18 de noviembre en el Valle de los Caídos y 19 de Noviembre
en la Plaza de Oriente


Ante las lamentables faltas de estilo que vienen repitiéndose en las manifestaciones públicas de varias sedicentes falanges, traemos aquí unas palabras aleccionadoras de Pilar que, ya entonces, en "El Español", echaba de menos el rigor y estilo que nos enseñara José Antonio.
 

En el aniversario de José Antonio

Por Pilar Primo de Rivera

Otros, en este aniversario de José Antonio, nos hablarán de temas políticos y de problemas internacionales. Bien está que eso lo hagan los hombres, porque ellos son los llamados a dirigir el rumbo de las naciones.

Pero hay otras cosas entrañablemente sentidas por José Antonio sobre las que nosotras podemos velar con verdadero esmero, como es el rigor y la precisión en el estilo, que, poco a poco, va desvirtuándose, porque han usado de ellos los que no entienden nuestro idioma.

Porque dentro de la misma Falange hay quien entiende y quien no entiende los conceptos de José Antonio. Porque el ser falangista no consiste en estar afiliado a la Falange y en vestir nuestro uniforme, sino en conseguir un permanente modo de ser ardiente y riguroso, que nos empuja siempre en un determinado sentido.

Y una de las cosas que distingue precisamente a los falangistas es la precisión dialéctica en el uso de nuestras palabras familiares.

Esa elegancia en el decir que nosotros no podemos perder nunca al hablar de la Patria, porque a José Antonio le molestaba extraordinariamente la patriotería zarzuelera y la chabacanería en el idioma. Y esos son, a los que llamaremos entrometidos en nuestra Falange, patrioteros y chabacanos que cogen nuestras mejores palabras, el alma, el amor, las estrellas, el Imperio, Y usan de ellas sin sentido ni fundamento.

Así, en nuestra labor formativa, nos toca a nosotras inculcar en las camaradas este rigor en la expresión, esta pureza en el entendimiento y en la aplicación de nuestro vocabulario falangista.

Las que tengan nuestro modo de ser lo entenderán con sólo dos palabras; las que no lo tengan seguirán hablando el otro idioma, que es tan extraño a nosotros como para la luz las tinieblas.

“El Español” nº 4, pág. 1
21 de noviembre de 1942