19 NOVIEMBRE: JOSÉ ANTONIO

 

MEDITACIÓN EN LA INTEMPERIE

 

por J. Conceiro

 

Luchar hasta encontrar la forma, conocernos: he ahí el sentido de la vida.

Luchar hasta encontrar la forma de contornos clásicos, erecta, sin ondulaciones voluptuosas, propias del decadentismo amargo. Por ello amamos la erección de la postura arma al brazo y la anteponemos a la contemplativa griega.

Nuestra mano siniestra ha de pulsar la lira y nuestra diestra ha de empuñar la espada. Cuando nuestro pie busca destino que le afiance sobre la bestia que a raudo galope nos llevará al combate, nuestra mano se acercará a los labios para tirar el último beso a la amada. Esa es nuestra forma, para después (traspasado el umbral de la existencia humana) nacerá la vida verdadera. Es la postura que con intuición de artista y de profeta nos  encontró José Antonio. Como Eugenio, él eligió su muerte y encontró y creó la forma. No en actitud yacente, sino mitad monjes y mitad soldados. La rodilla doblada en tierra y el escrito elevado al cielo y perdido en el ansia del combate.

Nosotros le escuchamos, aprendimos la forma, pero no fuimos artistas para crearla ni nos sentimos conductores para impugnarla. Somos legión de cruzados que erguidos seguimos la figura apuesta del Caballero, loco a los ojos de mercaderes egoístas y venteros ruines, pero que no llegamos a adquirir la gallardía de su silueta.

En él, sólo en él, cupo el intuir e inculcar la norma. " Nuestro puesto está al aire libre, arma al brazo y en lo alto las estrellas ", y sobre el camino estelar, el más corto, quedó prendida su alma con perfiles clásicos de ansias de vida eterna en la noche alicantina, triste del mes de noviembre, mes de Difuntos y flores, cuando las rosas que se doblan sobre los cuerpos de los que cayeron se prenden en las fechas que bordaron madres y novias en vísperas de combate.

También en sus flechas -las más tempranas- se prendieron rosas- las más frescas- de las madres y las novias de aquellos camaradas que mirando en él encontraron su forma sobre los campos España y lo alto de las estrellas.

(El Adelanto, 20 de noviembre de 1938).

  

De  “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Pág. 149.