LECCIONES DE JOSÉ ANTONIO

 JOSÉ ANTONIO Y EL CAMPO

 

Antonio Tovar

  

Hoy hace dos años, José Antonio Primo de Rivera caía atravesado por las balas del cobarde pelotón de ejecución rojo.

Al conmemorar hoy con luto nacional su muerte, queremos que tengan vida, y vida continuada y operante, sus consignas, a sus órdenes. Porque las consignas de José Antonio le eran dictadas por la más grande generosidad, por el más profundo amor a España. Y sería la mayor de las tragedias que estas consignas, que estas órdenes de revolución nacional, de liberación de España, se perdiesen. Porque entonces otra vez España se metería en un camino de siglos de inutilidad, de cobardía, de renuncia, de sumisión.

El testamento político de José Antonio es el de nuestra guerra, el de nuestra revolución. Vosotros, campesinos, labradores españoles, lleváis sobre las espaldas demasiado peso de incomodidades, de abandonos, de desventajas. Vosotros, obreros del campo, habéis sido mil veces engañados por los dirigentes marxistas, que en último caso a quien tenían interés en favorecer era a su clientela electoral en las ciudades, a esos obreros que ganaban jornales de tres, de cuatro veces los vuestros y que trabajaban mal ocho horas. Vosotros, labradores, que tenéis una pequeña labranza, habéis sido mil veces explotados por los caciques y los usureros, que también tenían su clientela electoral a quién favorecer y que os esperaban en Madrid junto al gobernador de la capital para que les llevaseis vuestro tributo a costa de alguna migaja de mentido favor que os arrojaban. Vosotros, todos, obreros y patronos del campo, erais las víctimas del capitalismo bancario, que se cobraba un interés superior al de la renta de la tierra, de un Estado que cobraba las contribuciones pero os daba mala o ninguna escuela para vuestros hijos, no se preocupaba de que las plagas del campo destruyesen vuestra cosecha vuestras viñas o vuestros árboles, no se acordaba de las aldeas y los pueblos para hacer llegar a ellos las ventajas de las ciudades, absorbía para la vida proletaria de los bares de la ciudad a los mejores hijos del campo...

Entre vosotros, campesinos, están aquellos de los que José Antonio dijo que " tenían hambre de siglos ".

Y para cumplir el testamento de José Antonio, para que la guerra donde han muerto tantos españoles labradores y campesinos no se pierda, para que la victoria de Franco, nuestro Caudillo, no sea inútil y estéril, tenemos, labradores de España, que conservar y una tras otra ir aplicando las consignas de José Antonio.

A cuento de esto viene esta lección de aniversario sobre José Antonio y el campo.

Cuando José Antonio funda la Falange, desde los primeros días comenzó a predicar en el campo. Pero no con tono de grandes voces y grandes promesas que ha sido siempre el hablar de los políticos ante la gente del campo. José Antonio tenía demasiada vergüenza para hacer promesas que no se pudieran cumplir. José Antonio hablaba clara y sencillamente en los pueblos de España. Abrió su corazón y comunicaba a la gente del campo sus preocupaciones, los mismos temas de sus grandes discursos en las ciudades.

Porque sabía que no bastaba con hablar en Madrid, ni en las demás capitales españolas. José Antonio fue el que dijo " el campo es España ". Y mientras otros políticos os despreciaban o se limitaban a traficar agrariamente con vuestros intereses, José Antonio hablaba en Carpio de Tajo, en Trujillo o en Tordesillas, porque sabía que a quien más interesaba el destino de la Patria era a vosotros, labradores de la tierra, porque tenía la conciencia de que el verdadero primer personaje de la política española, el cultivador de la tierra, se escondía aquí, en los pueblos y en las aldeas.

José Antonio se había entregado al campo y sabía comprender esa desesperación de los labradores de España, que se han visto siempre abandonados y burlados por los políticos. José Antonio se avergonzó una vez de llegar con un buen automóvil y un buen abrigo a una de las aldeas españolas donde la miseria domina.

Y porque sintió esta vergüenza, era capaz de amar como nadie a los labradores y a los campesinos de España. Y por eso pudo decirles con sinceridad que si no cumplía la Falange su promesa de elevar la vida del campo, que cogieran los campesinos su mejor soga, se la atasen al cuello y colgado de un olivo le tirasen de los pies.

Pues José Antonio se había entregado con tal decisión a su obra, que sabía que no saldría de ella vivo. Y podía decir sinceramente estas cosas sencillas, mientras los cucos esperaban, esperaban, como esperan aún.

Por eso, campesinos, labradores de España, queremos una vez más repetiros las consignas de la revolución nacionalsindicalista prometida por José Antonio Primo de Rivera y asegurada al precio enorme de su vida.

Repasemos los artículos, los discursos, los periódicos, los papeles de José Antonio. Y de todo ello sacamos no un programa agrario, no una serie de soluciones concretas, no un artículo atractivo para cazar incautos. De todos ellos queremos que vosotros, labradores de España, campesinos de España, saquéis doctrina para vuestras reclamaciones, enseñanza para vuestro camino, hasta que lleguéis a ocupar en la patria el puesto que os corresponde.

Sentimos nosotros el mismo rubor que una vez sintiera José Antonio de verse bien abrigado y en automóvil mientras aquellos campesinos se quedaban en una aldea hórrida, sin luz, sin escuela, sin iglesia, sin nada de lo que sirve para enriquecer una vida. Y porque sentimos este rubor no vamos a exhibiros el programa de José Antonio para engañaros una vez más. Hablamos aquí para que sepáis lo que podéis exigir y lo que debéis exigir.

Sólo así se hará la revolución nacionalsindicalista.

José Antonio arrancó la triste verdad de la España republicana. José Antonio se encontró con que el pueblo español llevaba mucho tiempo esperando su revolución, con que el 14 de abril fue una gran estafa de la que se aprovecharon elementos que tenían sobre sí un pasado turbio, vergonzoso y traidor.

José Antonio tenía que estar contra los dos bienios. Contra el bienio criminal socialazañista, que prometió una reforma agraria y lo único que hizo, mientras importaba trigo extranjero, fue una burocracia y un Instituto de reforma compuesto de abogados. Y contra el bienio estúpido de los radicocedistas, que negaron la necesidad de la revolución y no vieron venir en medio del tedio y de la torpeza de sus días de gobierno, la catástrofe de 1.936, que iba a llevarse la vida de José Antonio, como iba a llevarse la de tantos hijos vuestros, la de tantos hijos de los campos de España.

José Antonio venía contra todos. Contra los tinglados de la política parlamentaria de derechas e izquierdas, de republicanos y monárquicos. Contra reformas agrarias y contra los agrarios sin reforma.

Y ahí queda su sentido humano de los problemas del campo, para que vosotros, los labradores, exijáis y vigiléis que estas consignas se cumplan. Nada de acudir a los políticos, nada de esperar las cosas de las capitales, nada de suplicar humildemente para que los políticos se rían de vosotros, la era de los caciques del campo ha terminado. Vosotros debéis ser fuertes. La época de los sindicatos de caciques de derecha y de caciques marxistas ha terminado. Los sindicatos del campo habrán de organizarse por sí mismos como elementos creadores y productores, no como instrumentos de agresión marxista o de defensa caciquil.

José Antonio, en 1.935, dijo: " El campo es España; el que en el campo español se impongan unas condiciones de vida intolerable a la humanidad labradora en su contorno español, no es sólo un problema económico; es un problema entero, religioso y moral... por eso es monstruoso que quienes se defienden contra la reforma agraria aleguen solo títulos de derecho patrimonial, como si los de enfrente, los que reclaman desde su hambre de siglos, sólo esperasen a una posesión patrimonial y no a la íntegra posibilidad de vivir como seres religiosos y humanos."

Y de cerca inspiradas en estas palabras son las páginas de una especie de manifiesto que apareció el mismo año en el semanario de Falange Arriba, en las que se señala un " Esquema de una política de aldea ".

 A este manifiesto corresponden estos párrafos, que vamos a repetir:

"Las "grandes capitales" y "los grandes capitales" -superurbanismo y gran capitalismo- siguen siendo los enemigos de la humanidad labradora. El labrador se jugaba con esfuerzo heroico su cosecha a las vueltas del tiempo en la rueda del año. Pero en esta ruleta de las cuatro estaciones, en este tablero al cual pone su vida el labrador, la ciudad y la Banca tienen los ceros. El campo es una víctima de los favores de la ciudad y de la Banca. La mayor parte de la riqueza española y de las fuerzas de resistencia contra la crisis, vienen del trabajo campesino. Luego la riqueza española se reparte con una prodigalidad suicida en las ciudades y con una usura suicida en el campo."

... "Pero, ni siquiera en esta política agraria, buena y completa, que realizaremos, se agotará nuestro desvelo por la humanidad labradora, en su humana totalidad hacia la unidad de destino, porque ésta no se agota en problemas técnicos, administrativos y financieros."

... "En el estado nuestro habrá una Carta de las aldeas y pueblos campesinos, una Carta Puebla de las gentes labradoras de España.

"Y allí se empezará por algo que no nos compete del todo a nosotros, al Estado; pero también por algo que el Estado debe regular en su libertad y ayudar en su dignidad y esplendor. En realidad se empezará por la ayuda de Dios, con la organización del mundo moral, por la elevación del orden religioso. Es necesario que el centro espiritual de la idea sea la parroquia, como órgano supremo de su moralidad. Defenderemos las parroquias de aldea con más tesón que las Universidades. "

... "Tras el robustecimiento de la parroquia viene la reforma de la escuela, y de la escuela con Cristo, que debe ser el enlace cordial e intelectual, de la moral y la cultura civiles con la moral y la cultura de la iglesia.

"Esta escuela de la aldea reformada, elevada a un alto sentido moderno y de vuelta a un alto sentido tradicional, se prolonga en organizaciones de tipo premilitar y deportivo, con un complemento de cultura de la juventud. La radio y el cine y las misiones ambulantes de cultura completarán y facilitarán esos objetivos.

“La educación premilitar acaba en una restauración de las milicias campesinas, que formó en su día Cisneros y que en nuestras aldeas se compondrán de la juventud premilitar (antes del paso por los cuarteles) y de los veteranos (después del paso por los cuarteles). No sólo se hará esto por incremento de la potencia de la Patria, sino por su alta función educativa."

... "Ni en eso acabará la política de la aldea. Hará falta además, entre otras cosas, una fuerte ofensiva de sanidad y particularmente una política del niño, una política de infancia."

... "Entonces tendremos la aldea de Falange."

Esta aldea, con religión, cultura, milicia, trabajo y salud, será la base de la grandeza de España el más sano fundamento de la libertad nacional, la seguridad de permanencia en la política nacionalsindicalista. Y no os decimos esto, labradores, del modo como los políticos dicen desde siempre consignas electorales. Os decimos esto porque según sabemos que vuestros hijos fueron los primeros en empuñar el fusil para emprender la liberación de España, serán los mismos combatientes de Castilla, de Navarra, de Galicia, de Aragón, los que defenderán los intereses humanos del campo, el derecho a trabajar por una Patria más grande, el de ser redimidos, vosotros, los pequeños ahorradores, como los pequeños industriales, los pequeños comerciantes, "de las garras doradas de la usura bancaria " y de las garras no tan doradas de los políticos profesionales y los caciques.

Porque os conocía, José Antonio sentía sobre sí algo de vuestros dolores, de vuestras dificultades económicas, de las faltas de respeto contra vuestra dignidad. En su primer discurso de fundación de la falange, José Antonio Primo de Rivera dijo:

"Cuando recorríamos esas tierras y veíamos esas gentes y las sabíamos torturadas por pequeños caciques, olvidadas por todos los grupos, divididas, envenenadas por predicaciones tortuosas, teníamos que pensar de todo ese pueblo lo que él mismo cantaba del Cid al verle errar por campos de Castilla, desterrado de Burgos: ¡Dios, qué buen vasallo si hubiera buen señor! "

José Antonio admiraba " esos pueblos en donde, cada día bajo la capa más humilde, se descubren gentes dotadas de una elegancia rústica que no tiene un gesto excesivo ni una palabra ociosa, gentes que viven sobre una tierra seca en apariencia, con una sequedad exterior, pero que nos asombra con la fecundidad que estalla en el triunfo de los pámpanos y de los trigos ".

Y sentía el dolor de los braceros, de los jornaleros, de esos hombres que "de sol a sol se doblan sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganan en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas ". Y José Antonio sentía también la tragedia de los que " han de alquilar, por unas horas, las fuerzas de sus propios brazos, han de instalarse, como yo los he visto, en esas plazas de los pueblos de Andalucía, soportando el sol, a ver si pasa alguien y los tome por unas horas a cambio de un jornal".

Así de generosamente José Antonio sentía vuestros dolores y vuestras angustias. De la misma manera que el Caudillo Franco acudirá a ponerlas remedio; porque Franco sabe lo que es el campo, porque él ha convivido también con los soldados campesinos, porque él ha dormido, como ellos, durante años, en el santo suelo de las campañas de África.

No dejó José Antonio Primo de Rivera un programa acabado para resolver los problemas del campo. Ni falta que hace, porque nosotros no creemos en los programas, sino en los hombres y en el sentido que algunos hombres tienen de las cosas. Para llegar a la reorganización del campo español, a la mejora en la vida de los labradores, de los trabajadores del campo, lo primero que hace falta es tener sentido de la necesidad de esta mejora. Esto es, sentir el dolor de la vida del campo español tal como un siglo de política liberal y los años de marxismo la han dejado.

 José Antonio sentía este dolor, partía de él para desear esta mejora. Y así dijo en una ocasión:

 "El Estado nuevo tendrá que reorganizar, con criterio de unidad, el campo español. No toda España es habitable: hay que devolver al desierto y sobre todo al bosque, muchas tierras que sólo sirven para perpetuar la miseria de quienes las labran. Masas enteras habrán de ser trasladadas a las tierras cultivables, que habrán de ser objeto de una profunda reforma económica y una reforma social de la agricultura. "

Porque le falta a nuestra economía la reorganización, la modernización, la técnica. Y la reforma de todo esto, la reforma de la economía agrícola española es el primer paso para llegar a la reforma social, a la reforma que satisfaga a los que tienen " hambre de siglos ".

Esto es lo que José Antonio Primo de Rivera quería para el campo de España. Esto era lo que él, de vivir, hubiera luchado hasta el fin por hacer.

Pero no hemos venido a hablaros de lo que se hubiera podido hacer si José Antonio viviera. Venimos a deciros que estas consignas están vivas que la Falange mantiene en sus Banderas estas consignas y que el Caudillo Franco, al mandar sobre todos nosotros, ha tomado estas banderas con todo lo que significan.

¡Por la elevación de nuestra vida, porque los labradores y campesinos participen de las ventajas de pertenecer a una Patria Grande, porque las aldeas y los pueblos se sientan sin olvido ni desprecio dentro de la unidad de los españoles!

¡Por la Revolución Nacional que dirige Franco, el Caudillo victorioso!

 

De " DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA "  Ediciones Jerarquía, 1.939.  Páginas 23 a 29.