BOMBARDEO DE FLORES SOBRE LA CÁRCEL Y CEMENTERIO DE ALICANTE

 

" A LOS PUEBLOS LES MUEVEN LOS POETAS "

  

El domingo, a las doce del mediodía, los aviones nacionales arrojaron flores sobre el Cementerio y sobre la Cárcel de Alicante, en cumplimiento de órdenes especiales del Generalísimo. Los ramos iban envueltos en periódicos del día.

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En la historia de los conflictos humanos, esta exquisita delicadeza del Caudillo de España no tiene precedentes. En el mes de septiembre de 1917, cuando los aviadores alemanes derribaron el "Spad" pilotado por Jorge Guynemer, romántico, "as" de Francia, volaron los victoriosos sobre la tierra en que había caído muerto el pálido combatiente francés y lanzaron flores silvestres encima de los carbonizados restos del aparato enemigo. Más tarde, cuando el capitán Fonck, francés, dijo que salía a cazar a los vencedores de Guynemer y alcanzó su finalidad militar, dejó caer también, junto a los cadáveres de los pilotos alemanes, unos ramos de margaritas. Pero aquello no era sino un gesto de caballerosidad de unos guerreros. Existían, en la tradición militar, tradiciones muy bellas de homenaje a los enemigos.

Meses después, D'Annunzio el poeta, D'Annunzio el profeta, el Guerrero romano, voló, en su escuadrilla de bombardeo, sobre Viena. Y en vez de bombas dejó caer unas hojas de papel que contenían unas palabras suyas, iluminadas y radiantes como las páginas del Fuoco o de  La Nave. También para el gesto de D'Annunzio encontraríamos maravillosos antecedentes clásicos.

Pero estas flores que el domingo cruzaban el cielo de Alicante y fueron a posarse en el cementerio donde reposa, fulgurante de gloria, el cuerpo de José Antonio, o en el patio de la cárcel donde corrió su sangre por España, tienen la belleza de lo inédito, de lo inefable. En medio de sus meditaciones castrenses, de sus despachos administrativos y de sus reflexiones políticas, el Generalísimo Franco ha confirmado aquellas palabras resplandecientes de José Antonio: "A los pueblos les han movido siempre los poetas." Y aquí el sentido de las flores de Alicante: poesía. Poesía que deja transido de ternura, de generosidad, de belleza y elegancia moral, todo el sentido trascendente de la Nueva España. Poesía que enlaza a nuestros guerreros y a nuestros capitanes de hoy con las espadas y los arcabuces de las campañas clásicas, en que el arma victoriosa era compañera de la pluma y el espíritu prevalecía por igual sobre los emblemas de los campamentos, y sobre los versos de los poetas o las erudiciones de los historiadores. Así verá el mundo -si quiere verlo- cuán profundos y hermosos son los designios de la guerra de liberación de España. Y sabrá apreciar las diferencias existentes "entre la poesía que mata y la poesía que construye". El Generalísimo ha interpretado una vez más, con acierto indiscutible, las reacciones del pueblo español, y concretamente, de la juventud de España. En las frases vertidas sobre Alicante, como delicadísimo homenaje a José Antonio, iba el símbolo de lo español; la gracia poética, de la mano de la fuerza justa y triunfal.

(Diario Vasco, 20 de noviembre de 1938.)