CREEMOS
EN TÍ, JOSÉ ANTONIO
por María Encarnación
La
juventud de España, sin fe en los destinos de la Patria y sin fe en sí misma,
arrastraba su vida, vaga y sin luz como castigo por esa falta de fe.
Dudando
ya de su pasado de gloria, impotente, desvencijada ante su forzada inacción, la
juventud española que llegó a dudar de sí misma al dudar de España, orientó
el pesimismo en su vida.
Pero
en octubre del 33 José Antonio, desde un Madrid materialista y frío,
indiferente a todo lo que no estuviese incluido en el programa de su vida monótona,
nos dio una formación poética y nos lanzó, con alegría resuelta, en busca de
la fe perdida.
Y
uniendo un sentido filosófico exacto a un exacto concepto de España, convirtió
aquella juventud del " alma partida ", en milicia de servicio y
sacrificio, al hacernos exigentes con nosotros mismos.
Tuvimos
en José Antonio la " voz de mando " que necesitábamos. Él nos sacó
de la angustia de nuestra inacción al devolvernos el orgullo de una Patria
Grande.
Y
por eso, José Antonio, nosotros, la juventud de España, creímos y creemos en
tí.
En
la época de lucha y dolor, elevaste tu voz ante una gente que no te comprendía
o que se negaba a comprenderte. Supiste de amarguras y soledades y a pesar de
todo seguías escuchando como un iluminado, porque tenías fe en España. Tú
creías en una Patria que entonces se hundía, rota, entre la oscuridad y la
negación. Porque sabías la existencia de una España mejor, eterna, de luceros
y entrañas, amaneceres, guerra y amor.
Porque
tú creíste en Lepanto y las Navas cuando todos se obstinaban en olvidar las
Navas y Lepanto, nos hiciste volver de nuevo a Historia y tuvimos otra vez fe en
el Imperio.
Y
por tí aquella España " triste y chata " que amaste con "
voluntad de perfección ", hoy quiere encontrarse a sí misma, en afirmación
plena y gozosa de su destino.
Tú
creaste en la vida española un sistema filosófico, que al fin Filosofía es,
grande y profunda, una doctrina que establece el sacrificio como felicidad.
Porque la complejidad de tu Ética era sabor hondo de España, que bien vale el
sacrificio. Con un estilo limpio y exacto, nos hiciste adoptar una postura de
lucha que se tradujo en " una manera de ser ".
Y
porque creemos en la suprema realidad de España hemos de creer en ti que nos la
descubriste.
Creemos
en tí, José Antonio, no como deber sino como impulso.
Porque
nos enseñaste lo difícil dándonos ejemplo. Porque fuiste el mejor entre los
mejores.
Dios
te unió al número de sus elegidos cuando montaste guardia en los luceros. Así
el ejemplo de tu vida tuvo su complemento en el ejemplo de tu muerte.
Quisiste
la juventud española en pie de guerra, y por eso hoy el S.E.U., gracia y
levadura de la Falange, busca en los caminos de la lucha el sentido ascético y
militar de la vida.
Y
cuando esta juventud española que cree en ti traía ya prendidas en las
banderas victoriosas las cinco rosas de nuestro haz, te fuiste a los luceros. No
nos dejes nunca, José Antonio. Guíanos desde allí y evita así que el
desaliento de tu ausencia eterna pueda de nuevo transformarnos en negación.
¡Arriba
España!
(Patria,
20 de noviembre de 1938).