EL SENTIDO DEL HOMBRE EN JOSÉ ANTONIO

 

Luis Legaz

 

En las ideologías que se llaman totalitarias existe una cierta propensión a negar el  individuo. Esa es una de las razones -dejando a un lado todas las de índole política- de la hostilidad con que son acogidas por todos los sectores, hoy muy numerosos, influidos por el humanismo. Es verdad que esa negación tiene distintos grados, obedece distintas motivaciones religioso-filosóficas y, en último término, cabe preguntarse si con esa negación padece en realidad lo humano: si lo que, visto de un lado, parece su negación no es, en el fondo, cuando menos, un intento de exaltarlo y sublimarlo. Pero no faltan ocasiones en que se tropieza uno con afirmaciones más o menos autorizadas en que se niega realidad al individuo. Tengo a la vista un antiguo documento jonsista en el que se dice que el individuo es sólo "un ente de razón fruto de la revolución judío-masónica-burguesa", por lo que el Nacionalsindicalismo no puede reconocerle realidad ni relevancia alguna.

Es verdad que ese documento no expone el pensamiento oficial jonsista; es verdad también que ni Onésimo Redondo ni Ramiro Ledesma pensaron nunca en concepciones de esas que hoy llaman  “panteístas”  los mismos que en el siglo pasado aplicaban igual calificativo a las doctrinas liberales. Pero fue sobre todo José Antonio el que infundió al Nacionalsindicalismo ese sentido humanista, del que he hablado más largamente en otra parte.

José Antonio, en efecto, elevó el Nacionalsindicalismo de plano de una teoría económico-social al nivel de la filosofía. Por algo era un intelectual magnífico; no sólo porque era magnífico intelectualmente, sino porque fue más que intelectual: hombre integral, que es lo que nunca han sido los simples intelectuales. José Antonio nunca  incidió en el pecado de convertirse en espectador inteligente de la tragedia española; sino que su lucha por la redención de España hizo el sentido de su vida y de su muerte por eso se dio en él esa difícil armoniosa unidad vital entre su acción como hombre y su pensamiento como intelectual. José Antonio es uno de los más felices ejemplos de " humanismo integral ", realizado egregiamente en su persona.

José Antonio era humanista en el mejor sentido de la palabra: en el sentido del eterno humanismo español que en él, hombre del siglo XX se resolvió en una concepción moderna como adecuada a la época totalitaria, y que tiende, sin embargo, a salvar ante todo al individuo; por eso vemos en ella la palabra definitiva que España tiene aún que decir al mundo, el primer jalón en las nuevas rutas del Espíritu trazadas por España, según profecía que se hizo el 29 de octubre de 1.933.

José Antonio ensalzó precisamente al individuo, y ni siquiera se cuidaba de llamarlo con otro nombre -por ejemplo: personas-, porque nadie se atrevería a llamarle individualista por esa exaltación. " La revolución total, la reorganización total de Europa tiene que empezar por el individuo, porque el que más ha padecido con este desquiciamiento, el que ha llegado a ser una molécula pura sin personalidad, sin sustancia, sin existencia es el pobre individuo, que se ha quedado el último para percibir las ventajas de la vida." (Discurso 9-IV-1.935). Poco tiempo después insistía significativamente en lo mismo. "La construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españoles y como cristianos." (Discurso 19-V-1.935). Y meses más tarde hablaba de formas más duras que las de los actuales Estados totalitarios, formas en que tampoco se resuelva la disformidad entre el hombre y su contorno, que es la Patria, anulando al individuo, sino que uno y otro vuelvan a hermanarse por la "reconstrucción de sus valores orgánicos, libres y eternos , que se llaman el individuo, portador de un alma, la Familia, el Sindicato, el Municipio, unidades naturales de convivencia ". (Discurso 17-XI-1.935).

José Antonio se considera, pues como occidental, español y cristiano, y eso le lleva a comenzar la revolución, la construcción del orden nuevo, por el individuo, que es un valor libre y eterno. Por esto, basándose en su pensamiento, ha podido decirse más de una vez que la misión de España en esta hora es imponer un humanismo totalitario, y que en éste se halla el fundamento del Estado ético, totalitario y nacionalsindicalista que se está forjando.

Y esto sin perjuicio de los valores de la Patria, que dan sentido a ese estado; pues sin tener en cuenta esa dimensión, el humanismo totalitario no existe. La Patria es consustancial al hombre. Es una síntesis trascendente, con fines propios que cumplir, pero no es algo ajeno al hombre. El hombre sin Patria es un hombre mutilado. Pero José Antonio dio de la Patria la versión más alejada de todo sentido organista y naturalista. Su general concepto de la "unidad de destinos en lo universal" es la interpretación más justa, más certera y más humana que cabe dar a la patria. Con ese concepto es cierto hasta la evidencia que la libertad y grandeza del individuo son inseparables de la grandeza y la libertad de la Patria. Por eso podía pedir José Antonio la identificación de los destinos del hombre de la Patria, como condición precisa para la existencia de un Estado que sea fuerte sin ser tiránico y que sea capaz de ordenar la economía sobre bases más justas, que hagan efectiva en el plano de las realidades cotidianas la dignidad y la libertad del hombre.

Ramiro Ledesma decía que somos hombres cabales y plenos en tanto somos cabales y plenos españoles, no a la inversa. Pero si eso es verdad, es porque en el fondo de lo español radican los más puros quilates de lo humano; y porque somos el pueblo más “humanista" y más "personalista" y, al mismo tiempo, el menos "individualista", a pesar del tópico de nuestro individualismo, porque España es el pueblo en que las "unidades naturales de convivencia" tienen más arraigo. Eso lo vio certeramente José Antonio y de ahí su profundo españolísimo sentido del hombre, y su cristiano humanismo, que rodea como una atmósfera vital su Nacionalsindicalismo.

En esto José Antonio es maestro indiscutible de doctrina política. Su magisterio no sólo tiene para nosotros, nacionalsindicalistas, el valor dogmático de que fue enseñado con su Palabra y con su Acción, sino que es la expresión más pura de la verdad de España. A esa verdad se la motejó de "panteísmo estatal" por los que no sabían ni lo que es panteísmo ni lo que es Estado. Pero en este amanecer de España se presiente que sólo por la conjunción íntima del Hombre y del Estado se llegará a la apoteosis del Imperio de que José Antonio será siempre César, porque lo hizo posible con su Vida, y por la eterna presencia de su Verbo.

  (El Pueblo Gallego, 20 de noviembre de 1938)

 

De " DOLOR Y MEMORIA DE ESPAÑA " Ediciones Jerarquía, 1.939. Págs. 100 a 102.