JOSÉ ANTONIO Y LA VERDAD DE  EL " CARA AL SOL "

 

Bolarque

 

Entonces nos veíamos todas las tardes. Había caído la Dictadura y estábamos ensayando una comedia. José Antonio era buen actor y hacía los papeles de galán en un teatro de salón.

Una tarde nos dijo: "Me vais a perdonar si falto 20 minutos al ensayo; tengo un quehacer urgente, pero enseguida vuelvo." Así lo hizo.

Al día siguiente nos enteramos que en esos 20 minutos había abofeteado a una persona que se atrevió a molestar a su padre.

Al volver al ensayo nadie le notó la menor excitación y siguió ensayando como si nada le hubiera sucedido. Esta fue, sin duda, su primera actuación en la calle, en la que, como todas las que le siguieron, se produjo con la mayor arrogancia y movido por una causa noble.

Dejamos una temporada de vernos con frecuencia hasta que, en las inolvidables reuniones de "La Ballena Alegre", volvimos a estar juntos casi todas las noches.

Entonces el amigo era ya el jefe.

Un día me dijo: "Luis, Falange necesita un himno; los nuestros mueren todos los días en las calles de España y es preciso que tengamos una canción que nos lleve alegres y decididos al combate. Te encargo a ti que la busques."

La canción estaba ya hecha. Algún día se podrá contar, como, cuando y en qué circunstancias compuesta.

Inmediatamente, sin letra todavía, la tarareé ante todos los amigos y fue aceptada por él con entusiasmo. Esto es lo que yo quería; ni más corta ni más larga y de ese estilo militar.

Ya han contado Agustín Foxá y Jacinto Miquelarena en sus últimos libros todo lo que se puede decir hasta ahora de las dos memorables sesiones en las que se puso letra al Himno de Falange. Como se había fantaseado mucho acerca de esto, conviene restablecer la verdad y decir, porque es de justicia, que "Cara al sol" es exclusivamente obra de José Antonio. Si bien es verdad que todos pusimos en él nuestras manos, no es menos cierto que la mayor parte de los versos son de José Antonio y que en los que no son suyos fueron incorporados por él al Himno después de rechazar otros muchos. Hasta aquí impuso su autoridad de jefe y su cuidado por la Falange.

Son versos suyos los primeros del Himno. Los hizo en la primera reunión. Recuerdo que dio un salto inmenso, desde el sitio donde estaba el piano, me entregó el papel, donde acababa de escribir unas palabras, como y me dijo, lleno de entusiasmo: "Canta a esto; veamos si los acentos están bien." Y por primera vez en la vida se escuchó la primera estrofa del Himno que luego había de pasar a la Historia.

Son suyos también aquellos que dicen: "volverán banderas victoriosas..." estos los hizo en la segunda reunión.

Poco tiempo después dejé de ver al amigo. Se lo llevaron. ¡Quién me iba a decir que para siempre!

Todavía pude hacerle un servicio. Días antes del asesinato de Calvo Sotelo me llamó una noche, a última hora, su hermano Fernando. Había que desfigurar a José Antonio para intentar su fuga de la cárcel; se necesitaban antes de las ocho de la mañana, unos bigotes y unas cejas. José Antonio apenas las tenía y quedaba completamente desfigurado cuando se los colocaba en nuestras funciones. Nadie mejor que yo las podía pedir sin que se sospechara. Así lo hice, pero... vino el asesinato de Calvo Sotelo y, el encarcelamiento de Fernando, las persecuciones, la guerra, y la noticia incierta, siempre rechazada por nuestro deseo, de la muerte del jefe. Todo había fracasado, todo menos su deseo de la mayor gloria para España, como escribió de manera profética, en las estrofas de " cara al sol ".

Conozco una carta suya, tal vez la última que haya escrito, en la que dice a sus hermanos: "Acepto la muerte con alegría porque no sé si en otra ocasión estaré mejor preparados. "Así empieza la carta, poco más o menos. Yo aseguro que no pude terminar su lectura de pie. ¡Qué temple! ¡Qué desprendimiento!

Supo ser arrogante en todos los momentos y al buscar la gloria para su Patria él la alcanzó, y la inmortalidad.

 

 

De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 207 a 209.