LA ESPAÑA DE FRANCO RINDE HOMENAJE A LA MEMORIA DE JOSÉ ANTONIO

 

 

por Carlos José López

 

Raimundo, el protonotario de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., en funciones de su cargo, dio estado oficial a la muerte de José Antonio, y abrió el testamento en el cual se le nombraba albacea en unión del camarada Ramón Serrano Suñer, actual ministro del Interior.

Desde ese momento, un anhelo común tenían todos los pueblos liberados: exteriorizar el hondo afecto al Fundador de la Falange Española y celebrar honras fúnebres en su memoria y por su eterno descanso; pero, atentos a la disciplina del partido, han esperado a la fecha del segundo aniversario del asesinato de José Antonio, fijada por el Caudillo.

HONRAS FÚNEBRES

Los días 20 y 21, con arreglo a las instrucciones cursadas, se verificaron en toda la España Nacionalsindicalista solemnes funerales por nuestro José Antonio, asistiendo todo el pueblo español en masa.

La víspera, atardecido, en todas las instituciones de la Sección Femenina de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. se rezó el Santo Rosario, asistiendo las camaradas vestidas de riguroso luto, cerrando los locales ante el número enorme de asistentes.

LUTO NACIONAL

El día 20 amaneció con señales de luto nacional en todos los edificios oficiales y particulares; colgaduras con crespones, banderas a media asta, semblantes tristes, lugares de regocijo y entretenimiento completa y voluntariamente desiertos... España lloró de veras, lágrimas ardientes; pechos anhelantes que elevan plegarias... España mostró su alma, generosa e hidalga, digna y dolorida, pronta para el perdón, pero cauta para defender el tesoro cuyo núcleo motriz fundó José Antonio.

EN BURGOS

En la Santa Iglesia Catedral metropolitana de Burgos tuvo lugar la celebración de las honras fúnebres que presidió el Caudillo, Generalísimo Franco, quien llegó a la Catedral acompañado del camarada Raimundo, Secretario General de Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S., dando escolta la Guardia Jalifiana, recibiendo en el camino evidentísimas pruebas de adhesión del pueblo español hacia quien como Franco es el custodio de la voluntad del Caído y artífice de la victoria que ansiara nuestro hermano José Antonio.

Esperaban al Caudillo el Gobierno, el Consejo Nacional, la Junta Política y las Autoridades y Jerarquías del Movimiento, organizándose la comitiva y entró bajo palio en la Basílica Metropolitana, donde esperaba el Arzobispo de Burgos -acompañado de varios prelados- para ofrecerle el agua bendita, que recibió el Caudillo luego de besar el anillo pastoral del Prelado.

REUNIÓN DEL CONSEJO

Se celebró una breve reunión del Consejo Nacional en la Sala Capitular, y acto seguido se trasladó al Caudillo a la nave central de la Iglesia, donde ya esperaban las dignidades de España y la familia de José Antonio, dando comienzo al funeral, en el que la oración fúnebre corrió a cargo del Arzobispo de Valladolid, rezando los responsos el Arzobispo de Burgos.

JOSÉ ANTONIO ¡PRESENTE!

El Caudillo -a los acordes de la Marcha Nacional y en presencia de las hermanas y demás familiares de José Antonio- procedió a descubrir el nombre de José Antonio, que en caracteres romanos se ha grabado en la parte exterior de los muros de la Catedral, y brazo en alto, dio el grito:

"¡Perenne presencia de José Antonio!"

Y el pueblo contestó a voz unánime: "¡Presente! ¡Arriba España! ¡Viva el Caudillo!"

La emoción de todos los momentos fue inenarrable; no hemos presenciado acto más emotivo, más lleno de dolor y de resignación cristiana con fe en los destinos de nuestra Madre Patria.

Seguidamente el Generalísimo hizo la ofrenda de la corona de laurel, y las restantes personalidades ofrendaron otras coronas y flores.

EL DISCURSO DEL CAUDILLO

Por la tarde, a las ocho, tuvo lugar la emisión especial de Radio Nacional, en la que pronunciaron palabras sobrias, llenas de íntimo abatimiento, los albaceas de José Antonio, camaradas Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior, Prensa y Propaganda, y Raimundo Fernández-Cuesta, Secretario General del partido, y, como broche, la apreciada gema que oímos de los labios del Caudillo, mística plegaria y, clarín que enardeció las conciencias de los españoles al servicio de la voluntad del ya perpetuamente Ausente.

Con su broncínea voz, con diamantinos armónicos, dulce y viril la palabra, el Caudillo dijo: "¡¡Españoles!!

" Murió José Antonio, dicen los pregones.

"¡Vive José Antonio!, afirma la Falange.

"¿Qué es la muerte y qué es la vida... ?

" Vida es la inmortalidad... la semilla que no se pierde, que un día tras otro se renueva con nuevo rigor y lozanía... Esta es la vida, hoy, de José Antonio.

" No murió el día que el plomo enemigo segó, en el patio de la cárcel, su juventud prometedora.

" Se desplomó la materia, pero vivó el espíritu, marchó su doctrina, con su inspirada canción, de boca en boca, y en los campos y en las ciudades, en los frentes como en la retaguardia, en los rincones de las celdas de las cárceles sombrías como los tenebrosos calabozos de las checas rojas, suena, como un susurro, la canción de la Falange.

 "Se hace popular el Himno de la camisa recién bordada, y es familiar la guardia perenne de los Caídos, sobre los luceros; y el yugo y las flechas, ennoblecidas por la sangre derramada, se convierte en emblema de los nuevos cruzados.

"Es el grito de los conjurados de ayer, el lema de la Nueva España. Resuena como impuso guerrero o como afirmación de Fe, rememora en la paz de los claustros la catolicidad de las Viejas Cruzadas, invade los talleres con sanas alegrías, recorre las ciudades y se alberga en los campos, salva a los montes y discurre en los valles, cruza fronteras y atraviesa los mares.

" El ¡Arriba España! alcanza los honores de la universalidad. Esta es la nueva vida del Mártir... fruto de aquella otra, ejemplar modelo constante para nuestras juventudes.

"Educado en la severa disciplina del hogar castrense, templó su carácter en el culto de la Patria, alcanzando la serenidad y fortaleza del soldado. Su fuerte inteligencia y su sólida cultura dieron a su inspiración dimensión insospechada. Su fe religiosa y su hondo espíritu cristiano le abrieron los secretos de nuestra Historia, descubriéndole su verdadera magnitud. Soldado y poeta, sintió los nobles afanes de nuestra juventud, las santas inquietudes de la grandeza patria. Esta bendita impaciencia española de los siglos dorados de los que José Antonio es espejo. Por ello vive entre nosotros, y nuestra juventud le reconoce como símbolo de las inquietudes y precursor de nuestro Movimiento.

"Mas si la dimensión grandiosa de su pensamiento de unidad y de universalidad se perdiese en el egoísmo aldeano ilimitado de un grupo o de partido... ; si el espíritu monástico y castrense que siempre predicó se cambiase en torpes egoísmos o en concupiscencias ambiciosas; si la idea de servicios se trocase por la ventaja; si la de disciplina y jerarquía se bastardease con reservas o con deslealtad; y si a su estilo de lenguaje -claro, justo y clásico- sucediese el pedante, gárrulo, tan opuesto a aquél, entonces habría muerto José Antonio, y con él enteraríamos el sano espíritu de nuestro Movimiento.

"Al rendir, hoy, homenaje en este aniversario a nuestro Caído, lo rendimos en él a todos héroes y los mártires de nuestra Causa, de los que José Antonio quiso ser y fue su Adelantado.

"¡Dichosos los que, muriendo como él, viven para la Patria!

"Con su sangre gloriosa se han escrito los destinos de la Nueva España, que nada ni nadie logrará torcer.

"Así lo quieren los que por España mueren, y así lo sintió el Mártir que hoy honramos.

"José Antonio Primo de Rivera:

"¡Presente!

"¡Arriba España!

"¡Viva España "

Las bandas de música de toda España liberada interpretaron la Marcha Nacional y los Himnos, mientras todos españoles que se hallaban en esta zona saludaban brazo en alto y cantaban el "Cara al Sol ", terminando el acto con los vítores acostumbrados.

LA ORACIÓN DE RAIMUNDO

Anteriormente habló el camarada Raimundo Fernández-Cuesta, que elevó sentidísima oración, la más magistral y falangista de todas sus oraciones, describiendo la ingente figura de José Antonio, con vigoroso trazo y honda pasión; habló para amigos y para enemigos, recordando que José Antonio jamás alabó las pasiones de la masa, porque amó al pueblo, pero no a la plebe; recordó que José Antonio no quería que el pueblo fuese mero espectador de los acontecimientos de la Historia, sino sujeto de los mismos, lo que es muy distinto de la democracia, ya que nosotros estimamos la fuerza cósmica del pueblo, pero bajo la dirección del hombre señalado por el dedo de la Providencia.

Evoca la modestia y el valor de José Antonio, el tono popular de sus palabras y cómo la Falange es escuela de educación humana y política, siendo la vida de José Antonio maravillosa armonía "de la batería y del espíritu, de lo individual con lo colectivo, de la lógica con la fantasía, de la precisión en el concepto con la lírica en la extensión, del refinamiento con la sobriedad y, del afán de vivir con la resignación ante la muerte, ya que después de esto sigue siendo armonía entre la eterna ausencia de su cuerpo reseco y la constante presencia de su recuerdo y de su doctrina".

Se dirige a José Antonio afirmando que la armonía y la unidad de España "la está haciendo -con el estilo militar que tú querías- la espada de un Caudillo, que no dudo de ti, que creyó en tu razón y -como tú- ama a España" y con él todos los buenos españoles.

Termina Raimundo con las palabras de José Antonio: "Hermano y camarada. Gracias por tu ejemplo. Que Dios te dé su eterno descanso, y a nosotros nos lo niegue hasta que ganemos para España la cosecha que siembra tu muerte.

PLEGARIA DE SERRANO SUÑER

Comenzó esta solemne sesión con la plegaria del camarada Ramón Serrano Suñer, ministro del Interior, Prensa y Propaganda y albacea testamentario de José Antonio, al que le unía la más fraternal amistad.

El discurso de Serrano Suñer, con sobriedad falangista, mostró cómo sabe apreciar nuestro ministro del Interior las veleidades de España, a la que con tanta la lealtad y acierto sirve, bajo los auspicios del eternamente Ausente, doliéndole que por falta de tiempo no pudiera España entera saturarse de su pensamiento, antes del 18 de julio, lo que hubiera evitado esta guerra, pidiendo que "conservemos en sus dimensiones precisas el vínculo de hermandad que nos uniera a José Antonio".

(Fotos, 3 diciembre 1938.)

De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 77 a 81