JOSÉ ANTONIO O LA EXIGENCIA

 

Se cumplen hoy los dos años del asesinato de José Antonio. Por orden del Caudillo, que ha recogido el sentimiento nacional, España viste hoy de luto. No es el dolor de España un dolor desesperado, ni un dolor anonadante. Es, por el contrario, un dolor sereno, contenido y varonil. Es un dolor que contrae el ánimo y le pone tenso para el pensamiento y para la acción. Cuando se piensa en su vida y su muerte se siente la vergüenza de los propios desfallecimientos. Tiene su vida una grandeza clásica. Se recuerda aquel verso estremecedor: " Los amados de los dioses mueren jóvenes. " Transportado el verso pagano a nuestras creencias y sentimientos cristianos, se hace todavía más duro y transparente. José Antonio murió joven porque era un elegido.

Nada más lejos de una figura romántica que esta figura de mozo español. El descontento romántico suele nacer de la insatisfacción individual por lo que la vida nos niega. A José Antonio la vida le había regalado espléndidamente toda clase de dones. Arrogancia, talento, ventajas sociales. José Antonio no se envanece de ellas. José Antonio no pide ni una satisfacción más a la vida. José Antonio, sin embargo, no se siente contento. José Antonio ama a España y ama la justicia. El panorama de su Patria es desolador. A cualquier parte donde dirige la mirada se encuentra con la chabacanería, la cobardía, la cuquería o con la brutalidad y la barbarie. José Antonio medita sobre el dolor y la tristeza de España. Exigente consigo mismo, aclara y perfila implacablemente su pensamiento, pule y acicala su estilo, y cuando sale a la vida pública española aparece con un grave continente con que nuestros grandes pinceles han sabido fijar la figura de los mejores ejemplares de la casta. Todo en él es contenido y severo; todo es digno y sereno. No cede nunca a la facilidad. Jamás tiene la menor transigencia por lograr un éxito inmediato. Frente a las almas de compromiso se irguió con gesto inequívoco de protagonista, con un alma entera y decidida, lo que no quiere decir con una alma simple. Nada más complejo que su pensamiento y su acción, pero nada más sencillo. Había gentes en el ámbito nacional -¡Qué duda cabe!- que tenían un pensamiento riguroso y gran agudeza, pero carecían de voluntad para la acción. Había otras bien dispuestas por la voluntad, pero faltas de pensamiento.

José Antonio, español integral, miró su Patria y exclamó: " Amamos a España porque no nos gusta. " En esta frase está el tratado de su pensamiento y de su acción, está la esencia misma de su manera de ser. Realista, sabe que él no es ni puede ser otra cosa que español; sabe que el hombre es temporalmente el hijo de la historia de su nación, el resultado de su cultura. Y José Antonio ve que la historia de su Patria no es una historia cualquiera. " Ser español, afirma, es una de las tres o cuatro cosas serias que se puede ser en el mundo. " Y, sin embargo, la España en que vive es una triste y deplorable realidad. No se le ocurre entonces, como a los descontentos débiles, buscar un efugio a su angustia. Al contrario, encara la realidad de su Patria y quiere transformarla. No oculta las miserias y las injusticias que la corroen. Sin blanduras sentimentales y sin exageraciones melodramáticas -sin romanticismo, en una palabra- las pone delante de los que no las quieren ver. Las muestra en su escueta y terrible realidad, con el mismo realismo espiritualista con que ha representado la vida nuestra pintura. Y de pie, varonil y sereno sobre esa realidad desagradable, levantó los ojos a las estrellas. Es el rapto poético. Su verbo se enciende, su temple se endurece. Ha nacido en él el guía de la juventud, el vate y el héroe. Realidad y poesía son las dos apoyaduras de su palabra y de su acción. No ha buscado efugio ni refugio contra el dolor y el esfuerzo. Lo ha convertido en motivo central de su vida. A la alegría de España por el dolor de España.

Su ejemplo prende en los pechos juveniles. De pronto, entre los cucos y los bárbaros, surgen unos jóvenes que aman hondamente la vida porque están dispuestos a afrontar heroicamente la muerte. Las virtudes castrenses de disciplina y honor rigen en adelante sus conductas. España es un valor moral que reclama nuestro sacrificio. No puede haber españoles para quien España no sea un valor moral. Para ello es menester que no haya españoles en la miseria y el abandono. España tiene que ser justa y fuerte. Hay que ponerse a la tarea.

La lección de la vida y muerte de José Antonio es la de la exigencia. José Antonio se exigía todo, día a día, de sí mismo. No cedió a las tentaciones fáciles, que son las peores de las tentaciones, las que nos deshilachan como un tejido inconsciente. La chabacanería, la rutina, la pereza, la molicie nos acechan. El menor descuido y se nos han colado en el ánimo. El alma es un castillo que defender cada minuto. José Antonio la defendió, y la defendió cristianamente, hasta el momento mismo en que las balas del odio y de la fealdad la liberaron para siempre de todos sus enemigos. El amor a España nos obliga a anhelarla cada día mejor, cada día más justa, cada día más poderosa. No nos podemos dejar adormecer por ningún cómodo optimismo. Hacer de la realidad poesía es la misión de los grandes espíritus. De la triste realidad que le circundaba hizo José Antonio la poesía de España.

Contra toda fealdad, contra toda injusticia, debemos siempre levantar a España.

José Antonio no debe ser nunca para nosotros una perfección en el pasado. José Antonio es el ejemplo de un noble descontento que conduce al pensamiento y a la acción heroicos.

¡José Antonio Primo de Rivera!

¡Presente!

 

(El Correo Español, El Pueblo Vasco, 19 de noviembre de 1938).

 

  

De  “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 147 y 148.