UNA NOCHE EN CASA DE JOSÉ ANTONIO

 EL NONNATO PERIÓDICO DE FALANGE ESPAÑOLA TITULADO " SÍ "

 

Manuel Aznar

 

Nos reunió una noche José Antonio Primo de Rivera en su "hotel" de la carretera de Chamartín. La familia pasaba una temporada en Andalucía. José Antonio estaba solo en aquella grata mansión, decorada con retratos de nobles antepasados y con ejecutorias militares y políticas de don Miguel; del mal llamado Dictador. -Vamos a ver si os gusta el gazpacho que he mandado preparar para vosotros- dijo cuando nos sentamos a la mesa.

Éramos allí cuatro amigos: José Félix de Lequerica, Ramiro Ledesma Ramos, Rafael Sánchez Mazas y yo. Íbamos a hablar de un proyecto que José Antonio acariciaba desde hacía varios meses, y que yo no encontraba medio de llevar a la práctica: la fundación de un periódico diario, más o menos directamente destinado a ser órgano de "Falange Española". Digo que "más o menos directamente", porque nuestro anfitrión no había llegado aún a conclusiones muy seguras y terminantes acerca de si convenía crear un periódico de información general que apoyara las orientaciones falangistas, o si era mejor ir sin más vacilaciones al diario oficialmente incorporado a los sistemas, tendencias, mandos y consignas del Movimiento.

Corrían por Madrid los "semanarios de combate"; se preparaba asimismo Haz, que sería redactado, ajustado y vendido por los estudiantes del S.E.U., con carácter bastante episódico, según recordarán todos los lectores. José Antonio suponía que un periódico diario, revestido de cierta autoridad profesional y de alguna solemnidad por la presencia en él de plumas distinguidas y no inscritas públicamente en las fichas del falangismo, traería tales ventajas a la propaganda que valía la pena de consumar el esfuerzo y poner inmediatamente manos a la obra.

Un día, sin más ni más, me pidió que le hiciera un presupuesto.

-Has de partir de una realidad bastante curiosa  -me dijo-. "Falange" no dispone de un real. Quizá si movilizamos todas nuestras energías podremos llegar a reunir algunas cantidades; pero en todo caso, ten en cuenta nuestra situación cuando acometas el estudio de las cifras.

Declaro que durante varios días hice una labor de benedictino. Tomando como punto de partida los presupuestos de algunos periódicos que yo había dirigido, los fui reduciendo hasta límites excepcionales. Estaba seguro de que la falta de dinero abundante quedaría compensada por el entusiasmo y fervor proselitista de los falangistas. Total: llegué a fijar, como cifra indispensable si se quería echar a andar decorosamente, la de 200.000 pesetas. José Antonio sonrió al ver mis cuartillas. ¡Doscientas mil pesetas! Le constaba que tal cantidad no era nada, ¡nada!, con destino a la fundación de un periódico en Madrid. Sin embargo, dada la pobreza y la extrema necesidad de la "Falange", aquel dos seguido de cinco ceros adquiría proporciones astronómicas. ¡Doscientas mil pesetas! ¿Quién soñaba en ello?

Entre el doctor Pardo Urdapilleta y yo le presentamos un plan de financiamiento. Provincia por provincia fuimos recordando los nombres de las personas propicias a un donativo para el Movimiento juvenil. Queríamos solicitar muy pocas pesetas de cada uno a fin de hacer más alegre la contribución.

Era el doctor Pardo quien debía llevar adelante ese trabajo, por encargo cariñoso de José Antonio. Yo me ocuparía de perfilar, en una nueva "Memoria", los capítulos relacionados con la redacción y administración.

Ya habíamos cambiado diversas impresiones en torno este asunto, que era para José Antonio una especie de obsesión. Aquel día de la cena en Chamartín me dijo:

-Vamos a reunirnos en mi casa; he invitado a Lequerica, a Rafael y a Ramiro. Pardo no podrá venir porque tiene una consulta fuera de Madrid. Expondremos tu plan escucharemos a los amigos. Lequerica está dispuesto a resolver una parte de la ayuda económica imprescindible.

Nos reunimos, en efecto, los que más arriba he citado. Mucho tiempo se nos fue en el elogio de la casa, en una conversación deliciosa sobre genealogías de ciertos personajes que aparecían retratados en los salones del "hotel", y en debatir temas políticos y literarios. Por fin recayó la conversación en el asunto del periódico. Expuso José Antonio el proyecto. Los tres -José Félix, Ramiro y Rafael- lo acogieron con enorme entusiasmo. José Antonio se sentía feliz. Era aquél uno de los momentos plenarios. De pronto, volviéndose a mí, exclamó:

-No hemos pensado en el título.

-No hemos decidido aún si ha de ser o no un diario falangista puro- contesté.

-Creo que sería lo mejor- comentó Ramiro, alargando la mirada para suplir su inicial sordera.

Opinaron todos en favor del órgano oficial de "Falange Española".

-Si preferís ese tipo de periódico, creo que hay un título indicadísimo. 

-¿Cuál?- dijo vivaz José Antonio.

 -" SÍ ".

 Lequerica recordará el gozo que produjo la propuesta de este título en el ánimo del fundador de la "Falange".

-¡Estupendo! -comentaba-. Un título archifalangista: corto, ligeramente agresivo, juvenil, afirmativo, optimista, denodado. Desde ahora digo que el diario se llamara .

-¿Y el director? -preguntó Lequerica.

En aquel momento se entabló debate, largo y sutil debate, entre Rafael y Ramiro, acerca de las condiciones especialísimas que debía reunir el director de un diario falangista. Iban los dos encendiéndose en sus oposiciones. José Antonio asistía curioso al diálogo. Para que no se agraria, cortó afirmando:

-Tengo sobre eso una idea que os expondré otro día.

Dos días después se decidió que Fernando Primo de Rivera se pusiera de acuerdo con el doctor Pardo para estudiar en detalle la financiación, según se había pensado. Fernando -tan silencioso y tan sereno, pero tan lleno de fe y de coraje- se dispuso a luchar.

Poco tiempo más tarde, sin que las circunstancias permitieran cumplir el sueño José Antonio Primo de Rivera, empezaron a producirse persecuciones más agudas. El fundador de "Falange Española" se llenaba de preocupaciones y de responsabilidades; internas unas, porque se referían a la unidad y organización del Movimiento; externas otras, por la actitud y saña con que casi toda la España política combatía al falangismo.

No se volvió a presentar ocasión de tratar el problema del periódico. El dinero que se recaudaba resultaba necesario para finalidades mucho más urgentes.

De este modo se concibió y se renunció a un diario de "Falange Española" que debía llevar el título de .

  

De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 190 a 192.