CUANDO JOSÉ ANTONIO ESTUVO EN BILBAO

 SU PRIMER DISCURSO POLÍTICO LO PRONUNCIÓ EN EL FRONTÓN EUSKALDUNA EL 6 DE OCTUBRE DE 1930

  EN ENERO DE 1936, MESES ANTES DE INICIARSE EL MOVIMIENTO NACIONAL, ESTUVO AQUÍ POR ÚLTIMA VEZ

 

Wenceslao Piqueras

 

Ahora que la certeza de su muerte ha sido confirmada por el mismo Caudillo, ahora que el nombre de José Antonio está en todos los labios y su recuerdo verificado por las conciencias de todos los españoles, vamos a recordar, así sea sumariamente, los pasos del Fundador de la Falange por Bilbao, aportando de paso algunos datos más para la biografía del héroe nacional.

EL HIJO DEL GRAN PATRIOTA

La primera vez que José Antonio Primo de Rivera estuvo en Bilbao fue el 6 de octubre de 1930, para tomar parte como orador en el mitin del Euskalduna, organizado por la Unión Monárquica Nacional.

En aquella ocasión hablaron también Ramiro de Maeztu, Esteban Bilbao y el Conde de Guadalhorce.

José Antonio se presentaba en público como orador político, acaso por primera vez. Entonces nada más que un joven abogado que ostentaba un apellido ilustre y que daba muestras de un talento poco común.

El discurso que pronunció causó verdadera sorpresa, pues aun cuando se hallaba en plena formación la recia personalidad que demostró plenamente en el teatro de la Comedia, de Madrid, en aquella mañana memorable que marca una fecha en la Historia, ya se dibujaban algunos contornos, que más tarde habían de adquirir recio perfil que le colocan en el primer plano de los pensadores políticos españoles y que le llevaron ante el pelotón de insensatos ejecutores de la infame sentencia de Alicante.

Desgraciadamente (que nosotros sepamos), no se conserva el texto taquigráfico de su discurso, pero por la información que tenemos a la vista, no obstante no conservar ningún párrafo tal como salió de su boca, podemos recoger expresiones y giros característicamente suyos.

"España -decía entonces- tiene bien marcado el camino a seguir: o con los revolucionarios o contra ellos, pero bien entendido que una revolución ahora no se limitará a derribar la Monarquía, sino que arrancará de raíz los fundamentos de la sociedad. Será una revolución al estilo de Moscú, que suprimirá la familia, la religión, el partidismo y sumirá a los hombres en la abyección materialista, al mismo tiempo que empobrecería a todos y les privaría de todos los derechos."

Como puede apreciarse, éste no es su estilo oratorio, pero el pensamiento y la visión profética de José Antonio se muestran inconfundiblemente.

Más adelante señaló: "La Tercera Internacional ha gastado en los últimos meses treinta y seis millones de dólares en propaganda en Europa y sostiene en España tres periódicos y 200 propagandistas.

"Los republicanos románticos sueñan y piensan en una revolución burguesa al estilo de las del siglo pasado. No tienen masas. Las masas las tendrían que proporcionar las organizaciones obreras, y hay que suponer que estas no se conformarían con sustituir a Berenguer por Alcalá Zamora, sino que querrían hacer de España otra Rusia, dividiéndola en pedazos y arrancando de su base las instituciones fundamentales.

"Hay que tener valor para sostener las conviciones y mantener enérgicamente los principios sin claudicar, pues cualquier claudicación sería abrir un portillo a los manejos revolucionarios.

"El dilema es: o con la revolución social o frente a ella."

Terminó su discurso diciendo que habían acudido al cumplimiento del deber sin dejarse atemorizar por amenazas. "Estamos y seguiremos en nuestros puestos, y si la ola de la revolución gana terreno y vence, caeremos dando la cara como los valientes. Pero los que egoístamente rehuyan el puesto que les corresponde en la lucha, no lograrán salvarse, sino que caerán heridos por la espalda, con el estigma de los cobardes."

Desde aquel momento, el que más tarde había de ser el fundador de la Falange, dejaba de ser el hijo del Dictador, de aquel gran patriota que no pudo acabar la obra de renovación iniciada, para convertirse en José Antonio.

Y esta maravillosa revelación tuvo por teatro Bilbao.

JOSÉ ANTONIO, EN BILBAO

No insistiremos en describir aquel su primer viaje a Bilbao, porque se encuentra con abundantes detalles en las colecciones de periódicos de la época.

Así pues, pasaremos a recordar los siguientes:

Aunque hemos hablado con camaradas que le acompañaron, no hemos podido precisar las fechas, pero éste es un detalle de muy relativa importancia para nuestro propósito.

Cuantos datos vamos a consignar se los debemos al primer subjefe provincial de Falange Española de las J.O.N.S., camarada Milicua.

José Antonio vino a Bilbao por segunda vez en la primavera de 1934. Entonces era Jefe Nacional de la Falange Española de las J.O.N.S.  Le acompañaban dos hombres de su confianza, Chichi Illera (que ha muerto de oficial de Regulares) y otro camarada de Santander.

 Estuvo en las oficinas de Falange Española de las J.O.N.S., instaladas en el edificio del Hotel Carlton.

Noventa camaradas, en correcta formación, le rindieron honores, y a ruego de Florencio Milicua les habló; los habló precisamente de la compenetración que debía existir entre las escuadras.

"Los camaradas -dijo- deben ser como hermanos; deben saber, no sólo donde viven, sino (esta es ya una muestra auténtica de su inspiración poética) que deben conocer hasta el color del pelo de sus novias."

Entre las personas que estuvieron a visitarlo, figuraba una distinguida dama que le dijo:

-Es una lástima que ustedes no se declaren monárquicos, pues me gusta el espíritu de la Falange. Si lo hicieran me inscribiría en ella.

A lo que contestó José Antonio:

-Si volvieran Fernando e Isabel, en este mismo momento me declaraba monárquico.

Después de aquella reunión –dice Milicua- le llevamos a conocer los rincones típicos de Bilbao, pues ya sabes sus aficiones hacia todo lo típico y castizo, a lo que representa la entraña de España, como él decía, y luego le invitamos a comer al antiguo restaurant "Goti", que existía en la calle Buenos Aires.

Asistimos a la comida el jefe provincial Felipe Sanz, el difunto Antonio Ybarra, Álvaro Cunat, marqués de Feria, Chichi Illera, cuatro camaradas sin trabajo que el mismo José Antonio invitó y yo.

Después de comer le llevamos a tomar café al Adrada, y luego le acompañamos en coche hasta cerca de Laredo, pues se dirigía a Santander.

Por cierto que en el camino tropezamos con un entierro, y como Felipe Sanz estaba herido de un balazo en una rodilla y la conversación girase en torno al incidente, pues le habían alcanzado los marxistas cuando colocaba unos pasquines en la Gran Vía, José Antonio aprovechó la ocasión para relatarnos con aquel peculiar gracejo andaluz el cuento de la viuda a la que van a consolar unos amigos, a la que tan bien consuelan que todos salen bailando.

" Os he contado ese cuento -decía el jefe- para señalaros el poco miedo a la muerte que ha de tenerse en la Falange, pues morir por ella y por España es tal honor que más es para bailar que para llorar."

OTRAS DOS VECES ESTUVO EN BILBAO

La tercera vez que vino a Bilbao, de incógnito y por unas horas, se alojó en casa del camarada Manolo Valdés, entonces Jefe de Educación Nacional y actualmente preso en Madrid.

En este viaje relámpago apenas tuvimos ocasión de tratar de otra cosa que del "estilo de la Falange", su constante preocupación.

"El estilo de la Falange -no se cansaba de repetir- es algo tan sustancial que si se perdiese, nuestro Movimiento habría perdido su raíz."

***

La última vez que estuvo en Bilbao fue en el período electoral del 36. Venía de hablar de Zaragoza y se dirigía a Santander, pero de paso quiso darnos instrucciones personalmente. Por cierto que venía afónico.

En la capital montañesa le presenté al nuevo camarada Florentino Martínez Mata, hoy jefe provincial de Burgos.

También aquella vez se alojó en casa de Valdés, donde comió.

Esta ha sido -subraya con un marcado deje de amargura nuestro interlocutor- la última vez que estuvo en Bilbao.

LA HUELGA REVOLUCIONARIA DE OCTUBRE Y LAS CONSIGNAS DE JOSÉ ANTONIO

Solía reunir las consignas desde la Cárcel Modelo por mediación del que fue segundo jefe nacional de la F.E. de las J.O.N.S. y de Panizo. Cuando nuestros locales ofrecían pocas garantías o estaban clausuradas, esta habitación en que hablamos solía ser el centro de enlace con el cuartucho del Club Alemán, que el conserje, Valentín, camarada de la primera hora, nos facilitaba.

Voy a recordarte la consigna transmitida cuando la huelga revolucionaria de octubre:

"Las concentraciones de camaradas, en caso de alzamiento, serán: si hubiese guarnición, en el cuartel de la misma; en su defecto, en el cuartel de la Guardia Civil más próximo. Nunca en los Gobiernos Civiles."

Ya que hablamos de la revolución de octubre, recordaremos que en aquella ocasión nos presentamos en Basurto sesenta y cuatro camaradas, que, conjuntamente con los jóvenes albiñanistas, formamos la primera compañía del primer batallón de voluntarios, al mando del capitán Pradal (hoy, comandante), y que en cumplimiento del deber tuvimos dos bajas. Una en la estación del Norte y otra en la Casilla. Afortunadamente, ninguno de los dos murió.

RECUERDO

No será Bilbao, ciertamente, la ciudad en que más frecuentemente actuase José Antonio, pero le cabe el honor de haber asistido a sus primeros pasos políticos.

Pero todos sabemos con qué interés cuidaba el desenvolvimiento de la Falange vizcaína, pues precisamente por ser nuestra provincia una de las que más influencia marxista acusaba, sentía verdadera obsesión por desintoxicarla del virus asiático.

Por otro lado, el separatismo estúpido estaba minando los cimientos de España acaso con más virulencia que en parte alguna. Cómo veía él, profeta iluminado, la enfermedad separatista, podemos comprobarlo leyendo el discurso con que el Parlamento replicaba al tristemente célebre José Antonio Aguirre.

Hoy, que hemos perdido toda esperanza de volver a escuchar tu verbo único, José Antonio; hoy, que juramos seguir tu ejemplo, paralelo a la flecha central de nuestro haz proyectada verticalmente hacia el infinito, todos los camisas azules que un día te juramos como Jefe obediencia ciega, juramento que reiteramos al nuevo jefe nacional, Francisco Franco, pronunciamos tu nombre con voz velada por la congoja y contestamos virilmente, según tu estilo:

¡Presente!

 

(El Correo Español, 8 de noviembre de 1938.)

 

 

 De "DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA" Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 273 a 277.