El pensamiento y la crítica
Jesús Fueyo
Diario ABC, 20-11-1986
Los políticos de pensamiento
han corrido el riesgo no ya de quedar petrificados en sus textos, sino, lo que
es más grave, el ser dominados por los hechos e incluso manipulados por la
crítica o por la apología, hasta hacer con sus ideas algo muy distinto e incluso
contrario a la finalidad última de las cosas. Los políticos con ideas profundas,
con un sistema de valores éticos no negociables, son esclavos de esa diosa
pagana y a veces pérfida que es la Historia. La historia de la Historia está
llena de canonizaciones beatas y de sentencias de muerte que también cambian con
el tiempo.
El cuadro de circunstancias, las más de ellas trágicas, en las que José Antonio
Primo de Rivera elabora su pensamiento crítico, componían un proceso histórico
todavía inconcluso; así tenían, casi fatalmente, que sumergirlo en el tremendo
oleaje histórico de un siglo que alguien ha llamado "el siglo de la traición".
José Antonio se quejó muchas veces, e incluso en su última defensa. de la
incomprensión de su mensaje político. Y no ha mejorado con el tiempo; quizá sea
su fatal destino el ser un pensamiento a la deriva: antes, para muchos, parecía
un evangelio; ahora, para la "mayoría absoluta", le parece el más peligroso
profeta de la "extrema derecha". No es nada insólito; ocurre siempre con un
ideario que levanta oleadas de ilusión, pero que saca a flote también rencores
sumergidos por la vida y por los tiempos. Son rencores, a veces, justificados; a
veces. pura y simplemente patológicos y demenciales. Esto lo paga toda la idea
política de alguna trascendencia, a la que antes o después una pequeña política,
poco más que municipal, la estrella contra los acantilados.
Esto se da ahora, pero se dio también antes, con la idea política de José
Antonio. Poco menos que inevitablemente. todo esboza de gran política, incluso
la más grandiosa e ingenua utopía resulta erosionada por la pequeña política
dueña tan sólo de la inteligencia de las circunstancias. Acaso ¿no fue Marx el
que dijo que no era marxista? ¿Una "boutade",? No, en absoluto. Al final de su
vida, Marx se veía incrustado, ajustado casi mecánicamente en un proceso
histórico revolucionario al que había servido de impulso decisivo, pero cuyo
despliegue se le escapaba de las manos y no le gustaba. No dijo, en cambio.
nunca, es verdad, que no fuera comunista.
He escrito más de una vez que el pensamiento de José Antonio estaba sólido. pero
meramente incoado. Ni la brevedad de la vida, ni la explosión de las
circunstancias, ni la "torre. de marfil" que se había prohibido a sí mismo,
sabiendo que era el placentero exilio interior de los intelectuales en las
décadas tormentosas, le permitieron componer un libro sistemático y total, "un
libro formidablemente grueso ..., pero tan grueso como interesante", según decía
de "El Capital", de Marx. Pero en la historia de las ideas políticas se registra
mucho pensamiento incoado, inacabado, que, sin embargo, prueba la riqueza de sus
posibilidades por la potencialidad de la crítica. Y esto creo que vale para el
pensamiento textual de José Antonio, que por otra parte progresa, en cuanto al
desarrollo dialéctico de modo importante, desde el discurso fundacional de la
Falange a sus últimos textos, ya al mismo borde de la tragedia, en los que la
crítica como basamento necesario de una obra de creación, aparece resuelta de un
modo sistemático. La lectura de estos textos, sin ánimo de utilización
instrumental, me parece importante, ahora, medio siglo más tarde y, quizá por el
argumento de ese mismo medio siglo, para medir bienios tiempos del destino de
España.
Alguno de estos textos, una conferencia pronunciada el 9 de abril de 1935, en el
Círculo Mercantil de Madrid, que lleva el título grandioso de "Ante una
encrucijada en la historia política y económica del mundo". quizá no parezca tan
exorbitante cuando se despliega ante el futuro histórico inmediato en estos
términos: "Y entonces mirad qué dos perspectivas para Europa: de una parte, la
vecindad de una guerra posible; Europa, desesperada, desencajada, nerviosa,
acaso se precipite a otra guerra; de otro lado, el atractivo de Rusia, el
atractivo de Asia, porque no se os olvide el ingrediente asiático de esto que se
llama el comunismo ruso ... " Un político, incluso un pensador político, no
tiene la obligación de ser profeta, pero las previsiones de un futuro inmediato
son imprescindibles para una acción que esté guiada por la inteligencia
política. Pero dejando de lado esta magnitud visionaria, en esta conferencia se
encuentra el diseño esencial de la crítica ideológica de José Antonio. El
esquema es sencillo, elemental incluso: el liberalismo político (Rousseau) y el
liberalismo económico (Adam Smith), que cada uno por su lado han tenido su gran
época, entran en una convergencia y en una encrucijada que provocan, por
confrontación dialéctica. la crítica y la explosión revolucionaria de Marx. No
se me ha ocultado nunca que el esquema histórico y la conjunción de realidades y
de estrategias así anunciados quizá fuera insuficiente, excesivamente elemental
y sencillo. Pero la primera exigencia en el léxico de un político es la
claridad, pues su mensaje. si lo es. tiene por destinatario a ese magma
mercurial llamado «opinión pública», y es preciso ante todo que todos lo
entiendan todo.
Aún dejando de lado ese sencillo esquematismo ideológico, la relectura de esta
conferencia, que no quería ser un mitin, pero tampoco una exhibición académica
ante la tragedia a la vista, es aleccionadora. Y de modo muy singular para
aquellos que pintan de un brochazo a Primo de Rivera como el gran profeta de la
extrema derecha. Pues bien, lo que debiera dejar estupefactos a los
neosocialistas que han soltado lastre revolucionario tirando a Marx por la
borda, es que José Antonio acepta, de modo básico en este texto (y en otros), la
crítica de la sociedad capitalista y su devenir llevada a cabo por Marx: «Desde
el punto de vista social -decía José Antonio, en la ocasión- va a resultar que
sin querer voy a estar de acuerdo en más de un punto con la critica que hizo
Carlos Marx .. Este Carlos Marx ya vaticinó el fracaso social del capitalismo
... Vio que iban a pasar por lo menos estas tres cosas: primeramente la
aglomeración de capital... Segundo fenómeno social que sobreviene: la
proletarización ... Pues bien: este fenómeno de proletarización de masas enormes
y de su aglomeración en las urbes alrededor de las fábricas es otro de los
síntoma de quiebra social del capitalismo ... y todavía se produce otro, que es
la desocupación.»
Quiero pensar que a estas alturas no se le ocurrirá a nadie que yo pueda
descubrir alguna contaminación marxista en José Antonio. En esa misma
conferencia, la lógica interna de pensamiento le lleva a una crítica radical de
la dictadura del proletariado. Lo único que pretenden estas líneas. desde la
perspectiva cenital de este siglo atormentado, es borrar para las generaciones
venideras la imagen de un José Antonio Primo de Rivera rabiosamente encerrado en
la caverna. profeta de la reacción y del involucionismo. líder ausente y mártir
de una extrema derecha que está en las antípodas de su concepción de España y
del mundo; la imagen de un hombre que merece un juicio objetivo de la Historia y
de los españoles, aunque sólo sea porque firmó su sentencia de muerte y fue
ejecutado por su vocación de verdad.