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Al abad mitrado de la comunidad benedictina que habita en el Valle de los Caídos
desde hace 50 años junto a 60.000 muertos de la guerra sólo le mueve la Ley de
Dios. Por eso, en medio de los empellones de la (des)memoria hay fiesta: este
domingo celebra la Exaltación de la Santa Cruz.
-Medio siglo ya desde la fundación de la Basílica del Valle...
Y yo desde
entonces viviendo su historia, la propia de un lugar tan significativo, y la del
cumplimiento de unos fines que no eran sino los de los benedictinos, hombres de
culto, de oración y de trabajo al servicio de la sociedad humana que se sustenta
en los valores fundamentales del humanismo cristiano. Hemos hecho lo que hemos
podido en esta misión, hemos encontrado serias dificultades en ocasiones, pero
eso es parte de los compromisos que aceptamos.
-El 14 celebran la Santa Cruz. ¿Cuál es la suya?
Ninguna distinta a la que tenemos todos los hombres. La Cruz no es símbolo de
una carga insoportable, sino el signo de la salvación. La Cruz sólo pesa cuando
se la rechaza; cuando se la admite es el peso más liviano que existe porque es
el de la salvación.
-Que les ata al Valle?
La confianza de los que nos llamaron para estar aquí y la de la gran mayoría de
quiénes nos han conocido que, amén o no al Valle, admiten que nuestra presencia
es muy significativa para el presente y el futuro de este lugar. Pero sobre
todo, nos ata la hermandad con esa segunda comunidad que habita el Valle, la de los
Caídos. A ellos estamos vinculados, no sólo por un compromiso connacional, sino
por un afecto muy especial a todos y cada uno de ellos, cualquiera que fuera su
lucha en aquella guerra. Buscamos ser con ellos un elemento de reconciliación
para que no vuelva a ocurrir algo así en España.
-25 monjes y 60.000 almas de católicos de uno y otro bando. Son multitud.
-Católicos o no. Porque pese a que en algún momento hubo una dificultad seria
para admitir a los que no lo fueran, lo que tratándose de soldados republicanos
se podía dar con bastante frecuencia, a la hora de la verdad se pasó por encima
de eso y sólo se tuvo en cuenta el interés de las familias.
-La Historia se desintegra en las historias de cada uno ¿Y la verdad?
-Es la que salva a la Historia y la que salva al hombre. Afortunadamente, existe
y es la que va a decir la última palabra sobre cada una de nuestras verdades
personales. Acabaremos delante de ella.
-¿Y cuál es la suya con un padre fusilado, una hermana muerta por los nacionales
y un tío republicano, los tres enterrados en el vientre del Valle?
Mi verdad es reconocer que en aquella circunstancia tan tremenda cada uno tuvo
sus razones y cada uno luchó por lo que creyó mejor para el bien de España. Mi
verdad es pretender por encima de todo que esas personas unidas en la Basílica
por un abrazo común, una oración común y la celebración diaria de un sacrificio
eucarístico común nos ayuden a recuperar nuestra verdad y a descubrir cual es el
camino que debe seguir España.
-Los registros que guardan de los muertos, más de 33.700 nombres con fichas de
donde cayeron, son memoria viva.
-Desde luego. Es muy difícil acercarse a esos registros sin emocionarse
profundamente. Ésas páginas de nuestra historia son de una fuerza tremenda que
para todos los españoles deberían ser una lección. Ni más ni menos que la de
hombres, identificados en ocasiones, en otras desconocidos, que dejaron el
testimonio de su vida y de su sangre por una causa. Quisiéramos que eso sirviera
para disipar de una vez por todas cualquier intento de reavivar nuevos
resentimientos y enfrentamientos.
-Tal y como está el patio, festividad y aniversario lo rememorarán como aquellos
antiguos cristianos en las catacumbas.
-La Basílica es en parte una catacumba por su propia construcción y por el hecho
de ser un cementerio donde han sido recogidos sacrificados de uno y de otro
lado. Pero por encima de todo tiene para nosotros, y queremos que para todo el
mundo, un sentido de reconciliación y de gloria. Todos los días cantamos himnos
por los muertos que en la Iglesia tienen siempre un acento de triunfo, de
esperanza, de renacimiento. Por eso, más que fúnebre y tenebrosa, queremos que
la Basílica tenga la imagen de una gran resurrección, su significado más hondo y
más auténtico, el que ha estado siempre mas presente en quienes la vivimos día a
día.
-La fiesta es el domingo: a las seis y media, misa.
-Sí, porque la mejor forma de celebrar estos 50 años es una nueva Eucaristía que
encierra todas las palabras posibles del orden divino y humano. La Eucaristía es
el corazón de la humanidad, el corazón de Dios y es ahí donde queremos estar: Y
hacerlo de la manera más discreta, modesta y espiritual posible, sin repercusión
social. Con la Eucaristía está dicho y sobre todo está hecho todo.
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