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NOVIEMBRE: JOSÉ ANTONIO
MEDITACIÓN EN LA INTEMPERIE
por J. Conceiro
Luchar hasta encontrar la forma,
conocernos: he ahí el sentido de la vida.
Luchar hasta encontrar la forma de
contornos clásicos, erecta, sin ondulaciones voluptuosas, propias del
decadentismo amargo. Por ello amamos la erección de la postura arma al brazo y
la anteponemos a la contemplativa griega.
Nuestra mano siniestra ha de pulsar la
lira y nuestra diestra ha de empuñar la espada. Cuando nuestro pie busca
destino que le afiance sobre la bestia que a raudo galope nos llevará al
combate, nuestra mano se acercará a los labios para tirar el último beso a la
amada. Esa es nuestra forma, para después (traspasado el umbral de la
existencia humana) nacerá la vida verdadera. Es la postura que con intuición
de artista y de profeta nos encontró
José Antonio. Como Eugenio, él eligió su muerte y encontró y creó la forma.
No en actitud yacente, sino mitad monjes y mitad soldados. La rodilla doblada en
tierra y el escrito elevado al cielo y perdido en el ansia del combate.
Nosotros le escuchamos, aprendimos la
forma, pero no fuimos artistas para crearla ni nos sentimos conductores para
impugnarla. Somos legión de cruzados que erguidos seguimos la figura apuesta
del Caballero, loco a los ojos de mercaderes egoístas y venteros ruines, pero
que no llegamos a adquirir la gallardía de su silueta.
En él, sólo en él, cupo el intuir e
inculcar la norma. " Nuestro puesto está al aire libre, arma al brazo y en
lo alto las estrellas ", y sobre el camino estelar, el más corto, quedó
prendida su alma con perfiles clásicos de ansias de vida eterna en la noche
alicantina, triste del mes de noviembre, mes de Difuntos y flores, cuando las
rosas que se doblan sobre los cuerpos de los que cayeron se prenden en las
fechas que bordaron madres y novias en vísperas de combate.
También en sus flechas -las más
tempranas- se prendieron rosas- las más frescas- de las madres y las novias de
aquellos camaradas que mirando en él encontraron su forma sobre los campos España
y lo alto de las estrellas.
(El
Adelanto, 20 de noviembre de 1938).
De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Pág. 149.