28 de octubre de 2007:
Beatificación en Roma de 498 Mártires
del Siglo XX en España

(Hoja informativa de la Hermandad de Ntra. Señora de los Caídos de Paracuellos del Jarama)

Edición especial, Verano 2007

Hace pocos días hemos recibido la mejor noticia que podíamos esperar desde hacía muchos años. Se trata de la próxima beatificación para el mes de octubre en Roma, de 498 mártires de la persecución religiosa en España. En primer lugar, este numeroso grupo se compone de 2 mártires de la persecución religiosa que tuvo lugar en la revolución de octubre de 1934. Otros 489 sufrieron martirio en 1936, de los cuales, 79 lo fueron en la actual Diócesis de Madrid, 5 en la de Gétafe y 83 en la de Alcalá de Henares, es decir, en Paracuellos de Jarama, siendo esta última Diócesis la que tiene el mayor número de mártires de toda España. Por último, a lo largo de 1937 fueron martirizados otros 7.

Como ya estableció Benedicto XVI a comienzos de su pontificado, el Papa se reserva presidir solo las canonizaciones. Por lo tanto, la beatificación de estos mártires la presidirá un delegado suyo, el cardenal D. José Saraiva Martins prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. Según el Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, se espera que el Santo Padre se encuentre con los peregrinos españoles y de otros países que participen en la ceremonia. Todos los fieles están invitados a prepararse para esta fiesta de fe y a participar en ella.

 

Lo importante de esta próxima beatificación, es que todos estos mártires fueron víctimas de una espantosa contienda bélica. Ninguno de ellos estuvo en el frente luchando, ni hicieron guerras ni las fomentaron, y por supuesto nunca entraron en luchas partidistas. Solo fueron portadores de un mensaje eterno de paz y amor, que fueron buscados y perseguidos por ser cristianos, por ser curas, frailes o monjas, o seglares creyentes, por lo que nunca fueron caídos de la guerra civil sino mártires de Cristo. Algunos de ellos eran jovencísimos -pues el que menos tenía 16 años de edad-, o como la mayoría de los estudiantes Agustinos del Monasterio de El Escorial, que fueron sacrificados en nuestro cementerio de Paracuellos de Jarama, aparte de otros 145 futuros beatos, que contaba en el momento del martirio entre 20 y 30 años de edad, incluso los hubo de 78 años. Lo trágico fue que fueron llevados al paredón o ante fosas como las de nuestro cementerio y manteniéndose fieles a su fe murieron perdonando y amando sus verdugos, convirtiéndose en testigos directos de Cristo.

 

Nunca la Iglesia católica ha sido tan perseguida como en el siglo XX, incluso hasta nuestros días. Durante el pasado siglo, no sólo en España, sino en otros muchos lugares del mundo, la Iglesia ha sufrido persecución. Hay que tener en cuenta que tres cuartas partes del total de mártires de toda la historia de la Iglesia pertenecen al pasado siglo XX. La Iglesia, con dos mil años de historia, siempre a reconocido en los mártires a sus mejores hijos. Por eso al final del segundo milenio -decía Juan Pablo II- que la Iglesia ha vuelto a ser Iglesia de mártires. Recordemos que en España al desatarse los odios hacia la religión en aras de una ideología totalitaria de carácter marxista y laicista que pretendía en aquellos años borrar a Dios del ser humano, nuestros mártires respondieron con amor en medio de una destrucción social y moral generada en su entorno. Ellos pusieron en el surco de la historia una semilla de amor sembrando la reconciliación, pues ninguno de los futuros mártires ofendieron a nadie, ni impusieron a nadie sus creencias, sólo quisieron vivir en libertad su religión entregándose con plenitud a los demás. Su trabajo fue hacer el bien, pero el odio contra la religión que pretendía entre otras cosas borrar la fe y toda huella religiosa en España, no los perdonó. De una manera o de otra se les pidió renunciar a su fe, pero manteniéndose firmes en ella y en el Evangelio prevaleció así el amor más grande del ser humano, dar la vida por los demás.

 

En muchas ocasiones los católicos españoles no han sabido comprender y transmitir los auténticos motivos y valores por los que dieron su vida los mártires de la persecución religiosa. En realidad esta actitud viene generada por una falta de interés histórico y un cómodo relativismo espiritual y religioso, que nos impide reflexionar profundamente sobre esa inmensa reserva testimonial de fe viva y de perdón. Leer hoy día la crónica del martirio de cada uno de ellos es impresionante a la vez que conmovedor. Son sus relatos y vivencias los que se convierten en un nuevo estímulo para la renovación de nuestra la vida cristiana. De esta manera todos ellos constituyen el mayor testimonio de fe y de perdón heroico, dando lugar con el tiempo a la fama de martirio. Esta fama que se ha ido transmitiendo de unos a otros hasta recogerse en una abundante y rigurosa documentación, es la que pone ciertamente de manifiesto el temple de estos mártires comprometidos por su amor a Jesucristo, aún a costa de su propia vida.

 

En la actualidad tampoco faltan quienes pretenden desfigurar la grandeza de estos hombres y mujeres de diferentes estratos sociales, o quienes politicen este acontecimiento por intereses de su ideología, o quienes desfiguren la historia contándola a su manera. Incluso al margen del debate "político" que algunos han querido suscitar con los "mártires de la guerra civil", a muchos católicos les molesta la presencia de los mártires de 1936-1939. Por el contrario, también molestan a los vencidos de la guerra, y a sus herederos ideológicos, porque aquellos mártires denuncian en la actualidad la persecución religiosa de aquellos terribles años, obstinándose éstos en no querer reconocer sus responsabilidades históricas.

 

En muchas ocasiones con gran carga ideológica y política se ha acusado a la Iglesia católica de abrir viejas heridas con las beatificaciones o canonizaciones de los mal llamados "mártires de la guerra civil española", lo cual es inexacto cronológica y técnicamente. Así como distintas instituciones civiles y militares recuerdan a sus "caídos de la guerra" y a las "víctimas de la represión política" de uno y otro bando, la Iglesia desde sus orígenes siempre ha honrado a los mártires de la fe, y siempre lo seguirá haciendo. Porque el término mártir -que encierra varias acepciones en el lenguaje corriente-, designa a aquel que sufre o muere por amor a Dios, como testimonio de su fe, perdonando y orando por su verdugo, a imitación de Cristo en la Cruz, siendo la sangre de los mártires la semilla de nuevos cristianos. Sólo las persecuciones religiosas tienen mártires, sean éstos de una ideología o de otra, incluso de distintas confesiones religiosas, y esto no es reabrir viejas heridas. Los demás pueden ser héroes o víctimas de ideales diversos, pero nunca mártires.

 

Demos gracias a Dios por el testimonio de estos mártires y que ellos nos ayuden hoy a vivir nuestra fe en medio de las dificultades que los tiempos actuales nos presentan.