|
La bala que mató a José Antonio ha sido encontrada en Alicante. El
milagroso y accidentado proceso que ha seguido este pedazo de plomo
durante siete años, hasta aparecer, plenamente identificado como el
proyectil que causó la muerte al primer jefe nacional de la Falange, tiene
rasgos y detalles interesantísimos. Es una larga historia. llena de
matices inesperados y de hechos en parte inexplicables, la que nos va
demostrando paso a paso. d e s d e aquella madrugada trágica hasta el 29
de noviembre último - fecha en que la bala fue depositada en manos del
jefe provincial de Alicante--, la realidad incontrovertible de que
precisamente este proyectil, entre todos los disparados aquella mañana.
fue el que segó la vida del Fundador.
Ahora, pasados aquellos tiempos d e zozobra y de angustia en la zona no
liberada. casi esfumado su recuerdo con el accidentado palpitar de estos
últimos años. la narración detallada de tantas pequeñas coincidencias como
contribuyeron a la conservación de esta reliquia falangista constituye un
capítulo inédito -e interesantísimo-. que puede ser el epílogo para la
biografía de José Antonio.
Ha sido un doble peregrinar milagroso -el de esta bala. primero encerrada
en el minúsculo patio de la enfermería donde fue asesinado José Antonio y
luego caminante y escondida en distintos lugares de la provincia, hasta
que la paz hizo posible su aparición sin peligros a la luz pública.
Encierra todo ello una suerte doble: la de conservarla intacta a través de
tantas peripecias y la de conservarnos también la certeza -lo más
importante- de su procedencia.
Por este doble cúmulo de circunstancias favorables, la Falange cuenta hoy
con una valiosísima prenda más, directamente relacionada con el sacrificio
de su jefe nacional. Y ahora, tanto como guardar este pedazo de metal,
chafado por su vértice, interesa la conservación minuciosa de esta
historia que, punto por punto, con detalles magníficos, sirve como
comprobante de indudable fuerza para asegurar la procedencia legítima de
la reliquia.
Veréis, diáfanos como en una operación matemática, interesantes como la
más estupenda aventura, los detalles sobresalientes de esta singular
historia.
Alberto Valero Montesinos es jefe local del Movimiento en Rojales desde
los primeros días del año 1936. Una limpia trayectoria en el servicio
falangista-durante ocho años de labor activa-en este núcleo fundamental de
la Falange de Alicante, que estaba constituido desde la visita de José
Antonio. por los grupos de la Vega Baja del Segura.
Rojales es un pueblo agrícola situado junto al río. casi al final de su
curso. entre huertos de naranjos y cabezas montañosos, estériles. Allá
fue, en su apasionada peregrinar por todas las tierras de España, el jefe
nacional de la Falange. Y de esta visita salieron dos jefes locales
íntimamente relacionados con los detalles de esta historia: Alberto Valero
Montesinos. de Rojales, y Felipe Hernández Ros, de Benijófar.
Poco después del 18 de julio Valero, perseguido sañudamente por los rojos,
como todos los demás miembros de la Falange, marchó a Madrid, escondiendo
su verdadera personalidad, con el ánimo de servir al Movimiento desde la
zona roja, o, en el mejor de los casos, de hallar el modo de pasarse al
territorio nacional. Sin embargo, los hechos no ocurrieron tal y como el
primer jefe local de Rojales lo esperaba, y muy poco tiempo después, a
primeros de septiembre, ingresaba en la cárcel de Murcia, en la que iba a
permanecer hasta finales de noviembre. Luego, una providencial medida de
los marxistas dio por resultado su traslado a la prisión provincial de
Alicante, y con ello al origen primero y fundamental para el hallazgo de
la bala.
ALBERTO VALERO EN ALICANTE
Con los primeros días de diciembre del año 1936 Valero era ingresado en la
antigua cárcel de Alicante, hoy casa-prisión, donde sólo diez jornadas
antes había sido asesinado José Antonio. No ingresó solo. Su hermano
Joaquín-por algo eran una familia de falangistas-le hizo compañía desde el
primer momento en la celda número 12 de la galería final, precisamente la
misma en donde ahora se halla instalada la capilla de la casa, y a la que
daba también la celda donde estuvo José Antonio. Miguel Primo de Rivera
estaba entonces, incomunicado, en la celda contigua, número 11, de esta
misma galería,
Era natural que toda la atención de los dos hermanos se dirigiese
exclusivamente hacia ese patio lóbrego. apenas entrevisto en la parte alta
de sus muros por el ventanuco enrejado de la celda, en donde diez días
-antes había hallado la muerte el jefe nacional. Laboraron pausadamente.
El patio, por rigurosa orden superior que nadie se atrevía a quebrantar,
estaba cerrado desde el mismo momento en que fueron sacados :os cadáveres
de José Antonio y de los cuatro mártires de Novelda con él asesinados en
la mañana del mismo día 20. Era, un comparti- miento vedado. desde aquel
fatídico instante. a los ojos humanos. Nadie podía traspasar el umbral de
esa pesada puerta. forrada de recia chapa metálica. que separa la galería
del patio.
A este lado de. la puerta. Miguel Primo de Rivera Alberto y su hermano
Joaquín: la Falange, esperando impaciente un instante. un resquicio, para
pisar ese mismo suelo sembrado de guijarros, para contemplar, el muro de
pétreos sillares donde se habían estrellado las balas asesinas. Más allá
de la puerta. al otro lado, cuatro paredes grises. un centinela
eternamente apostado en lo alto del muro y varios impactos minúsculos
-señas apenas visibles en la durísima piedra-de los lugares donde
golpearon las balas después de su misión asesina. Se comprende fácilmente
que aquella puerta-el franquearla-fuese desde el primer momento de su
llegada una obsesión impresionante para los dos hermanos falangistas de
Rojales.
POR FIN... EN EL PATIO.
La constancia y la suerte
pudieron más que todas las severísimas órdenes del director de la cárcel.
Una mañana temprano. muy poco después de aquella en que los dos presos
llegaron conducidos desde Murcia, ambos fumaban unos cigarros con uno de
los oficiales de la prisión en el pasillo de la galería. El tabaco fue lo
primero. Al instante la conversación se deslizó por el tema más
trascendental: la visita al patio, y. por fin sin que nadie se enterase,
los dos hermanos fueron introducidos por el oficial hasta el patio que
guardaba todavía en el aire; virgen de toda otra huella humana desde
entonces, la presencia intangible de los cinco caídos de la Falange.
El mismo oficial fue
explicando detenidamente a sus dos emocionado interlocutores cómo ocurrió
el hecho. -Aquí- dijo. señalando aproximadamente al centro del patio -se
situó el piquete de ejecución. Contra José Antonio dispararon tres
malagueños refugiados en Alicante desde la caída de su ciudad natal. Eran
Beltrán, Escalera Y Pantoja. José Antonio Primo de Rivera estaba colocado
exactamente ante el muro ése -el que hay junto a la puerta de la
enfermería-,y junto al ángulo que forman esta pared y la que limita el
rincón del fondo del patio. Los otros estaban al lado de él frente a ese
recodo que tiene en su final el patio y junto a la pared que lo separa de
la calle.
Alberto, con la fiebre de la emoción en los ojos, recorrió con una rápida
mirada todos los detalles del recinto. La pared, la puerta de la
enfermería. aún un poco manchada; el otro muro del fondo, ante el que
habían estado los cuatro caídos con el Fundador... Sin embargo. donde puso
toda su atención fue en los bloques de piedra que situados a la altura del
pecho de un hombre, corpulento formaban el ángulo de las dos paredes. Allí
enfrente. precisamente donde él mismo pisaba, había pisado José Antonio
sus últimos Instantes. En En esta pared, en estas piedras -pensó- se
apoyaría un instante su cuerpo, herido de muerte. antes de caer ....
EL IMPACTO
-¿Qué
... ? ¿Qué es esto? . Miró con detenimiento aquel trozo minúsculo de muro,
los tres o cuatro sillares más próximos al lugar donde había estado José
Antonio. y volvió la cabeza disimuladamente hacia el oficial de la
prisión. Lo vio atentamente interesado en contar a Joaquín algunos nuevos
detalles. Entonces Alberto sacó un minúsculo cortaplumas y lo aplicó
contra la pared. Hizo fuerza ...
El
guardián seguía enfrascado en sus explicaciones:
-Cuando lo fusilaron, José Antonio cayó en dirección al portal de la
enfermería. Quedó tendido ahí- y señalaba una distancia equidistante entre
los dos límites de la pared- o mucho más cerca de la enfermería que antes
de las disparos.
«Otro
de los que fusilaron -proseguía-, no muerto del todo, se fue arrastrando
lentamente, mientras los del piquete cargaban de nuevo, junto a José
Antonio, hacia la puerta de la enfermería. Allí, tendido ya sobre los dos
primeros escalones, lo remataron ... »
Cesó la locuacidad del oficial de la prisión.
Alberto, nervioso, se precipitó al interior de la galería de nuevo. Tenía
visible prisa por entrar en su celda. Ya dentro de ella, emocionado,
encendido el rostro, con una palpitación creciente de todo su ser,
escuchó, pegado el oído a la puerta, los pasos del guardia que se alejaba
por el largo corredor. Unos instantes después, ya más tranquilo, se
hallaba acurrucado en el último rincón de la pequeña estancia, Allí vuelto
de espaldas, a la puerta para que no pudieran verlo por la mirilla, sacó
un pequeño portarretratos, completamente deformado por algo grueso que
tenía dentro. Lo abrió cuidadosamente. Su hermano Joaquín veía con
estupor, dentro del minúsculo estuche, un trozo de metal cilíndrico y con
la punta chafada. La voz de Alberto aclaró sencillamente:
-Esta es la bala que
ha matado a José Antonio.
COMPROBACIÓN
Puede
parecer hasta cierto punto difícil a cualquiera que haya visitado la
casa-prisión y sepa cómo estaba el patio, esto de que Alberto Valero
encontrase la ,bala precisamente la que se hincó en el cuerpo de José
Antonio -entre tantos guijarros grises, iguales, como hay en el suelo.
Pero es que el valioso proyectil no fue hallado en el suelo, sino en la
misma pared. Y, aparte de esto, son convincentes en sumo grado,
irrefutables, los razonamientos que el primer jefe local de la Falange de
Rojales aduce para demostrar su certeza. El mismo relata los detalles
siguientes:
La bala, estaba clavada en la pared. Aún puede verse ahora, y se aprecia
claramente en la fotografía, la pequeña señal que dejó en la dura piedra
del muro al chocar, contra ella, Muchas, al rebotar, quedarían-y quizá
estén aún-mezcladas con los cantos rodados del piso; pero ésa se quedó
adherida al muro, chafada la punta por el fuerte gol- pe, como si fuese la
cabeza de un clavo, y en el mismo lugar de donde saltaron las minúsculas
esquirlas de piedra que la violencia del golpe desprendió y que ahora
quitado el proyectil, siguen señalando el lugar donde éste se hallaba. La
seguridad de que ésta era la bala que mató a José Antonio estaba en la
misma narración del oficial de la cárcel. Si el Fundador se colocó solo,
un poco distanciado de los demás, junto al ángulo de los dos muros del
patio es materialmente imprescindible que la bala, para dar en la pared de
este lugar, atravesase primero el cuerpo que tenía delante. La altura del
lugar donde se encontraba es exactamente, como se dijo antes, la más
aproximada a la parte del cuerpo de José Antonio donde debieron dirigir
sus disparos. Claro que fueron tres los que hicieron fuego a la vez contra
él; pero la explicación lógica de que sólo se haya encontrado este
proyectil está en que los otros dos, quizá encontrando mayor resistencia,
se quedarían dentro del cuerpo, mientras que éste atravesaría por un lugar
tal que pudo salir con fuerza suficiente para romper piedra tan dura y
para quedarse adherido a ella.
Que
los otros dos proyectiles no salieron lo demuestra el hecho de que ningún
otro impacto se percibe en la pared alrededor ni cerca de éste. y si
alguna de las otras dos balas hubiese llegado hasta el muro con fuerza
para rebotar y caer al suelo, alguna señal habría quedado del golpe en los
mismos bloques de piedra.
En
toda la extensión del muro del fondo, frente al que se hallaban los cuatro
camaradas de Novelda. hay otras numerosas huellas de disparos que
corresponden a los que para ellos fueron dirigidos. Pero la única señal en
la pared delantera atestigua bien claramente sin lugar a dudas que esta
bala que se conserva arrancada por Alberto Valero con su pequeña navaja,
de sobre la misma huella es la única que atravesó completamente hasta
salirle por la espalda el cuerpo de José Antonio.
OFRECIMIENTO A MIGUEL E INCIDENTES HASTA QUE TERMINÓ LA GUERRA
En la
primera ocasión que se le presentó, Alberto hizo a Miguel Primo de Rivera.
encerrado en la celda contigua, el ofrecimiento de esta magnífica
reliquia. y Miguel, comprendiendo todo su valor y la necesidad de que se
conservase, la dejó en poder de Valero, consciente de que quien había
tenido tal acierto para encontrarla bien podría ser su mejor guardián
hasta que terminase la guerra.
Alberto quedó, pues, con ella y la tuvo luego, hasta que salió de la
cárcel en septiembre de 1937, cuidadosamente escondida en el mismo
portarretratos. Cuando pudo llegar a su casa la encomendó al cuidado de su
hermana y ésta la tuvo escondida en el fondo de una maceta con flores y en
otros lugares parecidos. En todos, ellos estuvo. misteriosamente
conservada, hasta el fin de la guerra, mientras que Alberto combatía en el
Ejército Nacional, después que logró pasarse a la Nueva, España.
Aún
después de abril del 1939, por diversas circunstancias que así lo
aconsejaron, la bala quedó guardada largo tiempo en Rojales, siempre en
este curioso portarretratos que conserva todavía, como huella valiosa del
fin a que estuvo destinado durante siete años justos, una deformación
extraordinaria. Por eso en su interior la minúscula caja tiene, de tanto
tiempo como estuvo con ella, la forma exacta de la bala.
EN EL
MUSEO PERMANENTE DE LA CASA - PRISIÓN
El día
29 de noviembre de 1943 el jefe local de Rojales entregó al jefe
provincial del Movimiento de Alicante y consejero nacional, camarada Luis
González Vicén, esta preciada reliquia falangista que durante tanto tiempo
ha estado en su poder. Con este mismo motivo Felipe Hernández Ros, también
ahora jefe local de Benijófar como antes de la guerra, hizo el regalo de
una dobla de oro con el fin de, que de ella se haga el engaste donde
deberá estar incrustado el proyectil que costó la vida al Fundador ...
Luis González Vicén tiene ya totalmente ultimado el minucioso proyecto que
señala el modo como será conservado ese proyectil para la posteridad. Con
la moneda, de oro que entregó el jefe local de Benijófar serán talladas
cinco flechas y un yugo. En el centro de esta joya magnífica, que tendrá
engastados en sus vértices numerosos brillantes, ha de ir el trozo de
plomo que atravesó el cuerpo de, José Antonio. Y esta pieza, íntegra, va a
ser en lo sucesivo -cuando la Casa-Prisión quede totalmente reorganizada-
una de las más valiosas reliquias que se conserven en la sala de juicios
donde fue condenado el Fundador, convertida en Museo permanente de todos
los pequeños recuerdos que de él han quedado en Alicante.
Así la Falange alicantina, que ha sabido perpetuar la memoria de su
Fundador en la conservación de la pequeña e inapreciable reliquia,
guardará para siempre como un tesoro sagrado este cilindro de metal que
arrancó el secreto de una vida -la mejor vida española de la anteguerra-
prolongada en el misterio ímprescriptible de nuestro apasionado recordar.
|