JOSÉ ANTONIO, EL POETA

 Manuel Machado

 

Permitiréis al viejo liróforo  (portador de lira, de citara o, más española y modestamente, de guitarra) que os diga algo de José Antonio, poeta; del gran poeta que ha sido -es y será siempre, por encima de todas las cosas- José Antonio Primo de Rivera.

Porque yo puedo hablaros de esto -oh, muy brevemente- y hasta contaros algo, al propósito, que poca gente sabe. Y en la vida de nuestro Ausente -hoy tan presente a través de la inmortalidad- no hay detalle ni fecha que deba pasar inadvertido.

... Fue por estos mismos días de noviembre del año 1929, y fue una de las primeras, acaso la primera vez, que -aparte de sus alegatos forenses- hablaba en público José Antonio. Se celebraba un suceso artístico y la magnífica sala de fiestas del hotel Ritz, de Madrid, estaba llena a rebosar de todas las aristocracias españolas: desde la de la sangre hasta la del cante hondo. La cálida palabra de joven orador, impregnaba ya de un dulce misticismo y como de un aura de profecía, penetraba candente en los espíritus y captaba, irresistible, no ya el difícil entusiasmo, la emoción cordial y sincera de aquél selecto auditorio. Cuando José Antonio descendió del estrado, entre ovaciones delirantes, don Miguel Primo de Rivera se acercó a su hijo. Y, al abrazarse aquellos dos hombres -muy hombres- había también lágrimas en sus ojos.

He recordado este acontecimiento -como contribución al homenaje rendido hoy a José Antonio- principalmente porque allí, en sus palabras, estaba ya a mi juicio, el primer eslabón de "la recia cadena intelectual que forjara el genio prodigioso y la capacidad "poética" de José Antonio", según la admirable frase -y exacta- de Raimundo Fernández-Cuesta.

Fue aquel su primer discurso un arrebato panegírico de la Poesía como norma cardinal de la Vida.

Conocía de sobra José Antonio toda la noble y benéfica influencia que en el mundo y en la misma naturaleza ejercen el número y la rima, cual es el prestigio irresistible de la música. Y hubiera sido, de proponérselo, un admirable poeta del verso, un gran lírico.

Pero él sabía también que en su más alto concepto la palabra "poesía" significa "hacer", "acción", "creación". Y que en este sentido Dios mismo es el sumo Poeta por cuando el Hacedor supremo.

Y a esta poesía, creadora y activa de signo positivo, fue a la que José Antonio se entregó -cuerpo y alma- en una vida clara, toda belleza, desde el principio al fin y que no conoció la fría vejez. Y aparte en plena juventud le alcanzaron el martirio y el sacrificio por su España idolatrada... pero antes ya nos la había el inundado de "azul" y había dicho:

"A los pueblos no los han movido nunca más que los poetas, y ay de aquel que no sepa levantar, frente a la poesía que destruye, la poesía que promete."

Y esas palabras -que son todo José Antonio- se han de grabar, con hora, en la portada de la Nueva Historia de España.

(A B C, 20 de noviembre de 1938)

  

De “DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA” Ediciones Jerarquía, 1939. Págs. 105 y 106.