El testamento de José Antonio
Pilar Primo de Rivera
Diario ABC, 20-11-1986
En el 50 aniversario del
fusilamiento de José Antonio, nada mejor para recordarlo que basarnos en su
testamento, porque ahí, una vez más, da la medida de su categoría humana toda
autenticidad, generosidad sujección a unos principios inmutables que fueron para
el norma de vida y que en esos momentos impresionantes por la proximidad de la
muerte mantiene con absoluta entereza.
José Antonio no fue nunca un oportunista, sus planteamientos se basaban siempre
en la razón, como dice Serrano Suñer, "tenía una cabeza prodigiosa, enormemente
ordenada, en la que toda cosa quedaba convertida o incluida en su sistema". Por
eso, jamás hacía nada por salir del paso y mucho menos por conseguir situaciones
ventajosas.
Sus, planteamientos políticos se apoyaban en dos razones fundamentales e
invariables: la irrevocable unidad histórica de España con proyección universal
y en una absoluta justicia Social.
Al redactar el testamento, lo primero que hace es una afirmación de su fe
religiosa, que siempre mantuvo sin alardes, con verdadera autenticidad ..
Sigue con un reproche a los que juzgan a la Falange sin haber aceptado la más
mínima información sobre ella y aclara unos conceptos erróneos que un periodista
norteamericano le achacaba en una entrevista con respecto al Movimiento
Nacional.
Pero mejor que lo que yo deduzca es que nos vayamos a sus textos:
"Condenado ayer a muerte, pido a Dios que si todavía no me exime de llegar a ese
trance me conserve hasta el fin la decorosa conformidad con lo que preveo y, al
juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis merecimientos, sino la de su
infinita misericordia" ...
"No es menester que repita ahora lo que tantas veces he dicho y escrito acerca
de los que los fundadores de Falange Española intentábamos que fuese. Me asombra
que aún después de tres años, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas
persistan en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a entendemos y hasta sin
haber procurado ni aceptado la más mínima información. Si la Falange se
consolida en cosa duradera, espero que todos perciban el dolor de que se haya
vertido tanta sangre por no habérsenos abierto una brecha de serena atención
entre la saña de un lado y la antipatía del otro."
"Ayer, por última vez, expliqué al Tribunal que me juzgaba lo que es la Falange.
Como en tantas ocasiones, repasé, aduje los viejos textos de nuestra doctrina
familiar; una vez más observé que muchísimas caras, al principio hostiles, se
iluminaban primero con el asombro y luego con la simpatía. En sus rasgos me
parecía leer esta frase: "Si hubiésemos sabido que era esto, no estaríamos aquí:
Y ciertamente no hubiéramos "estado allí, ni yo ante un Tribunal popular ni
otros matándose por los campos de España. No era ya, sin-embargo, la hora de
evitar esto y yo me limité a retribuir la lealtad y la valentía de mis
entrañables camaradas, ganando para ellos la atención respetuosa de sus
enemigos."
" ... hasta que hace cinco o seis días conocí el sumario instruido contra mí, no
he tenido noticias de las declaraciones que se me achacaban, porque ni los
periódicos que las trajeron, ni ningún otro me eran asequibles. Al leerlas ahora
declaró que entre los distintos párrafos que se dan como míos, desigualmente
fieles en la interpretación de mi pensamiento, hay uno que rechazo del todo; el
que afea a mis camaradas de la Falange el cooperar en el movimiento
insubrecional con "mercenarios traídos de fuera". Jamás he dicho nada semejante,
y ayer lo declaré rotundamente ante el Tribunal, aunque el declararlo no me
favoreciese. Yo no puedo injuriar a unas fuerzas militares que han prestado a
España en África heroicos servicios.
Ni puedo desde aquí lanzar reproches a unos camaradas que ignoro si están ahora
sabia o erróneamente dirigidos, pero que a buen seguro tratan de interpretar de
la mejor fe, pese a la incomunicación que nos separa, mis consignas y doctrinas
de siempre. Dios haga que su ardorosa ingenuidad no sea nunca aprovechada en
otro servicio que el de la gran España que sueña la Falange".
"Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias
civiles. Ojalá encontrara ya en paz al pueblo español, tan rico en buenas
cualidades entrañables, la patria, el pan y la justicia ".
Perdono con toda el alma a cuantos me hayan podido dañar u ofender, sin ninguna
excepción y ruego que me perdonen todos aquellos a quienes deba la reparación de
algún agravio grande o chico. Cumplido lo cual paso a ordenar mi última voluntad
en las siguientes cláusulas:
Primera. Deseo ser enterrado conforme al rito de la religión católica,
apostólica, romana que profeso, en tierra bendita y bajo el amparo 1e la Santa
Cruz ...
Tercera.-c). Que repartan también otros objetos personales entre mis mejores
amigos, que ellos conocen bien y muy señaladamente entre aquellos que durante
más tiempo y más de cerca han compartido conmigo las alegrías y adversidades de
nuestra Falange Española. Ellos y los demás camaradas ocupan en estos momentos
en mi corazón un puesto fraternal.
Cuarta. - Nombro albaceas contadores y repartidores de mi herencia
solidariamente a mis entrañables amigos de toda la vida, Raimundo Fernández
Cuesta y Merelo y Ramón Serrano Suñer a quienes ruego especialmente que revisen
mis papeles privados y destruyan los de carácter personalísimo, los que
contengan trabajos meramente literarios y los que sean simples esbozos y
proyectos en periodo atrasados de elaboración, así como cuales. quiera obras
prohibidas por la Iglesia o de perniciosa lectura que pudieran hallarse entre
los míos ... ".
Así, con sus propias palabras, queda reflejada su personalidad, que siempre en
vida, como ya en la certera muerte se ajusta a la verdad y al rigor.