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Juan Hernández Petit
FOTOS, 20.11.1939
La tierra madre, dio al
cuerpo de José Antonio la paz y el reposo que sus asesinos le negaron...
El cementerio de Alicante
está a unos tres kilómetros de la población. Más bien parece un jardín. En
vez de cipreses y eucaliptus se ven por doquier acacias y flores. Al fondo
y a la izquierda se encuentra la tumba donde aparecieron los restos de
José Antonio Primo de Rivera , y poco más allá, el nicho en que hoy se
guardan en espera del lugar donde hayan de reposar definitivamente, que
pronto será designado.
Salvo pocas personas, poco mas que esto conocen España y el resto del
mundo: escasas imágenes de un noticiario cinematográfico y algunas
fotografías aparecidas recientemente en la Prensa, que con las que esta
información acompañan, son las únicas que se han obtenido. Me ha sido
concedido el honor de escribir este reportaje y, por el más profundo
respeto a la memoria del Fundador de la Falange, escuetamente me limitaré
a agrupar y a transcribir hilvanadas, cuantas noticias he conseguido
obtener.
SITUACIÓN DE LA TUMBA
Fosa quinta, fila segunda, cuadro doce del Cementerio municipal de
Alicante. Esta es su situación exacta.
A raíz de la liberación de Alicante, estos detalles fueron dados a conocer
por el conserje administrador del Cementerio, Tomás Santonja Ruiz, natural
de Alicante, de 49 años de edad.
Santonja dijo:
- Ví a José Antonio Primo de Rivera cuando le dieron tierra. Le reconocí
enseguida porque en el año 34, me presentó a él mi hermano Rigoberto, ya
entonces, afiliado a la Falange...
A más de la situación de la tumba de José Antonio, en época de dominio
rojo, Santonja consiguió retener en la memoria la de otros muchos Caídos,
amigos o conocidos suyos, de Alicante y sus alrededores. Esto le costaba
grandes esfuerzos de imaginación. Un día pensó que podía morir y se
perderían los valiosísimos datos de que era único poseedor. En vista de
ello, decidió escribirlos en un libro, que conserva, y en cuyas hojas
pueden hoy leerse nombres, apellidos, número de cadáveres, situación de
fosas y oros interesantísimos e inapreciables detalles. Para poner en
relieve uno más de tantos méritos, Santonja pensó en la necesidad de otra
precaución: con objeto de evitar todo peligroso intento de profanación,
por todos los medios a su alcance, procuró divulgar que los restos de José
Antonio Primo de Rivera estaban en la fosa once, y no en la quinta, en que
realmente estaban.
LA TUMBA
Al ser descubierta la tumba, dejó ver, en el primero de sus cuerpos,
cinco cadáveres. El del fondo resultó ser el de José Antonio. Sobre él
yacían dos tradicionalistas y dos falangistas. Vicente Muñoz y Luis
Seguros eran los dos primeros. Y Ezequiel Mira y Luis López los otros
dos... Los cuatro habían nacido en Novelda.
En el segundo cuerpo de la fosa estaba enterrado un solo cadáver: el de
Felipe Godina. Falleció de muerte natural en el Hospital. Pero, mientras
este último cadáver estaba encerrado en una caja, los otros aparecían unos
sobre otros, sin separación térrea ni de ninguna otra materia , y en la
forma que se indica en la foto.
En la tumba, de tres metros de profundidad, el cuerpo de José Antonio dejó
sobre la tierra una huella, que perdura. Oscila entre los veinte y los
treinta centímetros. Esto, que a primera vista parece natural y lógico,
por el peso de los otros cuatro cadáveres, resulta providencial si se
equipara con casos distintos de semejantes características.
Examinémoslos:
Caídos de Callosa de Segura: Sobre cuatro cadáveres sin separación
térrea, descansaban cuarenta y ocho más. Los cuatro primeros no dejaron
sobre la tierra huella alguna.
Caídos de Crevillente: Sobre siete cadáveres se amontonaban veintinueve en
iguales condiciones. Sin huella.
Caídos de Petiel: Sobre nueve cadáveres, quince. Sin huella.
Caídos de Orihuela: Sobre seis cadáveres, doce. Sin huella.
Caídos de Torrevieja: Sobre dos cadáveres, dieciocho. Sin huella.
EL PRIMER TRASLADO
El 4 de abril de 1939 o sea, tres días después de la liberación de
Alicante, y de la fecha en que Franco dio a conocer al mundo , que la
Guerra había terminado, poco después de la una de la tarde, en un acto
sencillo, Miguel Primo de Rivera, Pilar Millán Astray y pocas personas
más, presenciaron el descubrimiento de la tumba , reconocieron los cinco
cadáveres contenidos en su primer cuerpo y, con el máximo honor, el de las
lágrimas, ya en sus féretros, trasladaron los restos de los Caídos de la
fosa quinta a otros tantos nichos.
Desde aquel día, José Antonio Primo de Rivera descansa provisionalmente en
el nicho número 513.
El cuerpo de José Antonio yace envuelto por las banderas de España y de la
Falange.
En el exterior rinden tributo permanentemente las armas. Y una corona
monumental de laurel y rosas, ofrenda de sus camaradas. Y muchos ramos de
flores naturales, constantemente renovados. Y cinco simbólicas rosas roja,
que Consuelo Llopis deposita a diario desde el primer día, como tributo de
la mujer española.
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