran huérfanos de madre, concretamente desde el 9 de Junio de 1908, en que falleció su progenitora Doña Casilda Sáenz de Heredia y Suárez de Argudin.

Don Leoncio Jiménez hizo dos guardias con el «primo hermano» de José Antonio.

José Antonio cumplía la «mili» -según la versión del Sr. Jiménez- con un primo hermano, cuyo nombre no recordaba nuestro buen abulense, pero recuerda, pese al paso de los años, que era hijo de viuda, y que manejaba más dinero que el Fundador de Falange, así es que era más generoso con los que le hacían favores.

Ocurrió que le tocó, en cierta ocasión, al primo de nuestro llorado Fundador, un servicio que se llamaba «Ordenanza de la guardia», y, al parecer, no le apetecía hacerlo. Se dirigió entonces al Sr. Jiménez, para que se lo hiciese. Don Leoncio, Jiménez le respondió que no se lo hacía porque a él no le tocaba; que le correspondía a este presunto primo hermano de José Antonio, por ser el último de la lista. Pero, al final, nuestro protagonista accedió y le hizo el servicio. Según nos contaba el Sr. Jiménez, el «primo hermano» de José Antonio le pagó 10 pesetas, y le convidó a él y a toda la guardia a café, copa y puro.

El picadero de San Pablo, en Barcelona.

El picadero de San Pablo era el lugar destinado a hacer la instrucción a caballo, pie a tierra, para finalizar desfilando por escuadrones. Según el Sr. Jiménez, José Antonio hacía sus ejercicios de hípica militar, tanto de soldado raso como de oficial, en este picadero, que estaba situado al final de la calle Traveseras. El Sr. Jiménez no recordaba la pinta del caballo que montaba José Antonio, ni si era de la yeguada de sus familiares de Jerez de la Frontera (Cádiz), o del propio regimiento.

La afición a la caza y a la hípica de José Antonio.

Posiblemente, Don Leoncio Jiménez Cano no supo nunca -como tampoco lo sabía en 1980, cuándo se realizó esta entrevista, el autor de estas líneas-, que José Antonio Primo de Rivera ya era aficionado a la caza y a la hípica de joven cuando frecuentaba la finca de su tío Don Fernando, en Robledo de Chavela (Madrid). Oigamos la versión de Antonio Gibello, su historiador, muy próximo a la familia Primo de Rivera, por cuanto, según él, en su obra citada, pág. 35, nos informa:

«El 29 de Septiembre de 1909, un grupo de soldados alcanza la cumbre del Gurugú (Marruecos) y clava en ella la bandera española; iniciando así una relación de episodios gloriosos: Taxdirt, Nador, Celuán y el Atlaten. Al mando de ellos figura el coronel primo de Rivera. Un humilde soldado de rayadillo, joven y espigado, que luce un bigote mostacho de finas y puntiagudas guías, participa valerosamente en aquellos combates: se llamaba Leocadio Gibello y, con el tiempo, había de ser mi padre».

Antonio Gibello, en la pág. 36 de esta misma obra, nos aclara:

«Y al tiempo que cubre (se refiere a José Antonio) sus estudios de bachiller bajo la dirección de profesores particulares, aprende francés e inglés -idiomas que dominara a la perfección- y durante los veranos pasa largas temporadas en Robledo de Chavala (Madrid), en donde tiene una finca su anciano tío-abuelo don Fernando, Conde de San Fernando de la unión y primer Marqués de Estalla. Allí se fortalece la amistad surgida entre José Antonio y Raimundo Fernández Cuesta, hijo del médico de la familia. Y allí, en los montes poblados de pinos y jarales, empieza a manifestarse en José Antonio la afición por la caza y la equitación»

Luego, apostillamos nosotros, la elección del Arma de Caballería, no fue casual, tenía su razón de ser.

Uniforme, nómina y comidas.

El vestuario de invierno -según nos relató Don Leoncio Jiménez-, era un pantalón, guerrera, pelliza y el capote, de paño de lama, de buena calidad. Completaba el uniforme militar, unos estupendos leguis de cuero, zapato de reglamento y espuelas. Botas no tenían, ni en invierno ni en verano. Se ganaba, entonces, 15 céntimos al día de paga, y se comía bien: dos buenos platos, pan, fruta y un vaso de vino.

José Antonio no fue «un enchufado»

La condición de presidente del Consejo de Ministros de su padre, no le eximió a José Antonio de ningún servicio mecánico -nos afirmaba el Sr. Jiménez-, como pudiera ser la limpieza de cuadras u otros. No disfrutó de más permisos que los demás soldados. José Antonio estuvo en el cuartel un año, y el Sr. Jiménez, 37 meses. Nuestro buen abulense sólo disfrutó de 15 días de permiso. Y porque se casaba un hermano. Se lo concedió su capitán, Don Emilio Vidal López, a quien el Sr. Jiménez llamaba con la terminología al uso de la época «el amo». El coronel del regimiento le dijo que no se podía dar más permiso.

Al año, ascendió José Antonio a Alférez.

La memoria de Don Leoncio Jiménez es maravillosa, ¡cómo recuerda fechas y circunstancias! José Antonio fue cabo a los tres meses. A los seis meses, ascendió a sargento. A los nueve meses ya tenía dos sardinetas. Al año fue promovido a oficial, concretamente a alférez. Siendo destinado a la escolta del Rey Alfonso XIII.

José Antonio, alférez en Madrid, en el Regimiento «Húsares de la Princesa».

Como es de suponer, nuestro declarante, el Sr. Jiménez, desconocería, por obvias razones, él no era historiador, a dónde fue destinado José Antonio, en Madrid; pero Antonio Gibello, en la pág. 49, de su biografía, nos da más datos:

«Cuando don Miguel jura como jefe de Gobierno, el 15 de Septiembre de 1923, la gran masa del país, desde los intelectuales hasta los obreros, abren un portillo a la esperanza. Con don Miguel vuelve toda la familia. Y José Antonio pasa del regimiento barcelonés al de «Húsares de la Princesa», en donde alcanza el grado de alférez. Se conservan fotografías (publicadas en la obra de Gibello), en las que aparece con uniforme de gala y a caballo durante una guardia en la plaza de la Armería de Palacio, dando novedades a su padre, presidente del gobierno, a la salida de éste del Palacio Real. También se ilustra el libro de Antonio Gibello con una foto, en la que aparece José Antonio vestido de militar en la presidencia del duelo, del entierro de su tío abuelo Don Fernando.

José Antonio propinó una bofetada a Queipo de Llano y perdió su grado de alférez.

Digno de mencionarse es, asimismo, la circunstancia varonil en que perdió José Antonio su grado de alférez, por defender la memoria de su padre. Gibello lo menciona en la pág. 121:

«Resonancia especial tuvo, en otro orden, el Consejo de Guerra ante el que tuvieron que comparecer José Antonio, su hermano Miguel y su primo Sancho Dávila Fernández de Celis, como consecuencia de la causa que se les había abierto, en cuanto que eran alféreces de complemento, por agresión de obra a un superior, el general Queipo de Llano. Había tenido éste manifestaciones infamantes por escrito contra un tío de José Antonio y contra el propio dictador. José Antonio, dispuesto a la defensa del honor militar de la familia vejado por el general republicano, acudió al café donde éste formaba tertulia, y después de preguntarle si él era el autor del escrito, y ante la respuesta afirmativa del general, le propinó un espectacular puñetazo, que hizo le rodar por el suelo al agredido, entablándose entonces una lucha entre los acompañantes de José Antonio y los acompañantes del general. La vista del Consejo levantó curiosidad, y fueron muchos los que la siguieron con interés. En la sentencia, que fue condenatoria para el primogénito del dictador, y absolutoria para Miguel y para Sancho Dávila, quedaba claro que la pelea se había producido con honorabilidad. Se condenó a José Antonio a la pérdida de su empleo de alférez, pena mínima establecida en el Código, ya que la agravante de premeditación que se señalaba quedaba compensada por las atenuantes de "arrebato y obcecación y vindicación próxima de una ofensa grave". Con lo que reconocía, implícitamente, la razón que le asistía. Este incidente, así resuelto, no impidió en 1936 que Queipo de Llano apoyara los fallidos intentos de liberación de José Antonio, ni la activa colaboración de la Falange Sevillana, con el inquieto general, cabeza del Alzamiento en la capital andaluza».

Testimonio de D. Leoncio Jiménez: «José Antonio tenía buen aspecto físico y un comportamiento ejemplar».

José Antonio, cuando llegó a Barcelona de recluta, ya era alto y fuerte, nos dijo el Sr. Jiménez. Era buena persona, recto de carácter, no gustaba de gastar bromas a sus compañeros. Hacía cumplir el Reglamento de Caballera a sus subordinados escrupulosamente. El Sr. Jiménez hizo en su compañía un par de guardias. Por aquel entonces, nuestro buen abulense, como cualquiera, estaba muy lejos de suponer que, pasando los años, José Antonio llegaría a ser el Fundador de Falange Española de las JONS. Acaso tampoco lo sospecharía él. Nunca reveló a sus compañeros de servicio militar ni la más remota pretensión fundacional.

«Sentí mucho el fusilamiento de José Antonio, a pesar de que soy de izquierdas».

«No quise -nos decía en febrero de 1980-, las palabras sinceras que se dicen a los 80 años, cuando la vida ya está casi periclitada- ser soldado de primera por no hacer los servicios de cabo. Me interesaba más ser ordenanza. Aprendí a leer y a escribir en la «mili», en cuarenta tardes, con el capellán y el suboficial. Tengo que decir en honor a la verdad, y a pesar de que soy de izquierdas, que sentí mucho el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera».