UN NUEVO ESTILO

 

Por E. E.

La Falange española, sin ser un concepto totalmente nuevo - acertadamente identificó su doctrina, Pradera, en el viejo tesoro espiritual del Tradicionalismo-, trajo, en su expresión, novedad de estilo. ¿Bueno, malo, mejor, peor? Distinto. Trajo su estilo. El hecho literario es ése. José Antonio Primo de Rivera, su Fundador, aludía "al laconismo militar de nuestro estilo ", pero es notorio que muchos escritores de la Falange no se atienen a esa norma.

Cuando él, en su discurso inaugural de octubre de 33 decía que " nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo y en lo alto las estrellas ", lanzaba el germen del nuevo estilo poético, diáfano y castrense.

Este fenómeno de la novedad en el estilo tiene sus precedentes históricos y literarios y hasta su ley morfológica, porque el idioma es organismo vivo y sujeto, naturalmente, a variaciones. Ni Lope poetizaba como Jorge Manrique, ni Bécquer como Lope y si alguna Literatura nacional ofrece repertorio variadísimo es la nuestra: Luis de León, Hurtado, Gracián y Quevedo ofrecen -dentro de casi una contemporaneidad- las más admirables variantes. Pues este nuevo estilo del Fundador de la Falange es una novedad literaria que, más tarde, será también sometida a análisis. Y como ha ocurrido, en fases literarias análogas, se advertirá sus defectos notorios, adulteraciones de la norma, y se apuntará sus aciertos, los que se incrusten, con carácter ya fijo, en el nervio del idioma. Siempre, al fin, prevalece lo clásico, que se perfecciona con las nuevas asimilaciones y ahora ocurrirá lo mismo. Lo más saliente en nuestras novedades fue una doble novedad: la del Gongorismo y la del Conceptismo. En aquel prevalecía la palabra por sí misma, relegando el pensamiento a segundo plano, o mejor, a un plano que tuviera que supeditarse, en su ajuste, al esfuerzo retórico. Al revés ocurría con el Conceptismo, en el que la palabra tenía que descoyuntarse para expresar el pensamiento. Y estos dos modos nuevos engendraron toda una edad respectivamente de malos escritores, pero crearon categorías de distensión europea con Góngora, Quevedo y Gracián, de cuyos estilos no puede prescindirse, no ya en nuestra Historia, pero ni en la historia universal de las Letras. La aparición de un nuevo estilo ha despertado, siempre, recelos y suspicacias, reproches, y más bien se para mientes en los defectos que en la novedad misma, que es lo significativo y lo interesante. Lo defectuoso cae por sí mismo, pero mientras el público se distrae en la nota exagerada, en la dislocación retórica, el mismo público, sin percatarse, queda contagiado del nuevo estilo, de aquello que es valorable en el nuevo estilo y con lo que el idioma reanima sus anillos vitales, abrillanta el color de los matices y adquiere como un nuevo garbo adjetival. Pero sin merma de la línea melódica que es una, al ritmo del espíritu colectivo de cada nación y que es el que prevalece, mientras no se desnaturaliza el carácter del genio nacional. En este día, quiero yo anotar ese fenómeno literario del nuevo estilo de la Falange.

 (Diario de Navarra, Pamplona, 20 de noviembre de 1938).

 

    De  “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 158 y 159.