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Con motivo de la retirada de
dichas placas, traemos a nuestra portada las palabras pronunciadas por
José Antonio el 16 de marzo de 1931. Setenta y nueve años después, José
Antonio, aunque les pese a muchos, sigue siendo plena
actualidad. |
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... "Ahora es la hora de los enanos. ¡Cómo se vengan del silencio a que los
redujo! ¡Cómo se agitan, cómo babean, cómo se revuelcan impúdicamente en
su venenoso regocijo! ¡Hay que tirarlo todo! Que no quede ni rastro de lo
que él hizo! Y los más ridículos de todos los enanos –los pedantes–
sonríen irónicamente.
El también sonríe. Pero su risa es clara, como su espíritu sencillo y
fuerte. Nosotros padecemos –como él antes– todas las torturas de la
injusticia. Pero el ya goza el premio allá en lo alto, en los ámbitos de
la perpetua serenidad. Nada puede inquietarle, porque desde allí se
disciernen la grandeza y la pequeñez. Pasarán los años, torrente de cuyas
espumas sólo surgen las cumbres cimeras. Toda esta mezquina gentecilla –abogadetes,
politiquillos, escritorzuelos, mequetrefes– se perderá arrastrada por las
aguas. ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que
la figura de él –sencilla y fuerte como su espíritu– se alzará sobre las
centurias, grande, serena, luminosa de gloria y de martirio."
(José Antonio, 16 de
marzo de 1931) |
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Antonio Rivera Ramírez nació en
Riaguas de San Bartolomé (Segovia) el 27 de febrero de 1916. Sus padres,
el doctor José Rivera y Carmen Ramírez, se trasladaron al poco tiempo a
Toledo, llevando consigo a su familia.
A los dieciséis años fue presidente de la Federación de Estudiantes
Católicos, y poco después es nombrado presidente de la Juventud de Acción
Católica de Toledo. En 1933 fue nombrado presidente de la Comisión
organizadora de la IV Asamblea de la Juventud Católica, y asistió a la
peregrinación a Roma con la juventud de Acción Católica de marzo de 1934.
Se manifestaba como líder de los jóvenes por su alegría, afán apostólico y
vida de piedad.
En enero de 1936 terminó sus estudios de la carrera de derecho y el 21 de
julio del mismo año se une voluntariamente a los defensores del Alcázar de
Toledo. Durante esos meses, y por su extremado valor, espíritu de
sacrificio, patriotismo y caridad heroica mereció el apelativo de Ángel
del Alcázar. El 18 de septiembre intentó rescatar una ametralladora y le
volaron el brazo izquierdo que tuvo que serle amputado.
Al liberarse el Alcázar regresó a su casa en estado gravísimo, y falleció
el 20 de noviembre de 1936. A partir de su muerte se repitieron los
reconocimientos y homenajes a Antonio Rivera. La placa en la casa donde
vivió y murió, en la plaza de Santa Isabel, la hizo colocar el 26 de abril
de 1953 la Acción Católica Toledana coincidiendo con la petición por parte
del presidente nacional de la Juventud de Acción Católica de la apertura
del Proceso Diocesano de Beatificación.
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