LECCIÓN Y ORDEN

 

POESÍA Y TÉCNICA EN LA POLÍTICA

  

En estos días de noviembre sutil, cuando España dedica a José Antonio el solemne redoblar de sus tambores enlutados, a las coronas floridas del recuerdo amoroso y el plañir litúrgico de las plegarias, surgen, en el voluble vaivén de las conversaciones, mil palabras y conceptos que pretenden apresar entre sus mallas el alma generosa y la empresa cumplida del Joven Capitán desaparecido. Y revolotean siempre en torno a su noble cabeza, las palabras "poeta" y "poesía" como si fuesen rasgo característico y revelador de la más profunda esencia del mensaje y la obra que a José Antonio debemos.

Y, en efecto, lo son. Aún las gentes menos perspicaces columbran, con certero instinto, que José Antonio era, ante todo y sobre todo, un "poeta". Ahora bien, es preciso dejar bien sentado lo que se ha de entender por "poesía" cuando calificamos con esta palabra el genio político José Antonio.

La política es un arte. Es decir, una creación de una técnica. Si el político es creador de nuevas formas históricas y nuevas médulas espirituales, su capacidad política debe ser calificada de "poética"; si es meramente sustentador o regidor de lo ya creado, su política es "técnica". La palabra "poeta" se deriva de una voz griega que significa "el que inventa, el que hace de nuevo ". "Técnico" es el que posee una serie de conocimientos especiales que le hacen dominador de una disciplina. El "poeta" es el que inventa; el "técnico", en el mejor de los casos, es el especialista que agota el estudio de un sector de la invención hecha.

Se comprende, pues, que toda gran política haya sido, forzosamente, poética. Cuando una nación o época entran en vía muerta y se corrompen, arruinan o yacen en sopor, no hay técnicos –ni técnicas- que logren mantenerlas en vilo; es preciso insuflarles nuevo aliento; que un genial Poeta las transforme y transustancie entre sus manos inspiradas. Los "políticos técnicos", especialistas en cuestiones militares y financieras, educativas o internacionales, son los mejores instrumentos colaboradores del político. Pero nunca son grandes políticos. Durante algún tiempo cayeron los españoles en la supersticiosa adoración del "técnico", del hombre que encerrado en su maniática preparación especialista manejaba fraseologías, datos o cifras, fáciles para los un poco iniciados, pero que aturdía y arrebataban de asombro la beatífica ignorancia española. El político técnico ocupa siempre un papel secundario con respecto al creador. ¿Qué duda cabe, por ejemplo, que el Dr. Schacht, que profesor de economía, sabe mucho más Hacienda pública que el Führer? Mas esto nada importa. La técnica financiera de Schacht y toda su sabiduría económica, no serían capaces de mover a un solo alemán. La fuerza creadora de Hitler -su poesía- han sido, en cambio, el gran revulsivo germánico.

El especialismo, como dijo un ingenio español, es una especie de barbarie. Pero donde se evidencia su absurdo con mayor vigor es en la política, a la que nada de lo humano puede ser ajeno y en la que sin la energía poética, son venas sin sangre las mil formas de la técnica.

Llamaban los antiguos "vates" -adivinos- a los poetas. Otro signo que añadir al gran político que es, siempre, un poco profeta. La profecía es una sutil fusión del sueño y el deseo. El que no es capaz de soñar no podrá combatir nunca. Y, en definitiva, nadie combate por realidades, sino por sueños realizables. El continuo realizar con esfuerzo altas ensoñaciones se llama política. La cual no se construye con estadísticas, ficheros y burocracias, sino a fuerza de originalidad, gracia, osadía, sensibilidad y ánimo. Dice el refrán popular que de "poeta y loco todos tenemos un poco". ¡Qué más quisiera España! Desgraciadamente fueron los cuerdos y prosaicos los que hasta que nació la Falange dieron tono y pauta. Toda esa espesa burguesía o tosco proletariado, mineralizados ambos con sus mezquinos resentimientos de clase. Poetas y locos -Garcilasos y Quijotes- necesita España para que a la sombra de la eterna voz de José Antonio, demos al traste con "especialismos" y "técnicas" y florezcan poesía y locura felizmente conjugadas en esa noble y alta tarea que llamamos "política".

 (El Pueblo Gallego, 19 de noviembre de 1938.)

 

   De "DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA " Ediciones Jerarquía, 1.939. Págs. 110 a 112.