BIOGRAFÍA SUCINTA DE JOSÉ ANTONIO
José Antonio nació en Madrid, el 24 de
abril de 1903. Los varios destinos militares de don Miguel Primo de Rivera,
aquel español de la más pura ley, determinaron una infancia nómada del hijo.
Cursó éste la carrera de Derecho en la
Universidad Central; se licenció el año 1922 y a poco, abrió en Madrid su
bufete de abogado. El ejercicio de su profesión lo comenzó con tal excepcional
acierto y supo actuar en él con tan raro tino que muy pronto ganó posición
relevante y consideración profesional unánime.
Su meta personal y su valor privativo
impusiéronse de tal modo que, aunque la caída de la dictadura y la difamación
contra el apellido de Primo de Rivera se produjeron cuando el abogado joven hallábase
aún en la iniciación de su tarea, los mismos que alimentaban aquellos
movimientos tuvieron que reconocer las formidables dotes de jurista. (Recuérdense
los juicios del cronista de Tribunales de El Sol, diario quizá el más encarnizado enemigo de la Dictadura.)
Durante la etapa de gobierno de su
padre, el general Primo de Rivera, José Antonio, entregado de lleno al servicio
de su bufete, quedó escrupulosamente apartado de toda actuación política u
oficial. Pero, cuando el marqués de Estella abandona el poder, su hijo,
percatado de la coyuntura decisiva en que se encuentra España, está presto a
sacrificar su vocación jurídica, su inclinación artística y sus
conveniencias personales, todo en servicio de la Patria.
En cumplimiento de obligaciones filiales
toma la pluma y desvanece las diatribas que buscan fundamento en sombras y
apariencias de razón; pero las acometidas que se expresan por insultos e
injurias hallan en la hombría de José Antonio la adecuada réplica violenta.
En el Parlamento el 21 de diciembre de 1933, Indalecio Prieto, da al aire
prostituido del hemiciclo unas frases calumniosas para el dictador y, entonces,
José Antonio salva de un saltó tres filas de escaños, cae en tromba sobre la
minoría socialista, aporrea a varios de sus miembros y, seguidamente, se alza
dueño de sí, y pronuncia un discurso, modelo de serenidad y de concisión, que
hace callar, respetuosa, a la cámara y levanta el eco emocionado de encendidos
aplausos.
Este respecto y este agrado volvieron a
rodear a José Antonio cuando, el 6 de junio de 1934, exclamó en las Cortes una
amplia intervención que constituyó una magistral defensa de la actuación
paterna. Así, con elegancia y decisión, cumplió sus deberes de hijo.
La observación atenta apasionada en que
se hallaba sumido desde el derrumbamiento de la Dictadura no le impidió
inmediatamente el ejercicio de su carrera, en cuyo cultivo descollaba como
figura singular y siguió interviniendo en el Foro con originalidad y maestría,
que daban a sus intervenciones altura de lecciones jurídicas. Aquella
preocupación de buen patriota se tornó angustiosa ante el rumbo desastroso por
el que derivó la República instaurada el 14 de abril sobre un explotado fondo
de esperanza nacional.
No
abandonó sus menesteres jurídicos; pero se sumerge ya en una anhelante
meditación del problema de España -España con su revolución pendiente- y del
momento europeo. José Antonio concibe el Movimiento nacional; se une a otros
compañeros de provocación patriótica y no tarda en surgir Falange Española.
De ella pudo decirse más tarde: "Dudo que ningún movimiento político
haya venido al mundo con un proceso interno de más austeridad, con una
elaboración más severa y con más auténtico sacrificio por parte de sus
formadores."
Desde febrero de 1931, Ramiro Ledesma
Ramos defendía genial y denodadamente a las nuevas generaciones de España, que
habían de necesitar después un puesto al sol en el área de la Península.
Ledesma funda La Conquista del Estado,
donde se lanzaron las consignas del Nacionalsindicalismo, que se han incrustado
como flechas en la entraña de la revolución nacional española del Generalísimo
Franco. En octubre, crea Ramiro Ledesma las juntas de ofensiva
nacional-sindicalista, o sea las veteranas J.O.N.S. Durante tres años Ledesma
Ramos y sus amigos marcharon delante bajo las consignas de España Una, Grande y
Libre; por la Patria, el Pan y la Justicia, que había inventado. Ya las acompañaban
el yugo y las fechas de su escudo y la bandera roja y negra del Sindicalismo
Nacional. En marzo de 1933, José Antonio, Delgado Barreto y los jonsistas
Ramiro Ledesma, Giménez Caballero, Rafael Sánchez Mazas y Juan Aparicio fundan
El Fascio, haz hispano en que lanzan a
la luz las directrices para un movimiento español de tipo fascista. Azaña
estaba en el poder y recogió la edición; pero José Antonio, utilizando la
tribuna del A B C y La
Nación, de Madrid, y los jonsistas creando la revista teórica J.O.N.S.,
siguen sentando las bases, con esta propaganda escrita y con la directa y
personal para la obra ya inmediata.
El 29 de octubre de 1933 presentó José
Antonio a la expectación de España el movimiento de Falange Española, en el
acto que se celebró en el Teatro de la Comedia de Madrid. En febrero del año
siguiente, F.E.y las J.O.N.S. se fundieron en Falange Española de las J.O.N.S.,
cuyo jefe único, a partir del 6 de octubre de 1934, fue José Antonio Primo de
Rivera.
Ya quedaba sobre la tierra española,
entonces hostil, la firmeza de un mástil enhiesto y a los vientos duros,
llameantes, el rojo y el negro de su bandera.
El primer acto de la nueva entidad que
regiría en adelante el ímpetu de la mejor juventud de España se celebró en
Valladolid el 4 de marzo de 1934 y significó la consagración como Caudillo, de
José Antonio. Al terminar el mitin, la ciudad castellana fue campo de la
primera escaramuza sangrienta de la Falange contra las traiciones del marxismo:
José Antonio, pistola en mano, gallardo e impertérrito, resistió los disparos
y las pedradas de los energúmenos y asistió, con la alegría de su esperanza,
a la primera salida pública de la Falange Española de las J.O.N.S.
La actuación posterior es más notoria.
Falange es acción y doctrina y José Antonio, desde la aparición de F.E.
-diciembre de 1933- hasta su suspensión definitiva en julio de 1934, hizo en el
semanario exposición y desarrollo, elegante y profundo, el pensamiento nuevo.
En marzo de 1935 nació Arriba, que
hasta su fin gubernativa, un año más tarde, sirvió de vehículo a la palabra
bella y precisa del capitán del Movimiento. Su oratoria -lograda síntesis de
profundidad, sobriedad y galanura- extiende por los rincones de España los
puntos esenciales del Movimiento.
La
acción no cede a su propaganda; José Antonio aparece siempre sin jactancia; lo
mismo participa en la tumultuosa venta de los periódicos que defiende el
derecho a la vida de los Sindicatos nacientes. Más de una vez entró en los
edificios en construcción y consiguió, por la persuasión o la energía, de
los maestros socialistas, trabajo y jornal para los camaradas de las J.O.N.S.
Los
tiempos no dan quietud para el estudio detenido de litigios civiles, ya las
Audiencias han de escuchar a José Antonio contundentes informes de defensor de
centenares de camaradas, encarcelados y perseguidos por sentir en lo hondo el
amor a España. Pronto tiene que defenderse a sí mismo. El 14 de marzo de
19306, es detenido y procesado por distintos procesos, a cual más inmotivado y
absurdo. En las vistas de todos ellos, pronunció informes irrebatibles y, en la
última hora, acusado porque, durante su estancia en la cárcel, la policía
halló una pistola en su despacho, después de hacer una defensa brevísima, una
vez escuchada la sentencia condenatoria, se levanta digno y abofetea a los
repugnantes jueces en rúbrica de doctrina con acción.
José
Antonio, en el acto de la Comedia, expuso bien claramente su pensamiento político,
su fórmula salvadora, que repudiaba igualmente los partidos de derecha -que
eludían la justicia social- como los de izquierda –que negaban los valores
espirituales-. Con todo, las derechas de la provincia de Cádiz, amedrentadas
por el bienio de Azaña, apoyaron la candidatura de José Antonio en noviembre
de 1933, y salió diputado en los primeros puestos de la votación.
En
el Parlamento –a más de sus defensas de la actuación paterna- pronunció
varios discursos de interés nacional, en los que aplicó simple su criterio
totalitario, su definición de España como "un destino en lo
universal" y quedarán por siempre para admiración y asombro de quienes
los leyeren y vergüenza de los
diputados que no atendieron o no entendieron
sus palabras, su oración, con motivo del Estatuto vasco, sus intervenciones en
defensa de los ingenieros españoles, sobre el proceso de Azaña, la liquidación
de la revolución de Asturias, el asunto Nombela, etc..
En
la Cámara se opuso a la concesión de una fábrica de azúcar en la provincia
de Cádiz, por juzgarla lesiva de los legítimos intereses de otra provincia. Y
esto sirvió de pretexto a las derechas de Cádiz para eliminarlo de sus
candidaturas- en su lugar colocaron a un subsecretario de Casares Quiroga- en
las elecciones del 36, José Antonio perdió la inmunidad parlamentaria y pudo
ser reducido a prisión.
El
temperamento de José Antonio es, a todas luces, de estilo genial. En el retrato
moral de José Antonio hay, sobre todo, armonía. Su inteligencia y singular está
bien plantada sobre un fondo de instinto y sentimiento que le salva de la
sequedad desarraigada que hicieron inútiles o perniciosos a
tantos intelectuales españoles. Busca con afán riguroso la verdad filosófica,
la exactitud científica; pero también escucha y atiende las entrañables voces
de la sangre y de la carne. Su naturaleza es privilegiada por la calidad de sus
componentes, pero completa y jerarquizada. Capaz de gozar plenamente con una
perfecta construcción lógica y también en una mesa con manjares y comensales
selectos o en un rato juego con niños.
José
Antonio practicó siempre la religión como católico de convicción y
sentimientos. En la Pascua florida de 1936, que pasó en la Cárcel Modelo, pidió
la visita de un sacerdote y cumplió con el precepto de la Iglesia.
Dio siempre muestras del valor característico
de los Primo de Rivera. El peligro para él se convertía en atracción y, a su
cercanía, lejos de nublarse, se afinaban sus dotes mentales y sus dotes físicas
antes que padecer torpeza ganaban soltura.
Desde
que se lanzó José Antonio a la vida pública, vivió en riesgo de muerte,
afrontando con despreocupación, pero sin alarde ni actitudes inelegantes.
Cuando atentaron cobardemente contra él en Madrid, salió a la luz de la calle
para repeler la agresión.
Pero además José Antonio es poeta. El
dijo, cuando alzó su bandera, que a los pueblos no los han movido más que los
poetas. Poeta José Antonio por obra del afán poético de su vida, por su dicción
de hermosura medida, por sus discursos de dimensiones precisas, por su clara
armonía de pensamiento y acción, por su Falange, en fin, fervoroso movimiento
de admirable poesía creado para levantar la Patria del suelo caótico y sucio a
la altura de destinos imperiales al grito ineludible y simbólico de
"Arriba España".
(La
Gaceta Regional, 20 de noviembre de 1938.)
De
“DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 169 a 172.