LA SEMANA DE JOSÉ ANTONIO EN LA RADIO NACIONAL

  CONFERENCIA DE EUGENIO MONTES

 (11 de noviembre de 1938. III Año Triunfal)

 

 

 

El próximo domingo inicia la Radio Nacional la Semana conmemorativa de José Antonio Primo de Rivera, por cumplirse en la madrugada del día 20 el segundo aniversario de su asesinato a en la cárcel de Alicante.

Sonará la "radio", con crespones de luto y todas las voces tendrán el mismo eco en esta semana de duelo nacional.

Fue José Antonio Primo de Rivera el índice que puso en marcha la rueda de la nueva Historia de España.

Político: la palabra designa una de sus actitudes, pero no resume toda su abarcadora alma española. La política era para él un modo de realización del espíritu y un cauce por donde podía ir el río de España, no la muerte, sino la vida, pero actitud que él tomó forzado por las circunstancias y obligado por toda la pesadumbre de una decadencia española que llevaba tres siglos echando arena sobre nuestros ojos y echando desiertos sobre nuestro prodigio, en donde su palabra mágica había de hacer alumbrar el agua saturada de alegría de España. " A la alegría por el dolor ", dice el tema de las sinfonías de Beethoven. En esta gran sinfonía que tiene como preludio el himno magistral de la Falange, fue la voz de José Antonio aquella que hizo adentrar más el alma delicada española en el fondo de nuestra congoja, en lo hondo de nuestra tragedia, para que, empapándonos de pena, pudiéramos llegar todos a la claridad de una alegría colectiva que ahora vamos conquistando a punta de lanza.

Creador del movimiento histórico, lo que es más que uno político, porque la política acaba. Creador de un movimiento histórico, es decir, de un nuevo ser español, y tal vez creador de una nueva época histórica. Apoyado en la necesidad y fatalidad de la política contemporánea, manejando la técnica del Estado en nuestro tiempo, el utilizaba como instrumento aquellas realidades, pero no se dejaba dominar y abarcar por ellas.

Creador de un movimiento histórico, es decir, de una nueva poesía, de un nuevo arte, de un nuevo estilo, en fin, de una nueva manera de ser.

Realmente seremos dignos de él conmemorando su muerte por un modo de aproximación a la ejemplaridad de su vida. Ejemplaridad de una vida sin un momento de desmayo, sin un minuto de duda, que termina en el testamento redactado en esa noche triste para España, menos triste para él porque la hora de la muerte es la hora de la verdad, y él ya la estaba dando plenamente en este testamento, escrito sin solemnidad religiosa y donde una vida joven se despidió de la vieja vida española, sabiendo que al caer sobre la tierra había de hacer florecer con eso, con su sangre de martirio, una nueva España.

¡Cárcel de Alicante! El triste destino de toda la grandeza española encuentra allí su epílogo, pues todo lo grande de España, durante nuestros siglos tristes, ha tenido que salir de la cárcel. El Quijote José Antonio, metido también como un Quijote a novelas de caballerías, a novelas que ahora son carne viva, realidad de historia. Yo le comparé una vez a Amadís de Gaula, porque en él reaparecían innúmeras percepciones y a la apostura juvenil de su temple correspondía la apostura esplendorosa del alma y la inteligencia cabal, y la sensibilidad piadosa y la emoción que tan intensa se ocultaba él mismo a veces, a sí propio. Y este Amadís de Gaula con una Oriana sin par, que estaba cautiva como estaba España en la cueva del Frente Popular, significa, con su lanza ideal, el expolique para que nosotros continuemos su labor, y el acicate para que el nuevo Estado sea también una historia de caballería, sea un Estado caballeresco que socorra al indigente, que sea amparo para el humilde, escudo para el necesitado y valiente, decidido y fiero contra la injusticia.

Él glosó más de una vez unas palabras que yo le dije al recordar una expresión de Niezsche sobre España. Recordaba el pensador alemán aquella escena en que Don Quijote entró en el castillo de los Duques y parecían confederarse todas las envidias, todos los resentimientos, para mantearle. Manteado el también en la vida española por la furia de las izquierdas y la sonrisa lejana de algunas derechas, ascendía, como don Quijote en el castillo de los Duques, hasta esa estrella lejana que le estaba predestinada. Supo de molinos de viento, supo de bacías de barbero, pero supo poner como el caballero andante, en todo, un ideal. Y ese ideal mueve hoy con un viento de victoria las aspas de este molino que es España, bien clavado en nuestra tierra y bien aireado por todos los nuevos ideales.

  

De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA”  Ediciones Jerarquía, 1.939. Págs. 33 y 34.