EL HUERTO DE JOSÉ ANTONIO
por Jorge Andreu
Alcover
No he querido dejar pasar este doloroso
aniversario de la muerte de José Antonio sin triscar por los campos de su obra,
y a brazadas de frutos, que son las ideas del maestro, depositar en el papel la
emocionada impresión de su recuerdo. Cuando no se es artista para la magnitud
del motivo, la pintura es pobre y la palabra torpe. Se prefiere mostrar el
retrato del muerto que hacer su panegírico con palabras propias. Y no hay
retrato mejor de José Antonio que ese autorretrato, pintado con estilo personalísimo
en el corto pero exacto lienzo de su obra.
José Antonio fue lo perfecto en lo
humano; y ha tenido el hermoso, aunque triste destino, de desaparecer sin vejez.
Ha muerto joven y aquí está su obra amaneciendo, sin cansancio de discusiones
ni incomodidades de limites, virgen para los hombres de buena voluntad que han
vuelto a nacer el 18 de julio de 1936. " Me asombra -ha dicho en sus últimas
amarguras- que aun después de tres años la inmensa mayoría de nuestros
compatriotas persista en juzgarnos sin haber empezado ni por asomo a
entendernos, y hasta sin haber procurado ni aceptado la más mínima información.
"
José Antonio ha sido el personaje
contemporáneo del más exacto equilibrio entre su vida y su obra. Ha predicado
estilo y todo él era estilo. Ha propugnado el sacerdocio de una doctrina y él
ha sido su primer místico. Ha predicado el amor a la Idea hasta morir, y ha
muerto en cárcel. Exigió la austeridad, y habiendo podido escalar todos los
honores humanos, los sacrificó al altísimo honor de hablar de " tú
" a toda España.
Poeta máximo, pasa por la vida con la
elegancia helénica de ocultar su condición, que va sellando toda su obra, como
la huella de una sandalia; y cuando muere, encarga que sean destruidos sus
trabajos literarios, en un magnífico ejemplo de humillación al Arte.
Habituado al clima de altura, en época
de invernadas en el llano, sólo responde a las ideas que le alcanzan, sin
decidirse jamás a mercar las propias de ninguna lonja de concupiscencias.
" José Antonio actuó cuando había que servir a España. Cuando era España
que tenía que servir a alguien, actuaban los otros... "
Domador, si hubiera querido, de esas
deidades municipales " que se empadronan en la vida burguesa bajo los
nombres del amor, del dinero, de la gloria ", José Antonio dimitió su señoritismo,
prefiriendo abrazarse a ese concepto exacto de lo popular, que informa toda su
doctrina.
Negador de los " partidos de humo
", propugnó un heroísmo para fundar, realizado para una obra de fundación,
no para una obra de opinión. Por eso, en aquellas Cortes de " El rey que
rabió ", José Antonio no fue un doctor ante la enfermedad de un pueblo,
sino un filósofo ante el cadáver de un régimen.
Todo el hierro y cemento del Palacio de
los Diputados separaba a dos grandes solitarios. Dentro del palacio, José
Antonio. En la calle, España. El nuevo Amadís, como un galanteador campero, la
visitaba en sus descansos ciudadanos, por las tierras de Castilla adentro. Y la
requería de amores. Pero a quien amaba era a la otra: a la España exacta, dura
y difícil, que estaba más allá de aquellos molinos de viento y de aquella
venta de maritornes. A la España que jamás amó en reaccionario, sino en su
entraña viva, tradicional y progresiva. " Del Imperio al Imperio, de las
cenizas del Imperio pasado al vuelo del Imperio futuro. " Con todo el
impulso juvenil de llevarse por delante cuanto por caduco y enquistado en el
Bien es blando para el hijar y es hierro para la brida. Con Tradición y con
Revolución.
Para la Tradición, este concepto:
adivinar lo que harían las grandes figuras de nuestra Historia en el tiempo y
las circunstancias presentes. Y hacerlo.
Para la Revolución, este otro: La
Revolución está tan lejos del concepto de " revuelta " como de la
actitud de "hacerse los desentendidos ". La Revolución bien hecha, la
que de veras subvierte duraderamente las cosas, tiene como característica
formal el " orden ". Pero no el orden bobalicón que se consigue con
unos miles de guardias más, sino el " nuevo orden " basado en la idea
de la " edificación " material y de la " justicia ", en lo
espiritual.
Contra los que abrigan el miedo a "
nuestra revolución ", José Antonio se revuelve y les llama bolcheviques.
"Quizá por nuestro esfuerzo -exclama- logremos consolidar unos siglos de
vida, menos lujosa para los elegidos, pero que no transcurra bajo el signo de la
ferocidad y de la blasfemia. En cambio, los que se aferran al goce sin término
de opulencias gratuitas; los que reportan más y más urgente la satisfacción
de sus últimas superfluidades que el socorro del hambre de un pueblo; esos intérpretes
materialistas del mundo son los verdaderos bolcheviques. Y con un bolchevismo de
espantoso refinamiento: el bolchevismo de los privilegiados. "
Conceptuador espiritual de la política
de su pueblo, hace símbolo de su Partido las fechas y el haz de nuestros Reyes
católicos.
Y él había bendecido nuestra nueva
denominación, a la que seguramente no hallara novedad.
" Falange Española Tradicionalista
". Quien amó la metafísica de España y gustó de volar, con alas nuevas,
por el cielo de su gloria pretérita, fue un tradicionalista en la exacta y
definidora expresión de ese vocablo.
" Y de las Juventudes Ofensivas
Nacionalsindicalistas ". Quien ideó una doctrina por la que hoy mueren los
mejores y más jóvenes de los españoles; un verticalismo en el amor; de la
patria grande a la patria chica, del amor por todos al amor por uno mismo; en la
producción: desde el hachazo al roble a la talla del ebanista; en las
conductas: de la vida pública a la vida privada, fundiendo los dos " yo
", que anduvieron tanto tiempo dispares, en una exacta coincidencia de
espejo... Quien tales cosas ha hecho, bien lo podemos conceptuar como el más
joven de nuestros jóvenes, el más ardido de nuestros combatientes y el más
disciplinado de nuestros nacionalsindicalistas.
José Antonio nos ha legado, además,
una sabia lección de catolicidad, empezando por definirnos " como
envoltura carnal de un alma, que escapa de salvarse y de condenarse " y señalándonos
un camino recto, que deja en vericueto todo lo adjetivo y secundario. " La
línea más corta entre dos puntos es la que pasó por los luceros. " Y el
final de su vida -empedrada de buenas obras-, esa invocación al cielo: "
Pido a Dios que, al juzgar mi alma, no le aplique la medida de mis
merecimientos, sino la de su infinita misericordia. " Y en despedida que
cuaja en lágrimas los ojos, sublimación del " amamos los unos a los otros
", con reverberación ya de lucero, estas palabras: " Que la sangre
vertida me perdone la parte que he tenido en provocarla, y que los camaradas que
me precedieron en el sacrificio me acojan como el último de ellos. "
A los que aquí nos quedamos nos ha
hecho, en fin, el regalo de su doctrina.
De su liturgia sólo he de glosar dos
pasajes: uno, que yo traduzco en confianza en nuestro Caudillo de hoy; otro, que
es recomendación de elite en la selección de sus oficiantes.
Dice el primero: " No nos afanemos
en idear máquinas de gobierno. Tanto vale como proponerse dar con la máquina
de pensar o de amar. Ninguna cosa auténtica, eterna y difícil, como es el
gobernar, se ha podido hacer a máquina; siempre ha tenido que recurrirse a última
hora a aquello que, desde el origen del mundo, es el único aparato capaz de
dirigir hombres: el hombre. Es decir, el jefe. El héroe.
" La Fe se irá comunicando de
hombre a hombre, en esa forma de comunicación elemental, humana y eterna que ha
dejado su rastro por todos los caminos de la Historia. "
Dice el segundo: " Se trata de
ajustar en carne y hueso, en cuerpo y alma, en jurada hermandad, una máquina
humana invencible, al servicio de España. Si se mira bien, tenemos demasiada
gente. Demasiada gente que convive con nosotros en excelente y generoso deseo,
pero que está unida a nosotros por la mera opinión, como cualquier partido político.
A nosotros sólo tienen que unirse los afiliados como una hermandad de fundación,
como a una orden militar y religiosa, donde habrá que hacer en su día
noviciado, vela de armas, toma de hábito y toma de juramentos. "
Nada más quiero decirte, lector. Del
huerto -demasiado tiempo solitario- que gusto recorrer para solaz de mi espíritu
y alijo de mi fe, que ha ofrecido un buen ramo... y el jardín sigue cuajado de
frutos. Si he conseguido hacértelo amar y lo visitas, darás categoría de
ofrenda a este artículo, y hallarás, con un mejor ingenio, mejores cosas.
A mí, de por vida, me has de encontrar
en él.
(La Almudaina, Palma de Mallorca,
20 de noviembre de 1938).