Las campanas doblan a muerto por España

 


Ismael Medina

Cuando el redactor jefe de Vistazo a la Prensa inserte esta crónica en Firmas Invitadas ya estarán doblando a muerto las campanas de todas las iglesias de Madrid. Supongo que Pilar Manjón se habrá taponado los oídos para no escuchar las de la parroquia que le es vecina, pese a que ese doblar que resonará en el cielo madrileño también lo es en recuerdo de su hijo. La Iglesia no hace distingos políticos entre los que murieron víctimas del terrorismo, fuera el 11 de marzo que el lúgubre campaneo evoca o los que les precedieron en el sacrificio desde que el independentismo vascongado engendró a ETA como fuerza de choque criminal para la consecución de sus objetivos políticos.

La incubadora de aquella banda de asesinos, conviene no olvidarlo, fue, EGIN, la rama juvenil del PNV, la Universidad de Deusto el paritorio y el Seminario de Vitoria la fuente de inseminación ideológica del odio a España. Nada de insólito encierra la extracción burguesa de las primeras hornadas de asesino ni la condición de exseminaristas de algunos de sus desalmados miembros. Eran los tiempos en que la llamada teología de la liberación infectaba a sectores cada vez más amplios de la Iglesia y el Movimiento Pax, creado por el KGB soviético en la Polonia ocupada, introducía a su socaire el virus marxista-leninista que no tardaría en trasladarse a Hispanoamérica a través de esos mismos cauces de eclesiásticos renegados que cambiaron el mensaje de amor de la Cruz de Cristo por la metralleta cargada con balas de odio.

El esquizofrénico racismo aranista había sembrado una semilla a la que sirvió de abono la constitución de 1931 y fructificaría en 1936. El ensoberbecido nacionalismo hubo de elegir en aquella dramática coyuntura entre la condición católica de que alardeaba y el marxismo revolucionario del Frente Popular. Prevaleció su anacrónico y estúpido racismo y el PNV compartió expolio y asesinatos con las milicias socialistas y comunistas. Fueron sus milicias “gudaris” las que detuvieron a numerosos católicos considerados “españolistas”, entre ellos no pocos eclesiásticos, para llevarlos a las prisiones improvisadas de las que saldrían para morir asesinados. Ese mismo enloquecido racismo antiespañol, tampoco conviene olvidarlo, llevó a algunos de sus dirigentes a entrar en relaciones con el racismo ario del III Reich, el cual les daría protección en la Francia ocupada.

UN SUCIO MONTAJE PRETENDIDAMENTE ANTIITERRORISTA

HEMOS vuelto a las andadas. Sobre la sangre del 11 de marzo se alzó con el poder el recuelo de un socialismo de vacuos señoritos progresistas, crecidos en los sotabancos del felipismo, la mayoría de los cuales ni tan siquiera vivieron la verbena jacobina y burguesa de mayo del 68. Carlos Bustelo, un socialista al que el PP otorgó la presidencia de la CMT, ha dicho de la actual clase dirigente del PSOE que son unos chicos que han llegado al poder por accidente y necesitan asesorarse bien. Bustelo incide en pareja acusación que en su día hizo el “The Wall Street Journal” y en la que coincidimos muchos españoles. El “accidente” fue la matanza del 11 de marzo, cuyo ceremonial recordatorio tiene más de montaje exculpatorio de responsabilidades ocultadas a duras penas que de limpia honra a las víctimas del terrorismo.

El acelerado cierre en falso de la jaleada Comisión de Investigación de los atentados pone de manifiesto que el PSOE y sus aliados nunca pretendieron ahondar en el conocimiento de quienes estuvieron realmente detrás de la pandilla de delincuentes comunes seleccionados para la colocación de las mochilas explosivas, luego eliminados para borrar pistas comprometedoras. La comisión fue creada con el único propósito de dotar de respaldo parlamentario a la sórdida campaña orquestada al alimón por el PSOE y PRISA para cargar las culpas sobre el gobierno de Aznar, descalificar al PP y ganar el voto de una franja de incautos electores seducidos por un enteco y acobardado pacifismo, recalentado previamente con las manifestaciones de protesta por la guerra de Iraq.

UNA CUMBRE FALAZ MONTADA CON PRISA

EXISTE un llamativo paralelismo entre las “recomendaciones” aprobadas en la Comisión por la coalición neofrenepopulista y la temática de la Cumbre Internacional contra el Terrorismo, celebrada en Madrid haciendo pinza con el aniversario de la matanza del 11 de marzo. Este era uno de los motivos de la prisa por evacuar el documento. Existió PRISA, mucha PRISA. Conviene aclarar la causa de tanta PRISA. Tanta como en la automarginación española del Congreso de las Víctimas del Terrorismo celebrada en Colombia, donde el narcoterrorismo de las FARC y del EDL, alimentado desde Venezuela y Cuba, practica una sanguinaria guerra sucia, nada diversa a la del terrorismo islámico en Iraq y otras partes del mundo. E igualmente irracional. La Cumbre, clausurada por el corrupto secretario general de la ONU, la organizó el Club de Madrid. Y según informaba El Confidencial de Jesús Cacho, dicho club fue promovido por “Diego Hidalgo Schnur, cofundador y miembro del Consejo de Admnistración de PRISA y consejero de la Fundación Santillana y de Sogecable”. Schnuder es también presidente de la Fundación para las Relaciones Internacionales (FRIDE), al frente de cuya revista está Andrés Ortega, columnista de “El País”.

Anticipaba El Confidencial que el Club de Madrid perseguía “contar con un buen número de académicos que avalen las conclusiones oficiales que se van a derivar de la comisión parlamentaria del 11-M”. De ahí que el Club de Madrid bloqueara la presencia en la cumbre de los más prestigiosos expertos en terrorismo, como David Horowitz, al que se prohibió el uso de determinadas expresiones, como “terrorismo islámico”. O Bat Yeor, musulmana perseguida por dicho terrorismo, a la que se fijaron consignas para ella inaceptables. O Daniel Pipes que también decidió no acudir tras imponérsele condiciones maniqueas y potrearle. Pese a compartir con Felipe González el papel de conseguidor del dúo Slim-Polanco, también excusó su asistencia Bill Clinton, alegando la inminencia de una rutinaria intervención quirúrgica. A la hora de respaldar la política exterior de los USA, no difieren los dirigentes norteamericanos, sean republicanos o demócratas. Al contrario que Rodríguez y compaña, son patriotas.

La cumbre de Madrid se ha diluido en huera y altisonante retórica antiterrorista. Ninguno de los seleccionados por el Club de Madrid para tales juegos florales ha osado proclamar que el terrorismo es una forma de guerra irregular y que como tal hay que afrontarlo. Ha comparecido de nuevo el tópico de que al terrorismo hay que combatirlo desde el Estado de derecho. Pero el cacareado Estado de derecho no es otra cosa en la actualidad que el cuerpo normativo elaborado desde el poder por los regímenes o los gobiernos de turno. Y a él se apela facciosamente cuando, como sucede ahora en España, la producción legislativa hace mangas y capirotes de fundamentos morales, de principios jurídicos que se tuvieron por inviolables y del bien común.

Una democracia puede ser tan despótica como un régimen absolutista y presumir, como éste, de ser fiel al Estado de derecho que el poder se da a sí mismo. También en una democracia convencional, sea correcta o engañosa, puede crearse un marco jurídico que haga posible combatir al terrorismo con sus mismas armas sin vulnerar el tópico Estado de derecho. Pero el problema de fondo estriba en que el terrorismo aviesamente consentido, y con frecuencia políticamente apoyado bajo cuerda, atemoriza a las sociedades hundidas en un procaz hedonismo. Y un pueblo amedrentado es fácil presa para cualquier forma moderna de totalitarismo, incluido el partitocrático. Se demostró entre el 11 y el 14 de marzo de hace un año.

La cumbre organizada por el Club Madrid ha puesto una vez más de manifiesto que el pretendido gobierno del “Estado español” no es otra cosa que el brazo instrumental del “imperio PRISA”, cuyo titular, Jesús Polanco, ostenta la tercera más grande fortuna de España, según la revista “Fortune”, aunque inferior a la de su socio mejicano Slim, la cual se calcula por encima del billón. Cuando se echa una ojeada a las actividades del imperio PRISA , surge de inmediato la pregunta sobre a qué otros oscuros intereses políticos sirve, además de los propios.

SEMBRADORES DE HISPANOFOBIA

UN indicio lo proporcionaba el artículo “Ante el permanente acoso”, del boliviano Mauricio Aira, publicado días atrás en Contraportada. Uno de los diarios polanquistas ha participado activamente en la excitación revolucionaria de los cocaleros del filomarxista Evo Morales contra el presidente Mesa. La campaña contra Mesa y los intereses de Polanco en Bolivia, los cuales exceden de los exclusivamente mediáticos, favorecen una creciente reacción contra España de la que Aira se hacía eco. Pero sucede igual en otros países hispanoaméricanos en los que van de consuno la larga mano de PRISA y la política exterior de Rodríguez y el desdichado Moratinos.

También en Argentina entró PRISA para sostener, como Rodríguez, la deriva “progresista” de Kirchner , subvencionador de los piqueteros, retornado a sus veleidades montoneras y anclado en la corrupción desde sus comienzos políticos en Santa Cruz. Ahora Kirchner quiere apoderarse de nuestras empresas punteras en Argentina, después de una sostenida campaña antiespañola. Y son precisamente aquellas que el gobierno Rodríguez persigue abordar para colocar en su dirección a hombres dóciles a los que se presume dispuestos a arrimar trigo al molino del partido, como hicieron en tiempos de Felipe González. Las preferencias de Kirchner se sitúan por cierto en el espacio energético y de las telecomunicaciones, aquellos que más atraen la codicia de Slim y de Polanco. Primero se renacionaliza y luego se reprivatiza.

La hispanofobia se extiende en nuestro mundo cultural e histórico. La alimenta un izquierdismo corrompido que ha abierto las puertas del poder a los antiguos cabecillas de las bandas terroristas que ensangrentaron muchos de aquellos pueblos fraternos, y cuyos crímenes provocaron una reacción civil que se tradujo en regímenes militares y en la consecuente represión.

Rodríguez y Polanco, o Polanco y Rodríguez, chalanean con lo más corrompido del “progresismo” hispanoamericano, importándoles una higa los intereses objetivos de España y de aquellos pueblos. Una izquierda de alcantarilla que, como Rodríguez, se siente más vinculada a la Francia jacobina y burguesa de Chirac que a España. Chávez, comprador incansable de material de guerra en cualesquiera mercado, y en un volumen que excede de las necesidades objetivas de Venezuela (¿será por las pingües comisiones usuales en este tipo de oscuras transacciones?) ha concedido a Rodríguez y Bono la limosna de unos modestos encargos para la IZAR en bancarrota. Pero la parte del león, que es el petróleo, se la lleva Francia, meced al acuerdo suscrito con Total durante la entrevista entre Chávez y Chirac. Este último, por cierto, ha rebajado, de acuerdo con Schröeder, la participación de España en la construcción del Airbus. Pero Rodríguez no pierde la sonrisa por mucho que las cancillerías jueguen con él, y con España, al pim-pam.pum.

LOS MUERTOS COMO ARMA DE GUERRA

EL recuerdo habla por los muertos. Pero los muertos habitan en el silencio eterno y el rastro de memoria que dejaron tras de sí puede ser falseado, manipulado y utilizado. Es lo que ahora ocurre con los muertos por el terrorismo internacional, en el que ETA está imbricada, al igual que el IRA y cualesquiera otros, incluido el islámico. Son los brazos asesinos de una misma conspiración mundial de los que en ocasiones se valen los servicios secretos de los gobiernos para cambiar el curso político de los Estados.

Si hemos de dar crédito a la fuente judicial privilegiada a la que aludía Jorge Trías Segnier en ABC (“una de las personas con más responsabilidad en la magistratura”), no era descabellada la teoría sobre el oculto poder inductor de la matanza del 11-M que en Vistazo en la Prensa ha mantenido Matías Ros. Escribía Trías Segnier: “Todo estaba bastante bien calculado. El horrible atentado lo organizaron indirectamente desde los servicios secretos de Marruecos, que, como todo el mundo sabe, son una especie de epígono de los franceses. Y España, otra vez, ha vuelto a ser país lacayo”. Es consecuente que la Comisión parlamentaria persiguiera, apoyada en la mayoría que emergió por el “accidente” del 11 de marzo, haya impedido por todos los medios a su alcance investigar quienes estaban detrás de los autores materiales de la matanza, al tiempo que se cortocircuitaban las líneas de investigación susceptibles de conducir a la identificación del cerebro inductor. Pero no es necesario acudir a la fuente valiosa de Trías Segnier, en cuya misma dirección apuntan las declaraciones de la fiscal Olga Sánchez: “Los análisis que nos han remitido los expertos hablan de la conjunción de tres factores: la simbología del número 11, la reacción a la guerra de Iraq y la cercanía de las elecciones generales”. Simbología ésta a la que no escapa ETA, muchos de cuyos atentados, subraya la fiscal, los “cometió en fecha 11”. La descarada y humillante sumisión del gobierno Rodríguez a la política del padrino Chirac y las untuosas concesiones al despótico rey de Marruecos en ningún caso cabe justificarlas como mera afinidad ideológica. Menos aún, en un autónomo cambio radical de la política exterior e interior, en ambos casos contrario al supremo interés de España.

No bastaba, sin embargo, con la ocultación de la tétrica verdad sobre los objetivos políticos perseguidos por los atentados del 11 de marzo y el inmediato montaje de inculpación al gobierno de Aznar. Había que acallar la voz reivindicativa de las víctimas. Era necesario que también los supervivientes y allegados creyeran que su desgracia la debían a la política equivocada del gobierno del PP. Se hacia indispensable desvincularlas de las ocasionadas por el bandidaje independentista etarra. Se estimuló la creación de la Asociación de Víctimas del 11-M para enfrentarla a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la cual tachaba de “derechista” el nuevo gobierno salido de la matanza por el sólo hecho de que lo fueron del brazo armado del independentismo vascongado. En Pilar Manjón se encontró la persona adecuada para favorecer la actual y sórdida guerra entre los muertos buenos, los 192 del 11-M, y los muertos malos, los más de 1.200 si se cuentan los del Hotel Corona de Aragón y los del avión “Alhambra de Granada”, los dos cometidos por ETA y cuya autoría se ocultó por motivos sectarios nada diversos a los que impiden descubrir hoy los inductores de la matanza de los trenes. Entonces peligraba la estabilidad del gobierno e incluso del sistema. También ahora, con el añadido de una conmoción internacional que habría supuesto un durísimo revés para Tratado constitucional de la UE apañado por Giscrd d´Estaing. Pero faltaba poner la la guinda del sectarismo disgregador. Y la guinda sería la creación del Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo y su encomienda a Gregorio Peces-Barba, rector de la Universidad que el felipismo creó a su medida y a la del PSOE. Con el innecesario Alto Comisionado, superpuesto a la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo, dependiente del ministerio de Interior, se buscaba quebrar la independiente AVT, molesta para los independentismos vascongado y catalán, también para Izquierda Unida, y someterla a la disciplina política del gobierno Rodríguez. No tardó Peces-Barba en enseñar el plumero de su irrefrenable condición sectaria. Por mucho que se esfuerce en proclamar que lo persigue la derecha, con peligro para su vida, su familia y su rentable acomodo institucional, es obvio que cumple el papel asignado.

GARZON SE SUMA A LA GUERRA DE LOS MUERTOS

BALTASAR GARZÓN, el juez escaparate, se sumó a la guerra de los muertos antes de volar a los USA para fines que no son sólo los aducidos a la hora de obtener una excedencia temporal. El desmesurado ego de Garzón es parejo a su desmedida ambición. Se pirra por estar en toas las salsas político-jurídicas. Años atrás se conchavó con otros seis magistrados “progresistas” de diversos países para copar el Tribunal Penal Internacional cuya presidencia pretendía. A ese objetivo obedecieron el procesamiento de Pinochet y de militares del Cono Sur, enojosos para España. También persiguió hacerse con la causa de la matanza del 11 de marzo que en ningún caso le correspondía. Y ahora se ha sabido que estuvo en Marruecos sigilosamente para indagar a supuestos militantes del terrorismo islámico que relacionaba con los autores materiales de los siniestros atentados de hace un año. Mal instructor, han cargado con sus errores otros magistrados de la Audiencia Nacional. Pero Garzón parece tener bula. Por menos expulsaron de la carrera judicial a Gómez de Liaño. Bien es cierto que éste se atrevió con Sogecable y pagó la audacia de enfrentarse al emperador Polanco. Garzón, por el contrario, ha eludido este tipo de colisiones.

Antes de largarse a los USA proclamó Garzón la necesidad imperativa de juzgar los “crímenes del franquismo”. Y puede darse por seguro que lo intentará si de los USA retorna en condiciones para ahondar en la guerra de los muertos y convertirse en al ariete judicial del revanchismo histórico del PSOE, empecinado en ganar desde el BOE la guerra revolucionaria que perdió en 1939 por propios méritos. Garzón se suma así a la macabra y unilateral tarea de la llamada Memoria Histórica que muchos superamos desde la inmediata posguerra y que los pretendidos democratizadores se vieron forzados a clausurar con la ley de amnistía tras las primeras elecciones partitocráticas, merced a la cual Santiago Carrillo y otros muchos, entre ellos los bandidos etarras, fueron exonerados de sus crímenes. Antonio Castro Villacañas dedicó dos de sus Apuntaciones a recordar a los de la Memoria Histórica la muy terrible del Frente Popular que ocultan y que quienes fuimos testigos hemos silenciado incluso a nuestros hijos, movidos por la firme voluntad de unir a los españoles en un empeño de futuro. Pero si se sigue abriendo el melón del resentimiento revanchista y persiste el empeño en provocar un nuevo enfrentamiento suicida entre los españoles, habremos de romper el candado que pusimos a nuestra memoria histórica y relatar las atrocidades de que fuimos testigos o conocedores próximos.

AVANZAMOS HACIA LA DESTRUCCIÓN DE ESPAÑA Y DE LA IGLESIA

AVANZA mientras tanto, sin que Rodríguez pierda la sonrisa, la conspiración para destruir la unidad de España y vender troceada su soberanía a los separatismos interiores y a la voracidad de nuestros vecinos. La actual deriva política nos conduce por el túnel del tiempo hacia una coyuntura aún más radical que la protagonizada por la II República. También en materia religiosa. En esa línea de jacobinismo se inscribe el futuro Código de Laicidad que prepara el gobierno del PSOE con el asesoramiento determinante de Gregorio Peces-Barba. Incluye entre sus conclusiones la limitación en todo lo posible de manifestaciones religiosas en calles y plazas, y en general en el exterior de los templos. Es uno de los morlacos que habrá de lidiar el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Blázquez. Será su actuación la que nos saque de las lícitas dudas sobre si habrá superado el síndrome vasco o se dejará llevar por la presión del entorno secularizador.

En esta mañana del 11 de marzo las campanas no doblarán sólo por las víctimas del 11 de marzo y por todas las víctimas del terrorismo y de quienes se sirven políticamente de sus crímenes. También doblarán lúgubremente por España.