JOSÉ ANTONIO ANTE TRES PROBLEMAS DE ESPAÑA:

TIERRA, CAPITALISMO, TRABAJO

 

 

Conferencia pronunciada por el micrófono de "Radio España" de San Sebastián, el viernes 21 de octubre de 1938. W. A. T., por el camarada Ángel B. Sanz, Jefe de la Sección de Economía y Hacienda de la Delegación de Servicios Técnicos de Madrid.

 

Enjuto al llegar a Francia hizo en la prensa las primeras declaraciones de la muerte de José Antonio, como juez que fue de su causa, crimen de amor a España, cuyo verdugo no podemos olvidar la Falange. El camarada Fernández-Cuesta nos informó públicamente de su muerte.

Nuestro Caudillo la comunicó oficialmente a la Nación.

Todos los homenajes para el creador de la Falange nos parecen pocos; ninguno mejor que divulgar su doctrina en lo relativo a los problemas fundamentales de España, sobre los cuales trazó maravillosamente orientaciones generales, uniendo el sentido místico de su pensamiento a la realidad. Con la emoción del recuerdo, con la fe de su credo, quiero hablaros hoy de tres: La Tierra, el Capitalismo y el Trabajo.

TIERRA

" España es casi toda campo " -ha dicho José Antonio-, campo al que debemos la situación económica de la España nacional, ante la que, como ante los milagros, quedan admirados los extranjeros que nos visitan. Campo que cultivado durante la lucha por niños, mujeres y ancianos ha demostrado la riqueza de nuestra Patria.

El corazón de España está en el campo, y por eso las regiones más característicamente agrícolas -Castilla, Navarra, Aragón, Andalucía y Galicia- estuvieron, desde el primer momento, incorporadas a nuestro Movimiento salvador.

El marxismo desatendió el campo y concentró su actuación en las regiones mineras e industriales. Las masas de este tipo son masas aptas para los movimientos revolucionarios; el campesino no constituye nunca grandes concentraciones y, como tal, sólo interesaba a los hombres de la República para hacerle objeto, ni siquiera sujeto, de aquellas sucesivas y disparatadas reformas agrarias.  

La propiedad rústica, el fundamento de nuestra riqueza, la representación genuina de ella, según Spengler, fue desvalorizada. Se predicaba mucho: ¡La tierra para el que la trabaja!, para terminar recientemente los gobiernos rojos despojando de los frutos del trabajo a los campesinos.

José Antonio fijó claramente el concepto fundamental del problema agrario cuando dijo que en esta idea de la tierra no era la égloga rusoniana, sino la geórgica, que es la manera profunda, severa y ritual de entender la tierra.

Y este concepto radicalmente opuesto al seguido hasta aquí, nos obliga a considerar el campo, no desde el punto de vista exclusivamente técnico, sino con un sentido místico, porque las tendencias modernas de la Economía, representadas por la Escuela vienesa, seguidas por Ponetto y los fascistas de Italia, e implantadas con tanto éxito en Alemania, demuestran la clarividencia de José Antonio, al enfocar el problema agrario, con el espíritu de la mística, que informa toda su doctrina.

Toda nuestra primordial atención para el campo, como elemento de riqueza, como oro infusible, para nuestra economía, pero, sobre todo, como deber humano, porque desatendidos campesinos y propietarios por los gobiernos izquierdistas, inmolados sus esfuerzos a la masa industrial, es necesario terminar para siempre con los pueblos sucios e inhabitables y con esos hombres a quienes tanto debe la Nación que José Antonio glosó, diciendo: "Que de sol a sol se doblaban sobre la tierra abrasadas las costillas y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la Economía liberal, 70 y 80 jornales de tres pesetas."

Este sentido místico y español del agro, conceptos sinónimos, llevan a nuestro Caudillo a dictar las auténticas leyes para el campo. Primero, la batalla del trigo, creando un servicio nacional de protección al productor, que le libró de las garras de la usura, carroña secular de nuestra vida rural. El mismo espíritu llegó después al "Fuero del Trabajo" con la creación de un huerto familiar. El pedazo de tierra necesario para el sustento de la familia campesina, propiedad absoluta del labriego, como debe entenderse la propiedad, en nuestro credo, como proyección totalitaria del hombre sobre las cosas. Idea tan genial que ha sido adaptada en Francia recientemente bajo forma del domaine-retraite  para los trabajadores. Y este huerto supone una de las razones para ligar al campesino a la tierra y tiende a impedir la emigración a la ciudad, de tan funestos resultados.

Campo y ciudad eran los términos antagónicos en España. El campo se despojaba justamente, no deben dolernos las prendas, porque la vida rural era impropia de seres humanos. No sólo la despoblación la producía el campesino, también el propietario con su familia gastaba en la ciudad las rentas que obtenía en el campo, dejando en su representación al administrador, estaca de cacique, sin el amor a la tierra y sin el sentido moral de la responsabilidad de aquella aristocracia campesina reciente española, cuyas viviendas blasonadas en los pueblos son el recuerdo de un tiempo de riqueza en nuestros campos, cuando entre señores de alcurnia y monjes de la orden del Císter la tierra de España era riqueza incalculable.

Para que esto vuelva a ser, hemos creado la " Hermandad del Campo y la Ciudad ". Es preciso, es necesario, que, primero, a los propietarios de extensiones rurales vuelvan a los pueblos, y, después, que las juventudes de las ciudades de ambos sexos, en lugar de gastar las vacaciones en playas de nuestras fronteras, compartan la alegría de las sierras bajo los cielos azules y las vendimias en las otoñadas de oro.

Es preciso llevar al campo gentes con necesidades que, al no tenerlas satisfechas, realicen cuantos esfuerzos, en inteligencia y en dinero sean necesarios para llevar agua y alegría a los pueblos. Pueblos que son España entera y a los que con deleite sádico ofendió un día Azaña llamándoles " burgos podridos ".

Cuando el pueblo sea habitable, y eso tienen que hacerlo las gentes de la ciudad, cuando el campesino tenga un jornal justo, y un huerto, y se monten talleres familiares para trabajar los productos del campo como las fibras, las maderas, el queso, los cueros, etc., la emigración habrá terminado. Habrá otra vez la aristocracia campesina, que no sólo edificará mansiones personales, sino que contribuirá a la creación de escuelas, de cinematógrafos, de hospitales, de campos de deporte, pero sobre todo ejercerá el influjo moral de una superioridad, que educa más que la prosa jurídico-vengativa de las Reformas Agrarias.

El camarada Fernández-Cuesta, siguiendo ese espíritu de nuestro credo, ha dictado la orden de repoblación forestal, no con fiestas del árbol, paradójicas y absurdas en una nación sin árboles, sino creadora eficaz de una arbolado básico, para nuestra riqueza, que nos permite montar industrias tan importantes como la de celulosa, la pasta de papel, las esencias obtenidas por destilación y los transportes a base de gasógeno, tan necesarios para aminorar la importación de los derivados del petróleo.

¿Quiere esto decir que no hemos de hacer una modificación técnica de las condiciones de explotación de la tierra?

De ninguna manera; José Antonio, mucho más que ninguno de los autores de las reformas de los bienes republicanos, trazó el proyecto. Es así: " ¿En qué consiste desde un punto de vista social la reforma de la agricultura? Consiste en esto: Hay que tomar al pueblo español, hambriento de siglos, y redimirle de las tierras estériles, donde perpetúa su miseria; hay que trasladarle a las nuevas tierras cultivables; hay que instalarle sin demora, sin esperar siglos, como quiera la contra-reforma agraria, sobre las tierras buenas. "

Tiene más contenido este párrafo que acabo de citar, que todo aquel fárrago de las Reformas Agrarias republicanas, no solamente estériles para el campesino, sino destructoras del valor económico de las tierras. Toda reforma económica necesita de la ayuda técnica, pero no de la técnica fría, sino de aquella que une a los preceptos científicos un sentido espiritual de los problemas.

Una reforma agraria necesita estudio detallado del problema en cada una de las regiones españolas. No puede ser igual en Vascongadas, que en Valencia; no se parecen en nada las condiciones técnicas y las sociales de los cultivos de Valladolid y Sevilla, y sólo en mentes alucinadas por el sufragio universal pudo caber el disparate de una reforma agraria dictada desde Madrid de manera general para todas las regiones de España.

Por último, hacen falta créditos para el campo. Es nuestra riqueza fundamental y devuelve con creces el numerario que en él se invierte. El propietario rural necesita dinero para poder hacer la transformación de los pueblos. Alargaría demasiado esta charla hablando de los sistemas; existen soluciones, y es necesario ponerlas rápidamente en práctica.

Si la República desatendió, porque no le interesaba, al Agro español, José Antonio cifraba en él nuestro resurgimiento económico. El Caudillo ha plasmado en leyes auténticas su ideario, porque para él como para todos los hombres de nuestra nueva España, la tierra, la santa tierra, es la primera preocupación y el primer problema social.

CAPITALISMO

En materia económica, la Humanidad ha querido buscar soluciones en contra del sistema capitalista, y es lo cierto que no se han logrado. El capital es necesario, básico e imprescindible para la producción industrial de nuestra época, únicamente posible en régimen capitalista.

Carlos Marx no sólo estaba equivocado en su concepto doctrinal, sino que era un tipo vengativo, y con criterios de odio nunca ha podido progresar la humanidad. Escribía voluminosos tomos en los que adulaba a las masas obreras y escribía cartas a su amigo Federico Engels, diciéndole que los obreros eran una plebe y una canalla, a la que no había que ocuparse sino en cuanto sirviera para la comprobación de sus doctrinas.

Las doctrinas del liberalismo, tan materialistas como el marxismo, que sólo tenían como móvil el lucro personal, han transformado el capital haciéndole pasar de elemento de trabajo a poder dominador, por su excesiva concentración, y es en este aspecto en el que nuestras doctrinas exigen una evolución, devolviendo al capital su esencia y haciéndoles cumplir su función social.

Coincide la evolución del capital con la evolución social de las masas, y es lo cierto que mientras el capital fue instrumento de trabajo el artesanado se desarrolló; artesanado en que existía pujante la personalidad del trabajador; cuando el capitalismo concentrado domina " surge la gran industria, y con ella la transformación del artesanado en proletariado ".

Se realizan una serie de distorsiones del capital, cual son los Trusts, los Holdings, las concentraciones bancarias supercapitalistas que conducen a la descomposición; no del capital, sino del sistema, al que asistimos actualmente como fenómeno mundial.

El siglo XIX produce la transformación de la propiedad individual en propiedad anónima. Existe un tipo de industrial que crea dinastías, heredando los hijos, las fábricas y el nombre de los padres y conservando la individualidad. La banca es, también, de tipo familiar, confesionario en las ciudades de los dolores económicos, e impulsadora de los negocios industriales, pero al finalizar el siglo, el capital se concentra, la sociedad anónima domina como forma toda nuestra época, y ésta que nace, con una finalidad lógica para conseguir capitales aplicados a la producción, evoluciona en capital financiero dispuesto al agio: fenómeno glosado maravillosamente por José Antonio, cuando dice: " La sociedad anónima es la verdadera titular de un acervo de derechos, y hasta tal punto sea deshumanizado, hasta tal punto le es indiferente ya el titular humano de esos derechos, que el que se intercambien las acciones, no varía en nada la organización jurídica, el funcionamiento de la Sociedad entera. "

Las verdades sencillas se imponen siempre, y así ideas que llenaron un siglo se destruyen por la eficacia de los hechos. Hemos montado una economía con sistemas de cobertura, a base de oro, y, actualmente, la evolución de dos pueblos como Italia y Alemania, y con escasas reservas de metal amarillo han creado dos naciones potentes, nuestra guerra milagrosamente sostenida en su aspecto económico por el campo y por el espíritu como fuerza constante, aseguran a los pueblos un bienestar mayor que las concepciones económicas del liberalismo.

Ya Juan Jacobo Sutter, el descubridor de los yacimientos auríferos de California, decía que el oro le había arruinado, como ha destruido actualmente a las huestes de Prieto, que cifraba su triunfo en la posesión de los tesoros nacionales, alegremente dilapidados en compra de armas viejas, que les ha llevado al fracaso, porque sin espíritu no se preocuparon de montar una industria como la nuestra, ni de impulsar una agricultura como nosotros.

San Basilio de Cesárea, decía: " Locura increíble cavar el oro, cuando el oro estaba en las minas y volverlo a enterrar en la tierra, después. "

Ni el acero ni el hormigón, máximos elementos de resistencia, han evitado el despojo de las cajas, pero el fallo estaba en creer más en el hormigón y en el acero, que en la formación recia del espíritu de los hombres, única y auténtica salvaguardia de lo material. Hay que reconocer con José Antonio que " el liberalismo económico tampoco en realidad tuvo que fallar en España, porque la mejor época de liberalismo económico, época heroica del capitalismo en sus orígenes, el capital español, en general, no la ha vivido nunca ".

Nuestro Caudillo, certeramente, ha llevado al " Fuero del Trabajo " las orientaciones fundamentales de este problema. El capital ha de estar al servicio de la nación antes que al servicio del individuo, tiene una misión social que cumplir, clara y terminante, la reconstrucción de nuestra Patria, ante cuyo problema no caben egoísmos ni pueden ser tolerados. Cuando familias enteras han dado su sangre en lo más florido de nuestra juventud, no ha sido para defender posiciones de privilegio económico, sino para lograr la Patria para todos como " unidad de destino ".

Por todo eso el crédito se funda, según el " Fuero del Trabajo ", en garantías de honradez y de competencia, más que sobre garantías mobiliarias e inmobiliarias que hemos visto cómo pueden desaparecer.

Necesitamos una Banca moderna y comprensiva, que, bajo la tutela del Estado, como certeramente ha previsto nuestro Caudillo en su reciente ley, encauza la política crediticia hacia el desarrollo de las iniciativas dignas de ser tomadas en consideración.

Es preciso que, de una vez para siempre, acordemos la mutación económica de España. Paradójicamente, nuestra Patria, pletórica de riquezas materiales naturales, tiene una contextura pobre.

Hemos vivido en la pobreza, pobreza administrativa, pobreza industrial, pobreza en todo, cuando tenemos medios propios para vivir, por lo menos con holgura, desprenderse a tiempo de los que, sobre a quienes sobra para que a quienes todo falta, lleven un vivir digno, es la primera necesidad. La experiencia ha sido dura y estamos a tiempo de imitar aquello que han hecho otros pueblos para ser grandes.

Y esta charla no pretende apuntar soluciones concretas, no trato en ella sino de recobrar el ideario, poco conocido de José Antonio, y digo poco conocido porque si lo fuese no surgirían críticas de sectores de la opinión que sólo en el desconocimiento pueden tener origen.

Además, nosotros no somos partidarios de los programas concretos, aprendimos que lo necesario en los pueblos es crear un modo de ser, una manera de sentir que conduzca en la aplicación a los hechos, a soluciones que dicta, precisamente, la manera de sentir. El Nacionalsindicalismo, que funde con la visión totalitaria del Caudillo la recta tradición española con la doctrina de José Antonio tiene un programa vasto, vastísimo, que se resume en una palabra: España.

Si tuviéramos esos pomposos programas de los partidos democráticos, seríamos un partido más; pero como José Antonio dijo: " ¿Cuándo habéis visto vosotros que esas cosas decisivas, que esas cosas eternas como son el amor y la vida y la muerte se hayan hecho con arreglo a un programa? Lo que hay que tener es un sentido total de lo que se quiere; un sentido total de la palabra, de la vida, de la historia, y un sentido total, claro en el alma que nos va diciendo en cada coyuntura qué es lo que debemos hacer y lo que debemos preferir. "

Aplicado este modo de ser al problema capitalista, las soluciones son tan lógicas que están íntimamente ligadas con la doctrina de Cristo y con la moral cristiana, que no es difícil exponerla.

" Ni un hogar sin lumbre, ni un español sin pan -ha dicho el Caudillo-, lo que supone el esfuerzo colectivo de la nación. La inteligencia con sus planes y proyectos que puedo aseguraros que no faltan, la mano de obra con su esfuerzo, el capital con su aportación a rehacer la Patria restañando heridas, que sí pueden cerrarse, y yo os aseguro que muchas pueden serlo mediante el empleo del dinero. ¿Qué mayor satisfacción para quienes lo posean que poder aplicarlo en algo tan grato, tan justo y tan noble? "

Para fijar claramente este día y terminar este problema, escuchar la voz de José Antonio: " La propiedad no es el capital; el capital es un instrumento económico, como instrumento, debe ponerse al servicio de la totalidad económica, no del bienestar personal de nadie. "

TRABAJO

Hay una mística del Trabajo.

Sólo el alma judía de Marx pudo definirlo como maldición, cuando entre los bienes que Dios depara a los hombres es el primero, después de la salud, el trabajo.

Y esta idea del trabajo como maldición la realizó el liberalismo. Destruido el artesonado, donde el trabajo era un bien surgió el concepto del jornal horario y del hombre máquina que transformó al hombre en el autómata.

Necesitamos devolver al trabajador su individualidad, es preciso atenderle para proporcionarle "una idea justa"; de ello depende el porvenir y la paz de España.

Frente a la lucha de clases José Antonio vislumbró el Sindicato vertical. Patronos, técnicos y obreros unidos por el vínculo de una actividad común, la producción en la que todos colaboran. Este sindicato necesita nexos económicos, ventajas derivadas de su esfuerzo, como son la partición en beneficios, la previsión social, la casa propia y limpia y habitable y, sobre todo, la mutua comprensión de los tres factores productivos.

Mucho se ha logrado, en esta guerra, para evitar la despiadada la lucha de clases que era el punto de apoyo del marxismo. En las trincheras ha convivido y ha sentido colectivamente el mismo ideal muchachada magnífica, en la que han formado desde lo más florido de nuestra aristocracia hasta los hijos más humildes de nuestros campos.

Orientada en el mismo sentido la legislación de Franco, ha logrado para el obrero ventajas tan decisivas como el subsidio familiar que robustece la familia, esa organización tan genuinamente española que envidian los demás pueblos del mundo.

Las doctrinas de Marx han envenenado de odio a las masas en forma tan cruel que " no bastaba -como certeramente ha dicho Spengler- al criado con sentarse en la mesa de su señor, sino que aspiraba a ver al señor convertido en su lacayo ". Así no puede existir solución alguna, insisto una vez más en que sólo con amor puede abordarse el problema social, amor y justicia económica que impidan la repetición de la tragedia.

José Antonio, perteneciente a una clase social elevada, sentía la preocupación honda de la vida obrera. No oponía a la idea marxista más idea que la de la Patria para acercarse al obrero, y sería son estas afirmaciones recogidas después de la legislación con el mismo espíritu por el Generalísimo: " Los obreros -decía- no se escucharán y cuando nos escuchen ya no creerán en lo que les dijeron, porque precisamente cuando se quiere restaurar, como nosotros, la idea de la integridad indestructible de destino, es cuando ya no se puede ser reaccionario. Se es reaccionario, alternativamente, cuando se vive en régimen de pugna; cuando una clase acaba de vencer a otra y la clase vencida aspira a tomar represalia, pero cuando nosotros no entramos en ese juego de represalia de clase contra clase o de partido contra partido, nosotros colocamos esta norma de todos nuestros hechos por encima de los partidos y de las clases. Nosotros colocamos esa norma y ahí está lo más profundo de nuestro Movimiento en la idea de una total integridad de destino que se llama Patria. Con ese concepto de la Patria, servida por el instrumento de un Estado fuerte, no dócil a una clase ni a un partido, el interés que triunfa es el de la integración de todos en aquella unidad, y no en momentáneo interés de los vencedores. Y esto lo sabrán los obreros y entonces verán que la única solución posible es la nuestra. "

Por eso a los obreros auténticos, que equivocados luchan frente a nosotros, quiero decirles lo que nosotros sentimos; escucha pues, obrero español, nuestro credo para que no veas en la España nacional sino tu verdadera y única Patria.

Primero siente que hay un Dios que eligió en la tierra de los apóstoles, obreros como tú, para acompañarle. Cuando en tu hogar hay una pena, el consuelo de su existencia serán un lenitivo para tu dolor. El trabajo es un don al que tienes derecho, lo haces un culto digno de tu deber de obrero.

No te queremos " proletario ", queremos devolverte tu personalidad. Serás oficial, maestro de tu oficio, y te destacarás personalmente en él, educándote y superando a aquellos compañeros que trabajan contigo de otros pueblos extraños; pues tú no eres menos apto que ellos.

Debes trabajar cuanto puedas y de tu trabajo tendrás la remuneración que te corresponda en jornal y en beneficio. Tu director, tu patrono no son tus enemigos, sino tus compañeros.

Piensa que eres español, y, por serlo, cuanto hagas bueno o malo repercute en ti, en los tuyos y en tu Patria, que es España; país de grandes epopeyas a la que tienes el honor de servir.

Un señorito, José Antonio, te llamó camarada y otros señoritos te lo seguirán llamando, porque, como tú, visten una camisa azul, que ostentan orgullosos.

De tu perfeccionamiento, de tu interés en trabajar más y mejor depende la grandeza de tu Patria, que se traduce en bienestar material para ti y los tuyos.

Se consciente, honrado, laborioso y buen obrero, para ser digno de los tuyos y de tu Patria.

Si cumples esos deberes primordiales de honradez de sentimiento, de laboriosidad, ten por seguro que lo mismo que José Antonio te llamó camarada, Franco, el patrón de todos los obreros de España, te dará jornal humano, casa limpia, retiro, reposo, vida menos dura.

Y nunca, fíjate bien, nunca te pedirá tu voto, no lo necesitan ni lo quiere. Queremos jerarquía, gobierno regido por los selectos y posibilidad de que tus hijos formen entre ellos cuando el estudio y el trabajo, cuyo camino tiene abierto, les haya transformado.

En tu posición, en tu oficio, tendrás la dignidad humana que te corresponde. No serás nunca más " prole ", serás un español, que si te haces por tu conducta digna de serlo, España sentirá orgullo de tenerte por hijo.

Todo cuanto te prometieron, con torpes intereses, los que sabían de antemano que no podían dártelo, trataremos nosotros de lograrlo, pensando en mejorar tu vida, si tú contribuyes a mejorar la de todos.

No eres ni más ni menos que los demás ciudadanos de España, tus brazos son necesarios, como el cerebro de otros hombres, como el capital. Entre los tres factores levantaremos la Patria, que deshicieron hombres de otros pueblos que trajeron tus dirigentes, con el único fin de destruirla.

Te queremos, sobre todo, orgulloso de tu oficio, no como hasta ahora, atenazado a él. Cuando tu esfuerzo lo ennoblezcas con el pequeño esfuerzo de cada día, habrá resurgido nuestra artesanía, milicia jerárquica de trabajo, en que puedes llegar al grado superior.

Y este es el credo de José Antonio. Estas son las ideas de nuestro Generalísimo, que se preocupa constantemente de borrar todo motivo de lucha entre las clases de España. Y éstas son las orientaciones de nuestro Movimiento salvador en el que nos guía, únicamente, el anhelo de la Patria grande y unida, que a todos cobije por igual.

Todo cuanto he recordado esta noche era el sentir de José Antonio, que Franco realiza con maestría insuperable. Y con esto voy a terminar.

Profunda y sinceramente emocionado por su recuerdo, quiero que todos los que me habéis oído, digáis conmigo: Camarada José Antonio Primo de Rivera, que has muerto por querer a España sin gustarte, en nuestra vida suspendemos nuestras inquietudes para rezar por ti, que tanto luchaste por el pan, esa oración magnífica:

El pan nuestro pan de cada día, dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores y no nos dejes caer en la tentación. Más líbranos del mal. Amén Jesús.

¡Camarada José Antonio Primo de Rivera!

 

De  “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 135 a 144.