Contra lo que dice acerca de la posibilidad
del fascismo en nuestro país, con la misma fe que me inclino a
creer en la vitalidad racial y en la inmortalidad de España,
creo que no sólo es posible sino necesario, para que pueda
salvarse la patria. España ha realizado obras de disciplina
maravillosa. Lo que pasa es que esta necesidad nos coge después
de un siglo de decadencia; en este momento, nuestras virtudes de
disciplina y organización tal vez estén muy enervadas, pero
nadie nos dice que no vamos a ser capaces de encontrar el medio
de despertarlas. El fascismo es una actitud universal de vuelta
hacia uno mismo. Nos dicen que imitamos a Italia. Sí lo hacemos
en lo de buscar nuestra íntima razón de ser en las entrañas
propias. Pero esa actitud, copiada si se quiere, aunque sea
eterna, da los resultados más auténticos. Italia se ha
encontrado a Italia. Nosotros, volviéndonos hacia nosotros,
encontraremos a España.
En cuanto a la base patriótica o racial de
nuestro fascismo, tengamos en cuenta que la patria es una misión.
Si situamos la idea de patria en una preocupación territorial o
étnica, nos exponemos a sentirnos perdidos en un particularismo
o regionalismo infecundos. La patria tiene que ser una misión.
No hay continentes ya por conquistar, es cierto, y no puede
haber ilusiones de conquista. Pero va caducando ya en lo
internacional la idea democrática que brindó la Sociedad de
Naciones. El mundo tiene otra vez que ser dirigido por tres o
cuatro entidades raciales. España puede ser una de éstas. Está
situada en una clave geográfica importantísima y tiene un
contenido espiritual que le puede hacer aspirar a uno de esos
puestos de mando. Y eso es lo que puede propugnarse. No ser un
país de medianía; porque o se es un país inmenso que cumple
una misión universal, o se es un pueblo degradado y sin
sentido. A España hay que devolverle la ambición de ser un país
director del mundo.
¿Cómo es posible que el ciudadano sencillo
entre al fascismo? Para el que no sea asequible el gran ideal
nacional, queda el motor del ideal social. Indudablemente el
contenido próximo del movimiento está en la justicia social;
es una elevación del tipo de vida. El fascismo aspira a la
grandeza nacional; pero uno de los escalones de esta grandeza es
el mejoramiento material del pueblo. Lo social es una aspiración
interesante aún para mentalidades elementales, pero, además,
lo nacional es asequible a mucha más gente de lo que se cree.
Por citar: Todo socialista español lleva dentro un
nacionalista.
J. A. Primo de Rivera
[En A. Martínez Carrasco, Fascismo en
España, Madrid : Júpiter, 1934, p. 76-77]