LECCIÓN Y ORDEN

 

ESPAÑA UNA Y UNIVERSA

 

Cuando alzamos en los aires, como una triste espada fulgurante los tres gritos afirmativos de la rotunda voluntad nacionalsindicalista, nuestra primera y más urgente ansia reside en la vocación –e invocación- de unidad. ¡España una! ¡España una! Más, es lo cierto que ese hermoso e inicial grito nos agota los matices de nuestro concepto congregador de gentes y tierras españolas.

 Mejor que " España una " deberíamos decir " España universa ": es decir, con unidad versada en vertientes y versiones. Es preciso desbaratar rápidamente la idea simplista de ciertos " unitarios " a ultranza, que pretenden construir una España uniforme, haciendo una asoladora política de represión de las jugosas diversidades imponiendo una larga serie de monotonías e identidades racionalistas totalmente ajenas al generoso soplo de la vitalidad española. Ni es posible hacer una " España uniforme ", ni es, en modo alguno, deseable. Nuestra unidad no puede ser la simple resultante de una “unión" de disparidades que dirimen por coacción sus diferencias; debe ser como un tema melódico que ligue y de coherencia y sentido a las aparentes autonomías e incoherencias la harmonización sobre qué se apoya. España no se une por lo físico, sino por lo espiritual. Sangre, tierra, clima pueden ser diferentes, pero el destino es el mismo. Las Españas -¡qué bello es y qué sabio este plural!- no son " idénticas ", sino " análogas ". Un mismo soplo le alienta aunque cada mástil sostenga trapo y cordaje correspondientes. Lejos de " confundirse ", se " conjugan ". La unidad española no es una unidad " mineral ", sino " orgánica ". Los españoles se unen con los brazos, no por las raíces.

En definitiva, España es como un poema cuyos distintos versos forman la unidad superior que es la estrofa. Cada verso es un pequeño mundo que tiene un sentido en sí pero que lo realza y colma cuando se le recita entre los versos hermanos coadyuvando, de ese modo, un pensamiento más completo y superior. España es como una hermosa canción salida de la boca de lo eterno, tejida de melancolías y júbilos, palabras de alto amor y gritos de guerra, resignaciones y esperanzas. España ha de ser un coro gigantesco de muy diversas voces concordes.

El que estas líneas escribe practicaba una mañana con José Antonio de los sabios y deleitosos secretos que encierra la prodigiosa definición de la Patria como " unidad de destino universal ". José Antonio sonreía gozoso y manejaba, con hábil pulcritud, conceptos y metáforas. " No nos importan las lenguas que hablan los españoles -nos decía-, nos importa el espíritu de que se van a impregnar sus lenguas. Preferimos que vascos y catalanes griten de corazón " ¡Gora España! " o " ¡Visca España! ", en sus lenguas vernáculas, a que griten "¡Muera España! " En intachable castellano. " Y resumía su hermoso pensamiento en una fórmula que nunca hemos visto reproducida y hoy damos como inédita y de importancia excepcional: No pretendemos se expresen distintos espíritus a través de una sola lengua, sino, al contrario, queremos se exprese un solo espíritu aunque sea a través de lenguas diferentes.

 " España universal ", sí. Con unidad flexible y ágil, cuajada de goznes y muelles que la hagan adaptable al variable vigor de las circunstancias: versada en vertientes y versiones, es decir, sabedora de todos los secretos físicos y poéticos del sol y de la luna. Cuajada de luceros como noche serena y trabajada por un profundo rumor que se corona de espumas como el ancho mar.

 

(El Pueblo Gallego, 17 de noviembre de 1938).

 

 

    De  “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 164 y 165.