BIOGRAFÍA EN ONDAS ANIMADAS

   

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

 

José Antonio nació para ser el jefe de la juventud de España, el profeta de mejores días, el mejor de los luchadores de la Patria.

José Antonio, de niño, quería ser militar. Empezaba a darse cuenta de que algún día, con su uniforme de Jefe Nacional, marcharía al frente de los camisas azules para salvar a España. Además veía que su padre, el general don Miguel Primo de Rivera, y sus tíos eran militares. Cuando José Antonio era aún un muchacho, Fernando Primo de Rivera, su tío, caía gloriosamente en Monte Arruit, al frente de sus soldados de caballería.

Por eso José Antonio terminó por organizar una cosa militar: la Falange.

Mientras su padre gobernaba, José Antonio se dedicó sólo a estudiar. No quiso ser el heredero fácil de una cosa que no se ha ganado. Pero cuando España empezó a sufrir, cuando todos los espíritus cobardes comenzaron a ensañarse con la persona y la memoria del general Primo de Rivera, José Antonio comenzó a actuar. 

José Antonio era alto y fuerte. Era el más valiente de los falangistas, el que sabía decir las mejores palabras, el que más quería a España. Por eso era el mejor jefe, con la camisa azul y el yugo y las flechas con las tres estrellas cuadradas sobre corazón.

La gente, roja o engañada o cobarde, miraba con recelo a aquellos primeros falangistas. Pero cuando José Antonio hablaba, las más difíciles multitudes quedaban dominadas. Hasta en el Parlamento le escuchaban todos. Una vez, con un salto formidable, se lanzó sobre Indalecio Prieto, porque Indalecio Prieto se había atrevido a insultar la memoria del general Primo de Rivera. Indalecio Prieto pasó mucho miedo. Y todos quedaron asombrados cuando inmediatamente que los separaron, José Antonio se puso a hablar en seguida muy sereno, como si no hubiera pasado nada, y dijo uno de sus mejores discursos.

Una vez, cuando empezaba a salir a los pueblos a predicar a la gente la verdad de España, fue a parar a una aldea completamente marxista. Todos le recibieron puño en alto y con gritos de odio. José Antonio habló y aquello fue maravilloso. Acabaron todos los hombres de aquel pueblo toledano formando a los dos lados de la carretera, con el brazo en alto y la mano bien abierta, cuando José Antonio y los que le acompañaban dejaban el pueblo.

Los marxistas desde muy pronto quisieron matar a aquel héroe juvenil, que dejaba la vida cómoda y todo lo que tenía para emprender una obra gloriosa y difícil. Una vez lanzaron una bomba al paso del auto de José Antonio. Se detuvo en el acto, bajó del coche, y con su pistola hizo cara a los marxistas, que huyeron.

Todos los días daba José Antonio la batalla al marxismo: discursos y tiros, periódicos y golpes despertaban a los españoles dormidos. José Antonio era el único que enseñaba a ser disciplinado, a caminar con paso militar, a dar la cara al peligro, a saber morir por España, a no conformarse con una España pequeña y tranquila...

José Antonio, encarcelado por los rojos mucho antes de la guerra, se encontró en el Castillo de Alicante el 18 de julio. Los rojos le asesinaron unos meses después, en noviembre de 1936. La Falange le esperó mucho tiempo. Pero como tantos camaradas de Castilla y de Marruecos, de Navarra y Aragón, de Galicia, de Extremadura y de Canarias, José Antonio había caído en su puesto, entre las rejas de una cárcel donde los rojos le metieron y los negros le dejaron meter.

Sus últimas palabras fueron:

“Limpiad bien el sitio donde me fusilen, porque por el patio de la cárcel pasea mi hermano y no quiero que pise sangre suya"

 

(Radio Nacional, Revista, 20 de noviembre de 1938.)

   

 De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” ediciones Jerarquía, 1939. Págs  241 y 242.