JOSÉ ANTONIO EN LA CÁRCEL MODELO


 FELIPE XIMÉNEZ DE SANDOVAL

Todos sabemos que la Cárcel Modelo de Madrid fue construida con arreglo al sistema llamado celular, o, lo que es lo mismo, que estaba constituida por cinco galerías irradiadas en forma de abanico.

Estas cinco galerías o radios estaban situadas al fondo de la fábrica, y en el punto concéntrico de los mismos, situada perpendicularmente al plano de la puerta de entrada principal, había otra galería que quedaba sobre el primer rastrillo. Esta era la llamada galería de políticos, restaurada y acondicionada a todo confort por orden del gobierno Lerroux-Gil Robles, para alojar, a raíz de la intentona revolucionaria marxista del 34, a Largo Caballero y además gerifaltes rojos. No tenía celdas esta galería, pero sí una serie de habitaciones, distribuidas a derecha e izquierda de la misma, que cualquier hotel madrileño podía envidiar.

Y después de la redada hecha el 28 de mayo, los jerarcas de la Falange se encontraban instalados, distribuidos en la forma siguiente: en la primera habitación de la izquierda, José Antonio, con su hermano Miguel; en la segunda, Raimundo Fernández Cuesta, con Roberto Bassas, jefe territorial de Cataluña; en la otra, un consejero nacional de gran relieve, cuyo nombre silenciamos, y Cuerda, secretario particular de José Antonio; en la siguiente, Pepe Sáinz y Julio Ruiz de Alda (¡Presente!), consejeros nacionales ambos; en la quinta, Benito Pérez, jefe provincial de Cuenca, y Jesús Mata, de Santander, y en la última Sancho Dávila, jefe territorial de Andalucía, con Leopoldo Cañizo, jefe territorial del Norte. Las habitaciones de la derecha y en orden inverso, esto es, empezando por el fondo para acabar en la entrada, se encontraban Mateo Álvargonzález (¡Presente!), jefe de Centuria; Pepe Badriñana (¡Presente!) y Eduardo Fieravanti, como presuntos autores los dos últimos del atentado frustrado contra el diputado la radicalsocialista Álvarez Mendizábal; Manolo Palau (¡Presente!), Antonio Jiménez (¡Presente!) y Alfonso Estenalay Benlliure (¡Presente!), acusados también los tres del mismo supuesto atentado; Pedro Oms (¡Presente!) y José Ruvielles (¡Presente!), jefes de Centuria los dos y Javier Aznar, hijo del director de La Voz; Manolo Suárez Inclán, de Madrid, y Alejandro Salazar, jefe nacional del S.E.U.

GIMNASIA, ESTUDIO Y REVOLUCIÓN

Merced a su influencia y calidad de ex diputado en Cortes, el jefe había conseguido del entonces director de la Cárcel Modelo, Martínez Elorza, muerto más tarde en Valladolid, ya iniciado el Movimiento Nacional, un régimen especial para los ocupantes de la galería de políticos.

De acuerdo con este régimen, el grupo de patriotas mencionado distribuía las horas del día en forma cuya relación escueta bastará para dar idea al lector de la concepción de la vida que tenía el Ausente como Milicia y Trabajo.

Se levantaban a las ocho y media y sin desayunar, bajaban al patio, donde permanecían hasta las nueve y cuarto haciendo gimnasia e instrucción militar, bajo la vigilante dirección de José Antonio.

Terminada esta primera labor del día, pasaban a la ducha, y entre este menester higiénico y el desayuno se ocupaban hasta las diez de la mañana, a cuya hora se reunían todos en derredor de la mesa de estudio que se realizaba sometidos a la mirada vigilante de José Antonio, Raimundo Fernández Cuesta, Julio Ruiz de Alda y Roberto Bassas. Al que no estudiaba o distraía a los camaradas, se le imponían severas, terribles sanciones, y aquel día había un extraordinario de cigarros, cigarrillos o algo parecido. Los temas de esta academia versaban sobre organización política y social, que corrían a cargo del jefe, y profesionales o estudiantes, que desarrollaban los interesados.

A las doce y cuarto se dejaba el estudio para proceder al aseo, ya que a las doce y media comenzaba la media hora de relación con el exterior que diariamente disfrutaban los encarcelados. Esta comunicación se verificaba en una sala, a través de una sola reja sin tela metálica, y a ella acudían los familiares de los detenidos y enlaces, casi siempre femeninos, que se encargaban de poner en circulación las órdenes, instrucciones y consignas del Movimiento para toda España, los originales para nuestra clandestina y misteriosa publicación No importa, que tanto trabajo dio a la Policía tan extraordinariamente intrigó a los españoles por aquella época; el texto de una "Carta a los militares españoles" y otros documentos de parecida trascendencia. Porque el gobierno de Casares Quiroga, con su afán de yugular el glorioso Alzamiento Nacional, había ido recluyendo en la Modelo, de Madrid, a los principales dirigentes del mismo, sin darse cuenta de que de esta manera lo único que lograban era poner término a las reuniones clandestinas, celebradas de esta manera con mucha mayor seguridad y eficiencia en el local con tan inconsciente acierto por el mismo puesto a disposición de los conspiradores.

También acudían en algunas ocasiones diputados de la C.E.D.A., algunos tradicionalistas y tal que otra vez don Antonio Goicoechea.

Por entonces nuestros presos tenían a su disposición, en calidad de ordenanzas, dos presos comunes que, entre otras misiones, tenían la de preparar la comida, y que acabaron por ser falangistas como aquellos a quienes servían, conquistados por la simpatía y el innato poder de convicción, que eran características preeminentes de José Antonio. La comida se hacía en común, reuniendo lo que a cada uno de los presos enviaban desde la calle sus familiares; aquí será bueno recoger un sencillísimo detalle, que pinta magistralmente la psicología del jefe. Cuando éste recibía botellas, postres de cocina o alguna otra golosina, él era el último en servirse, después que lo habían hecho todos los demás camaradas.

Terminada la comida se hacía reposo hasta las tres y media, a cuya hora bajaban nuevamente al patio, armados de un balón, y se dedicaban a practicar el deporte futbolístico. Al llegar a este punto, bueno será advertir, para evitar confusiones, que de este régimen participaban algunos otros falangistas que se encontraban en la galería número 2, entre ellos el camarada Guerra, jefe nacional de Milicias. Para estos emocionantes encuentros se formaban dos bandos completos, en los que Cuerda y Sancho Dávila actuaban de guardametas; Ruiz de Alda, Fernández Cuesta, Bassas y Mata, como defensas; José Antonio y Miguel Primo de Rivera, Pepe Sáinz, Mateo Alvargonzález, Palau, Jiménez y otros, delanteros y medios.

Todos estos partidos se jugaban a un tren endemoniado. Como si estuviera en litigio el título de campeón del mundo; pero... José Antonio era el jefe. Y los integrantes del equipo B no podían olvidar esta condición del camarada, por lo que en los primeros encuentros se retraían bastante y le atacaban con notoria consideración. Advertido ello, por el jefe, fue motivo de varias convenciones. A él había que "entrarle" como a los demás. Desde entonces, el César fue uno de tantos en la copiosa cosecha de golpes.

Terminado el rato de expansión, volvían de nuevo los recluídos a dedicarse al estudio, hasta la hora de la cena. Y de esta suerte, en un ambiente de disciplina y camaradería a la par, transcurrían las horas de José Antonio, fecundas para el porvenir de la Patria, hasta que fue trasladado a la cárcel de Alicante.

(La Gaceta Regional, 20 de noviembre de 1938.)

  

De "DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA" Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 284 a 286