JOSÉ ANTONIO, O LA NOBLEZA HEREDADA Y TRANSMITIDA

 

Por Manuel Halcón

 

Nos ha tocado tratar el aspecto más difícil de la personalidad de José Antonio: su aristocraticismo. Difícil hoy día en que algunos creen que la obra política de José Antonio tuvo por único objeto atraer a las masas proletarias para acrecentar con ello la fuerza de su partido; siendo así que su propósito real era elevarlas en milicia a las filas de sus Falanges universitarias, estudiosas, abnegadas y provistas de una cultura antidemocrática.

Cuando se haga la biografía de José Antonio tropezaremos inmediatamente con su hidalguía. Ya para entonces no quedará en España quien no posea serenidad de espíritu suficiente para reconocer que su condición de hidalguía es quizá lo que más ha contribuido a que cristalice la mística de la Falange.

Conste que el concepto de hidalguía no lo aplicamos en el sentido de clase social. Nos atenemos a la etimología simple y exacta que señala una contracción de los términos " hijo de algo " de persona que era algo, que se había distinguido por sus hechos. Hijo de algo, esto es: de sus propias obras.

Y esos certificados de haber entrado en fuego que traerán los combatientes, ¿qué serán sino auténticas cartas de hidalguía? Esto ha de ser una de las grandes fuerzas que levanten el tono de la vida española. ¿Cómo es posible hablar de imperio sin contar con la tónica de lo español? Esa cuerda tensa, zumbante en el aire, entre el " derecho " y el " deber ".

Por la carga de los deberes dejaban voluntariamente en la Edad Media de se hidalgos algunos a quienes se les arruinaba la vocación. El Fuero viejo tenía establecido hasta un ritual para estos casos. Ante el Concejo, el interesado que quería liberarse de la carga de ciertas obligaciones, decía rotundamente: "Dejó nobleza y tórnome villano."

El tono de la vida. El orgullo que emana de la guerra hará que podamos creer en muchas cosas, entre otras en el obrero como aportación nacional a la política del nuevo Estado. Entre los días en que Adolfo Hitler practicaba su oficio de pintor y su revelación política ha pasado una cosa extraordinaria. Ha pasado nada menos que la gran guerra. Y la cruz de hierro se ha posado sobre su pecho. Otro tanto podríamos decir de Musssolini.

Esto es fundamental. Si luego en la biografía del Duce nos encontramos con un obrero originario, tanto mejor, así será más fácil inspirar confianza a los obreros, pero el tono de su vida lo obtuvo él en la guerra. Sin sus meses de trincheras se habría salvado también el genio político de Mussolini, pero la eliminación de las impurezas socialistas hubiese reclamado más tiempo. Y tal vez se hubiese perdido el momento de marchar sobre Roma.

Y esto es lo que a José Antonio no le faltaba a los treinta años. Tenía ya un largo camino andado. Su personalidad histórica estaba ya reflejada por proyección familiar. " Aquello que de nuestros padres llevamos en la sangre –dice Spengler- ideas sin palabras, es lo que promete consistencia al futuro."

José Antonio perteneció una familia aristócrata que marcaba su decoro en los estrictos límites de una economía doméstica de clase media. Don Miguel Primo de Rivera no tuvo capital. Tenía el dinero justo para que sus hijos se educasen y viviesen bien. José Antonio ganaba lo suficiente para viajar algo, comprar libros y no sufrir agobios económicos. Pero nunca hubiese podido alternar con el grupo de tiradores de pichón ornato de la buena sociedad. Pertenecía a una de esas familias a las que alude en uno de sus mejores discursos, el que pronunció en defensa de don Galo Ponte, refiriéndose a los mil y pico de familias privilegiadas que controlaban el país: " Y conste que no comprendo en ellos a todos los de la aristocracia, ni a los de la aristocracia sólo. Hay entre las familias aristócratas muchas que pueden presentarse como ejemplo de sencillez y virtudes domésticas. Nunca participaron estas familias en el tinglado del antiguo régimen, y en cambio manipulaban en él muchos influyentes advenedizos. "

En estas líneas aparece el aristócrata de guerra, descendiente de generales victoriosos, frente a ese tipo de familia bien vestida y mal educada, ricas e influyentes, que permitieron a la propaganda marxista montar una campaña contra la nobleza general.

Gran importancia ha tenido en la mística de la Falange que José Antonio perteneciese a una familia que durante varias generaciones movió en torno a la idea de Patria. Pero hay algo que supera a ser hijos de quienes lucharon por España: dar la sangre uno mismo por ella.

En el espacio de tiempo que media entre la preparación de la batalla y el acto heroico, todo ciudadano, sea cual sea el grado de su inteligencia y su condición, trepa por los árboles genealógicos de todos sus apellidos. Son momentos en los que vive siglos. Y al final todos los apellidos llevan a la nobleza.  

Y esta nobleza que hoy vuelve sin necesidad de que se le llame, a posarse sobre el corazón de los héroes como aves de la victoria, no puede ya en modo alguno marcar diferencias en una juventud combatiente en grado de alcanzarla.

 

(A B C, 22 de noviembre de 1938.)

  

De " DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA " Ediciones Jerarquía, 1.939. Págs. 125 a 127.