Sin ataduras
Enrique de Aguinaga
Diario ABC, 20-11-1986
" Hay que conservar el decoro histórico de las fechas" José Antonio, 25 de enero de 1935
Tanto la
izquierda como la derecha han petrificado a José Antonio (24 de abril 1903-20 de
noviembre 1936) a fuerza de tergiversaciones y silencios. Digo izquierda y
derecha más que como algo orgánico, como inmanencias de la pugna del poder.
La izquierda, de una manera mostrenca, ha reducido a José Antonio en la especie
fascista, especificación que ha acabado convirtiéndose en mero insulto a
quienes, por ejemplo, no han leído a Renzo di Felice. Quienes han estudiado algo
saben que, frente a los apremios de su tiempo y, por supuesto, frente a los
rebuscamientos, José Antonio se negó a ser fascista. Hay pruebas abundantes y
esenciales. Ahí está, sobrecogedor, su testamento que los filatélicos de la
historia tapan con sus cromos.
Con el cromo fascista se tapa el José Antonio desconcertante: "En la revolución
rusa ... , van ya, ocultos y hasta ahora negados, los gérmenes de un mundo
futuro y mejor" (17 de noviembre 1935). "No soy antimarxista siquiera, ni
anticomunista, ni... anti nada. Los anti están desterrados de mi léxico como si
fueran tapones para las ideas» (14 de febrero 1936).
La derecha ha utilizado a José Antonio como coartada de modernización y lo ha
identificado con todo un Estado, proscribiendo cualquier dato que perjudicase a
aquella identificación. Con el cromo del orden se tapaban todas las
incomodidades: Se considera imprescindible que el nuevo movimiento insista en
forjarse una personalidad política que no se preste a confusionismos con los
grupos derechistas» (13 de febrero 1934).
Si la propuesta capital de José Antonio fue la síntesis y particularmente la
síntesis de derecha e izquierda, hay que admitir su fracaso; pero en la estela
de ese fracaso estamos viviendo como vivimos de las resultas de tantos fracasos
admirables. Tierno Galván confiaba en el futuro porque "en los campamentos de
juventudes de la Falange medio millón de niños españoles han sido educados en un
culto a la justicia y a la igualdad de las clases" (30 de marzo de 1977). Y hoy
se considera que la izquierda sociológica proviene en buena parte de la utopía
que los cromos no podían tapar.
Primero el perifollo y luego la losa han ocultado al José Antonio de la
desarticulación del capitalismo, de la atribución de la plusvalía la sindicato,
del empalme con la revolución republicana, de la nacionalización de la Banca, de
la reforma agraria, y sobre cualquier accidentalismo, de la concepción de la
persona como unidad fundamental, que esa si que es su gran compostura.
Antes de los cambios, de las modernidades o de las transformaciones del modelo
de sociedad fue la teoría de la revolución pendiente y su ironía sin
conocimiento, sin "confrontar con serenidad las respectivas ideologías para
descubrir las coincidencias", según escribe Indalecio Prieto, conmovido por la
lectura de los documentos que José Antonio deja en la cárcel de Alicante y el
propio Prieto conserva toda su vida. "Ya habrán visto que no nos separan abismos
ideológicos", comenta José Antonio con los periodistas poco antes de que el
Jurado le condene. Pero ya era tarde.
Con tiempo y tiempo, el conocimiento no ha mejorado. "Muchos de nosotros a la
hora de enfrentarnos con el fenómeno de José Antonio nos hemos desahogado con la
oda en vez de aplicarnos a la tesis doctoral". (20 de noviembre 1970). Tiene
razón Campmany y asombra la ignorancia mantenida como asombra que la Universidad
española, que yo sepa, no haya producido una sola tésis, mientras que Payne y
Coartoau leían las suyas en las Universidades de Columbia y Burdeos.
Aún decantada la vena utópica del proyecto revolucionario de José Antonio, nos
queda el mismo como arquetipo de la inteligencia de España, el legado
intelectual y ético, la personalidad que Unamuno califica "tal vez el cerebro
mas prometedor de la Europa contemporánea" (14 agosto 1936) y que, al leer las
"Obras completas" deslumbra a Rosa Chacel: "Es increíble que España y el mundo
hayan logrado ocultarlo tan bien". (28 de diciembre 1956).
Ya es tiempo de liberar a José Antonio de su secuestro. ya es hora de
transferirlo a todos los españoles como patrimonio general, sin manipulaciones,
sin ataduras históricas, para una nueva confrontación en libertad, que nos pueda
dar el valor actual de su pensamiento, la dimensión de su persona. Esta no es
una idea repentina, una ocurrencia conmemorativa sino la aspiración de veteranos
campamentos y arduas travesías.
Patrimonio de todos los españoles tiene que ser la síntesis de José Antonio, su
conciliación esencial que no sólo está dialécticamente en la superación de las
dicotomías familiares, sino que se hace monumento de hombría al borde de la
muerte: "Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vierta en
discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en
buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia".
Esta es, creo urgentemente, la única nostalgia válida , no la nostalgia del
pasado, sino valga el retruécano, la nostalgia de nuestro futuro común.