LOS VICEIDIOMAS
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José Ataz Hernández (Carta enviada al diario ABC y no publicada)
La noticia negativa se
refiere al anuncio del Sr. Bono, miembro muy destacado del "Partido
Socialista Obrero del Niño Jesús", de que si llega a ser elegido
Presidente de las Cortes, permitirá la utilización de los idiomas
autonómicos en el Parlamento, previos -eso sí- los retoques reglamentarios
que sean precisos. Es decir, que lo que el inolvidable Vizcaíno Casas
describió en "Las Autonosuyas" como una auténtica astracanada: La
presencia de intérpretes en reuniones en las que todos los concurrentes
dominaban un idioma común: el español, para que cuando Don Manuel Fraga
hablara en gallego, el correspondiente intérprete lo tradujera, si es que
lograba hacer el milagro de entenderlo por la velocidad con la que habla,
al ominoso idioma español.
La segunda información que
me ha llenado de alegría, porque llevo pensando lo mismo desde que tengo
uso de razón, es el último párrafo del artículo "PATERNALISMO" idiomático,
escrito por el Profesor Emérito de la Universidad de Barcelona, Don
Joaquín Fernández Fernández, publicado en "Cuadernos de Encuentro" que,
literalmente dice:
"Se presenta con frecuencia
como contrario al bien común el peligro de la desaparición de algunos
idiomas. No censuro a quienes lamentan o temen tal peligro; el idioma nos
acompaña desde la cuna, hemos compartido penas y alegrías con familiares y
amigos y es elogiable el amor que por él se siente. Yo mismo leo
preferentemente en castellano porque así lo hago desde mis primeros
balbuceos, lo cual no me impide leer y escribir en catalán aunque con
menos frecuencia y mucho menos en inglés porque necesito la proximidad del
diccionario. Pero si algún día desapareciera el castellano, como
desapareció el latín como vehículo de comunicación, sería por la libre
aceptación de mis descendientes que no tengo por qué contradecir.
Imposible no lo es: en el mismo número de GU (Se refiere a la revista del
Gremio de Editores de Cataluña) he podido leer el siguiente anuncio:
"Si krs sr 1 d ls nuetrs, ntra aoor n http:jobsite.pwc.es". Por algo
se empieza."
A mí siempre me ha parecido
increíble que el artículo "LA PROMESA DE ESPAÑA" se hubiera escrito hace
más de 75 años porque convertía a Don Miguel, además de uno de los más
grandes pensadores, filósofos, ensayistas, filólogos y escritores, de los
dos últimos siglos españoles, en una especie de oráculo de Delfos,
seguramente por su profundo conocimiento del mundo griego clásico. De
todas formas, como tantas veces ocurre, sus imaginarios temores habían
sido superados por la amarga realidad.
El artículo dice así: LA PROMESA DE ESPAÑA
"Hay otro problema que
acucia y hasta acongoja a mi patria española, y es el de su íntima
constitución nacional, el de la unidad nacional, el de si la República ha
de ser federal o unitaria. Unitaria no quiere decir, es claro,
centralista, y en cuanto a federal, hay que saber que lo que en España se
llama por lo común federalismo tiene muy poco del federalismo de Tite
Fedendist o New Constitution, de Alejandro Hamilton, Jay y Madison.
La República española de
1873 se ahogó en el cantonalismo disociativo. Lo que aquí se llama federar
es desfederar, no unir lo que está separado, sino separar lo que está
unido.
Es de temer que en ciertas
regiones, entre ellas mi nativo País Vasco, una federación desfederativa,
a la antigua española, dividiera a los ciudadanos de ellas, de esas
regiones, en dos clases: los indígenas o nativos y los forasteros o
advenedizos, con distintos derechos políticos y hasta civiles. ¡Cuántas
veces en estas luchas de regionalismos, o, como se les suele llamar, de
nacionalismos, me he acordado del heroico Abraham Lincoln y de la tan
instructiva guerra de secesión norteamericana! En que el problema de la
esclavitud no fue, como es sabido, sino la ocasión para que se planteara
el otro, el gran problema de la constitución nacional y de si una nación
hecha por la Historia es una mera sociedad mercantil que se puede
rescindir a petición de una parte, o es un organismo.
Aquí, en España, este
problema se ha enfocado sentimentalmente y sin gran sentido político, por
el lado de las lenguas regionales no oficiales, como son el catalán, el
valenciano, el mallorquín, el vascuence y el gallego. Por lo que hace a mi
nativo País Vasco, desde hace años vengo sosteniendo que si sería torpeza
insigne y tiránica querer abolir y ahogar el vascuence, ya que agoniza,
sería tan torpe pretender galvanizarlo.
Para nosotros, los vascos,
el español es como un máuser o un arado de vertedera, y no hemos de
servirnos de nuestra vieja y venerable espingarda o del arado romano o
celta, heredado de los abuelos, aunque se los conserve, no para defenderse
con aquélla ni para arar con éste.
La bilingüidad oficial sería
un disparate; un disparate la obligatoriedad de la enseñanza del vascuence
en el país vasco, en el que ya la mayoría habla español. Ni en Irlanda
libre se les ha ocurrido cosa análoga. Y aunque el catalán sea una lengua
de cultura, con una rica literatura y uso cancilleresco hasta el siglo XV,
y que enmudeció en tal respecto en los siglos XVI, XVII Y XVIII, para
renacer, algo artificialmente, en el XIX, sería mantener una especie de
esclavitud mental el mantener al campesino pirenaico catalán en el
desconocimiento del español -lengua internacional-, y sería una pretensión
absurda la de pretender que todo español no catalán que vaya a ejercer
cargo público en Cataluña tuviera que servirse del idioma catalán, mejor o
peor unificado, pues el catalán, como el vascuence, es un conglomerado de
dialectos. La bilingüidad oficial no va a ser posible en una nación como
España, ya federada por siglos de convivencia histórica de sus distintos
pueblos. Y en otros respectos que no los de la lengua, la desasimilación
sería otro desastre.
Eso de que Cataluña,
Vasconia, Galicia, hayan sido oprimidas por el Estado español no es más
que un desatino… Y hay que repetir que unitarismo no es centralismo. Mas
es de esperar que, una vez desaparecida de España la dinastía borbónico-habsburgiana
y, con ella, los procedimientos de centralización burocrática, todos los
españoles, los de todas las regiones, nosotros los vascos, como los demás,
llegaremos a comprender que la llamada personalidad de las regiones -que
es en gran parte, como el de la raza, no más que un mito sentimental- se
cumple y perfecciona mejor en la unidad política de una gran nación, como
la española, dotada de una lengua internacional. Y no más de esto."
La otra antitética versión
es la de que hay que fomentar y extender el viceidioma propio, incluso en
perjuicio del idioma común, en base a un supuesto afán identitario y a
preservar su acervo cultural. Esta tesis, que aquí y ahora es la
políticamente correcta, radicaliza al máximo el criterio de la UNESCO de
mantener, en lo posible, los idiomas que de alguna forma contribuyan a la
cultura universal. Por ejemplo, alguna de las lenguas esquimales tiene
hasta cincuenta palabras para designar el estado de la nieve porque para
ellos es cuestión de vida o muerte. Pero si dicho idioma no se comprende
nada más que por sus hablantes, y no se incorpora racionalmente a otros
idiomas que necesiten conocer esa distinción, de nada sirve a los demás.
Es cierto que en alguna ocasión, un idioma cerrado y oscuro excepto para
sus autóctonos, ha cumplido la importante misión de servir de comunicación
indescifrable para los demás, como sucedió en la segunda guerra mundial,
en la que el ejército de los EEUU se valió de indios navajos que
utilizaron su idioma para los mensajes secretos, con gran desesperación de
los servicios de contraespionaje alemán y japonés que creían era un
lenguaje encriptado que no lograban desentrañar.
Pero fuera de estos
supuestos de laboratorio, considero -en opinión muy personal, desde luego-
que la humanidad ha progresado porque se han ido perdiendo idiomas. Según
la UNESCO se conocen, aproximadamente, unos 6.800 idiomas, de los que se
escriben unos 2.200 y el resto es exclusivamente hablado. De todos ellos,
unos 4.500 son los que cuentan con más de 1.000 hablantes, que dividen en
"Primarios", los que tienen más de un millón de hablantes, en total algo
más de 300 idiomas y "Secundarios", todos los demás, unos 6.500
aproximadamente, de los que cada año desaparecen de 200 a 300. El mismo
organismo internacional encabeza el listado con los que llama los "TOP
20", que de mayor a menor número de hablantes, empieza con el chino
mandarín con 885 millones (el chino cantonés lo computa aparte), seguido
del español con 332 millones y el inglés con 322 millones. En el resto de
los 20 TOP figuran los otros cinco grandes idiomas europeos (Portugués,
170 millones; ruso otros 170 millones; alemán 98 millones; francés 72, e
italiano, el último de los 20, 58 millones). También figuran, pero
desagregados, el bengalí 189 millones y el hindi 182 millones.
Sin embargo, dentro de esta
línea, pienso que no es sólo el número de hablantes el que determina la
importancia mundial de un idioma. Para mí, debería calificarse de lengua
internacional, al modo unamuniano, a la que, además de tener un número muy
importante de hablantes dentro de sus fronteras propias, se utiliza de
forma muy frecuente y generalizada en otros países, por lo que de acuerdo
con estos parámetros, creo que el idioma más importante del mundo en estos
momentos, es el inglés como lengua propia de varias grandes potencias, y
universal como lenguaje técnico, en el comercio, en la navegación aérea y
marítima, etc. Y por supuesto, el español es el segundo idioma mundial,
porque lo hablan veinte naciones distintas como idioma propio y se está
convirtiendo en segunda lengua en otros muchos países.
Lo que no se puede discutir
es que la muerte y desaparición de los idiomas ha venido ocurriendo a lo
largo de miles de años como un fenómeno natural de la sociedad humana,
aunque a un ritmo lento. Pero ahora, por la fuerte presión de los idiomas
preponderantes, inglés, español…se está acelerando la desaparición de los
viceidiomas.
Por eso, resulta de una
estupidez sin paliativos el proyecto de Evo Morales de introducir en el
circuito educativo y en el administrativo, la difusión del quechua, que lo
hablan unos 12 millones de indígenas de Bolivia, Ecuador, Perú, y parte de
Brasil. ¿Qué es lo que quiere? ¿Aislar y segregar más de lo que están a
los individuos de esta etnia?. He conocido tres o cuatro casos de quechuas
que hablaban un español elemental, que habían estudiado en la escuela como
una asignatura secundaria, lo que les ha originado un problema
sobreañadido para integrarse en España. ¿No es de locos o de estúpidos, si
es que no son malvados, cambiar una lengua universal por un viceidioma, el
que sea?
Hace tiempo leí una carta de
una señora catalana al director de un periódico, defendiendo la ley de
"inmersión lingüista" catalana porque -afirmaba- que el idioma que no se
habla, se pierde. Tenía razón esta señora, pero si desaparece un
viceidioma ¿Qué pasa?. Pues que, aparte el respetable sentido emocional de
sus hablantes, la gran nación de la que formen parte, España, Francia,
Italia, etc. se verá engrandecida tanto como los propios afectados,
siempre que el viceidioma se extinga por su propia decadencia y no por
imposiciones fácticas o legales, porque si el pueblo no quiere, ni mueren,
ni renacen, ni, menos todavía nacen.
La Historia nos muestra
abundantes ejemplos de estas consecuencias que no es necesario repasar,
después de las rotundas calificaciones de Don Miguel de Unamuno: La
bilinguïdad oficial sería un disparate; un disparate la obligatoriedad del
vascuence en el país vasco, en el que ya la mayoría habla español (más
disparate todavía es la decretada para Cataluña en la que todo el mundo -
indígenas o nativos y forasteros o charnegos- habla español, pero, en
cambio, no todos ellos hablan y escriben catalán). Mejor dicho, ya en
Cataluña no todo el mundo habla español porque los catalanes de pedigrí,
envían a sus hijos a centros en donde solo les enseñan en catalán que es
el viceidioma que también hablan en casa, lo que da lugar a situaciones
humillantes para los propios catalano-parlantes, como ocurrió la Navidad
pasada cuando una señora desesperada buscaba en los Alpes suizos un
monitor de ski que supiera catalán porque sus dos hijas de 9 y 10 años, no
conocían el español y los monitores que había en aquella estación "solo"
conocían francés, alemán, italiano, inglés, español y hasta japonés. Esta
anécdota demuestra tanta "torpeza insigne y tiránica" en los rectores de
la Generalidad, como sería la de querer abolir el vascuence -u otra lengua
regional cualquiera - o pretender resucitar el latín, haciéndolo renacer
por imperativo testicular.
Pero Don Miguel se equivocó
de lleno, al pronosticar que la bilinguïdad oficial no iba a ser posible
en una nación como España, ya federada por siglos de convivencia histórica
de sus distintos pueblos, y a pesar que la desasimilación sería otro
desastre. Se equivocó no en el "prius", en la premisa, cosa impensable en
un sabio como él, que conocía mejor que nadie nuestra historia y nuestra
lengua -"que llevaba toda la vida queriéndola enseñar a sus alumnos…y no
la sabían"-, sino porque en su insobornable rectitud, en su innegable
sentido común, en su indiscutible racionalidad, no podía imaginarse ni en
sus peores pesadillas, que a los setenta años de escribir su llamada a la
razón, iban surgir unos miserables indigentes mentales que iban a ir
muchísimo más allá de lo que él temía.
Quién le iba a decir que en
el siglo XXI, iban a proliferar las nauseabundas consignas sembradas por
individuos que sólo piensan en su medro personal -quieren ser cabezas de
ratón mejor que colas de león- y no en la conveniencia de sus paisanos
que, poco a poco, sin darse cuenta, están trocando una lengua universal
con mucho futuro, el español, por unos viceidiomas que, en el mejor de los
casos para los "padres del aborto" y a la pura fuerza, solo la entenderán
y hablarán, los que tengan la desgracia, por aquello del primum vivere, de
tener que residir en estas regiones.
Qué apocalípticas y
tronantes frases habría entonado Don Miguel, si hubiera sabido que en
Cataluña se iba a multar por poner rótulos en español; que se iba a
perseguir hasta extremos criminales a los profesores que querían seguir
utilizando el idioma oficial de todos los españoles y no se someten a los
tiránicos, injustos y chatas órdenes de usar exclusivamente el catalán
como vehículo de sus enseñanzas"; que ha habido padres que se han
declarado en huelga de hambre para que escolaricen a sus hijos en
español…Que en Galicia han despedido a los expertos en apagar fuegos,
porque no sabían gallego en el grado suficiente para comunicarse con las
llamas y preguntarles la dirección que iban a seguir o cuáles eran sus
intenciones, y este verano, por falta de personal preparado, se ha quemado
una parte muy importante de Galicia.
Personalmente no tengo nada
en contra de los viceidiomas, y me parece muy bien que quien quiera lo
hable, escriba, piense y sienta, como dijo Don Miguel en su obra "Lengua y
Patria", publicada en 1911, "Por mi parte declaro que siento cada vez más
fanatismo por la lengua en la que hablo, escribo, pienso y siento…".
Obviamente, se refería al español y no al vasco.
Comprendo que los niños,
aspiren a tener su idioma propio para ellos y sus amigos, y sobre todo,
que no lo entienda nadie salvo los iniciados. De mi niñez recuerdo este
gran anhelo, propio, y de todos mis compañeros de la escuela, que siempre
acababa en el español, hablado, escrito y leído, al revés. Por ejemplo,
vaso se decía osav, con lo que al final, el invento no servía para nada.
Reconozco también que el
mito sentimental tiene mucha fuerza atractiva, pero en la historia de las
lenguas, torres mucho más altas cayeron: arameo, griego clásico y nuestra
madre común: el latín, maravilla y modelo de idiomas, por su precisión,
riqueza conceptual y sus frases lapidarias.
No es cuestión de comparar
las supuestas bondades y belleza de cada uno de los idiomas. Para eso ya
está ese Consejero de la Generalidad de Cataluña, de cuyo nombre no me
acuerdo ni quiero acordarme, que hace unos meses dijo, y se publicó en
todos los periódicos españoles, "El castellano es un idioma de horteras y
muertos de hambre". Sólo merece una palabra como contestación: "¡IMBÉCIL!"
Tampoco creo que haga falta
insistir mucho en la conclusión de Don Miguel de Unamuno, de que lo ideal
para el mundo y sus naciones es que cuanto más personas podamos
comunicarnos en un mismo idioma es mucho mejor. Para mí es algo
axiomático, porque lo más llamativo de la Torre de Babel, sea historia de
la cultura judeo-cristiana, o leyenda de otras civilizaciones, no es que
Jehová sancionara la soberbia de los hombres que con su torre querían
llegar al cielo, sino la índole del castigo que, dada la magnificencia
divina, pudo consistir en cualquier cataclismo proporcionado a la
naturaleza de la ofensa dirigida contra el propio Dios. Porque admitiendo
o no admitiendo la veracidad del origen de la maldición bíblica, lo
evidente es que la multiplicación de las lenguas para entenderse los
hombres, fue un escarmiento tan penoso, tan ilimitado en el tiempo y tan
terrible para la vida de todos los pueblos, que no es comprensible que
alguien en su sano juicio, quiera autocastigarse eviternamente
involucionando hacia un pasado en el que los habitantes de un valle no se
entendían con los del vecino, originando una incomunicación que muchas
veces acababa en luchas fraticidas. Por eso, la corriente actual de la
Humanidad, va reduciendo idiomas para que los hombres no tengamos la
enorme dificultad de no poder dialogar y empezar a entendernos.
En conclusión, nada de
dispendiosos gastos para promocionar viceidiomas que van hacia, o están,
en su agonía. El que quiera hacerlo particularmente, es muy libre de tirar
su dinero. Pero el dinero público -que si tiene dueño, el pueblo español-
se debe destinar, en el plano idiomático, a promocionar nuestro idioma
común, como está haciendo con notable éxito el Instituto Cervantes, y a
fomentar el aprendizaje del inglés por todos los españoles. Hoy podrá sonar como quimera más que como utopía, pero el mundo camina inexorablemente hacia la unificación lingüística y, es seguro que dentro de otros 75 años, muchos viceidiomas habrán desparecido, y es posible, muy posible, si los políticos olvidan sus aldeanismos, que dentro de unos años, o siglos, más, en nuestro planeta se utilicen sólo cuatro idiomas: inglés y español para Occidente y chino mandarín y bengalí para Oriente. Y llevando todavía el sueño más adelante, ojalá quedara un solo idioma que, para mí que también soy fanático de España y de lo español, fuese el nuestro. Pero, aunque el que subsistiera fuese otro, los españoles de entonces, nuestros descendientes, que habrían llegado a esa situación de forma paulatina, por el arrinconamiento inevitable de la moneda pobre por la moneda rica, acaso sufrirían en sus sentimientos, pero desde el punto de vista de la Humanidad se habría dado un paso de gigante para la armonía de los hombres y de los pueblos del Mundo, que es lo que realmente importa. ¿O no?.
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