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Aplica la Ley de la Memoria Histórica
a condecorados antes y durante la guerra. Entre ellos el general Varela
(premiado por Alfonso XIII y el soldado Ponte Anido, combatiente de la División
Azul.
El pasado mes de octubre, el secretario de Estado de Defensa, Constantino
Méndez, aseguraba que antes de que acabara el año no quedarían en los cuarteles
símbolos franquistas sujetos a la Ley de la Memoria Histórica. La muestra más
pública y reciente de esta determinación tuvo lugar esta misma semana, con el
inicio de las obras para ocultar la placa en memoria de Franco que lucía la
parte alta del frontal del Cuartel General del Ejército del Aire.
Pero esa no es la única actuación en esta línea y en estos meses. El Ejército,
siguiendo las instrucciones que al respecto ha dictado Defensa, ordenó el pasado
diciembre el cambio de las denominaciones de algunas calles y plazas de diversos
acuartelamientos al considerar que estaban afectadas por la citada Ley de
Memoria Histórica, así como dictaminaba algunas actuaciones sobre elementos
arquitectónicos y esculturas de otras tantas instalaciones militares.
En la reducida lista de calles a modificar a la que ha tenido acceso La Razón
figuran nueve militares condecorados con la Cruz Laureada de San Fernando, la
más alta distinción castrense que premia «el valor heroico como virtud sublime
que, con relevante esfuerzo de la voluntad, induce a acometer excepcionales
acciones, hechos o servicios militares, individuales o colectivos, con inminente
riesgo de la propia vida y siempre en servicio y beneficio de la Patria o de la
paz y seguridad de la comunidad internacional», según el reglamento.
Los nueve nombres de laureados que la
orden mandaba modificar son los del general Moscardó (laureado individual); el
general Varela (bilaureado por sendas acciones en los años 20 y condecorado por
Alfonso XIII); el capitán Henríquez Botella (laureado en 1944); el capitán
Esteban Ascensión (por su defensa de la posición de Las Minas, en Vizcaya,
durante la Guerra); el teniente Reinoso, el teniente Boza de Blas y el teniente
Ripoll (laureados en 1936); el teniente Alfonso Martínez (laureado en por los
hechos de Cadellada, Oviedo, el 18 de octubre de 1936); y el soldado Ponte
Anido, muerto en la batalla de Krasny Bor, en el frente ruso, en 1943 como
miembro de la División Azul. Todos fueron condecorados no por su ideología sino
por hechos concretos que militarmente merecían el reconocimiento de sus
superiores y compañeros. Pero entre ellos el caso más llamativo es el del
soldado Ponte Anido. Su medalla le fue concedida a título póstumo después de
que, herido, se abrazara a una mina y se lanzara contra un carro de combate ruso
para evitar que éste atacara un hospital de retaguardia en el que se recuperaban
muchos compañeros suyos.
Nombres dudosos
En la lista también aparecen algunos nombres que los propios responsables del
Ejército dudan de si están o no afectados por la Ley, como los del sargento 2º
Martínez y el teniente Guerra, ambos laureados. Ante la duda, éstos los incluyen
en la lista a la espera de confirmar si hay que quitarlos o no. Lo mismo ocurre
con otros siete nombres de los que aseguran no tener datos suficientes.
Entre la lista de suprimibles también figuran varios con la medalla militar
individual y dos denominaciones de calles referidas a cuarteles. Una, la calle
«Alcázar de Toledo» en el acuartelamiento Daoiz y Velarde de Paterna y otra, la
calle «Cuartel de Simancas», presente en la Academia de Infantería de Toledo y
en la Academia General Militar de Zaragoza. El cuartel de Simancas se hizo
famoso durante la guerra porque sus defensores, ante el ataque final de las
milicias republicanas ordenaron a un buque disparar sobre la instalación porque
el enemigo estaba dentro.
Otra de las denominaciones a cambiar,
en este caso en el acuartelamiento «Cabo Noval» de Siero, es el de la plaza
«Castillo de Olite», buque en el que murieron 1.477 soldados del bando nacional
al ser hundido por una batería de artillería republicana cuando intentaba volver
al puerto de Cartagena. En la plaza se conserva el mástil del buque.
Estatuas y escudos
Junto a la lista de calles aparece una referencia de estatuas y escudos,
pendientes de determinar si deben o no modificarse. Algunos de ellos ya aparecen
con la orden de ser cambiados, como once vidrieras de la Academia de Infantería
de Toledo con el águila de San Juan. El coste de su sustitución se tasa en 600
euros. En esa misma academia aparece la gran vidriera del comedor, con el mismo
símbolo, que se mantiene dado que es una pieza única de alto valor artístico.
Eso sí, la orden del Estado Mayor del Ejército especifica que se debe eliminar
la iluminación central de la vidriera y se manda colocar un escudo actual en la
misma. Estas dos actuaciones, según el informe, tienen un coste de 40.000 euros,
eso sí, muy por debajo de los 300.000 euros en los que fue tasada en el año
1992.
Otros muchos elementos referidos en la
lista quedan, según el informe, pendientes de la consulta elevada por la
Dirección General de Relaciones Institucionales a la comisión creada en el
Ministerio de Cultura para determinar qué elementos están afectados por la Ley.
Dos medallas difíciles
Cruz Laureada de San Fernando. Máxima recompensa militar «tiene por
objeto premiar el valor heroico como virtud sublime que, con relevante esfuerzo
de la voluntad, induce a acometer excepcionales acciones, hechos o servicios
militares, individuales o colectivos, con inminente riesgo de la propia vida y
siempre en servicio y beneficio de la Patria o de la paz y seguridad de la
comunidad internacional».
Medalla militar individual. «Premia el valor muy distinguido como la
virtud que, sin llegar a tener la consideración de valor heroico según se define
en el artículo anterior, sobresale muy significativamente del valor exigible a
cualquier militar en el desarrollo de operaciones armadas».
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