Llorar por España

 


César Alonso de los Ríos



Me llamó mi amigo Miquel al anochecer del martes para decirme que los nacionalistas estaba que tiraban cohetes. Normal. El debate parlamentario sobre el proyecto separatista del PNC era un gran triunfo para ellos y una humillación para la Nación española.

¿Por qué el Gobierno socialista le ha dado esta oportunidad al PNV?, se preguntan muchos. A mi entender, para que todos los españoles conozcan de primera mano las exigencias de los nacionalistas y, a partir de ahí, entiendan que ellos, los socialistas, tiene que pactar con ellos. Dicho gráficamente: que los españoles conozcan el monstruo Ibarretxe y, de esta manera, acepten el engendro Patxi. Ya es significativo que el proyecto de Estatuto vasco con el que el PSOE pretende sustituir el de Guernica haya sido redactado por un nacionalista. Un michelín del PNV a juicio de Arzalluz.

Hay otra razón: los socialistas quieren convencer a los españoles de que ellos en el País Vasco, tienen que jugar en un doble plano: por un lado, negociando con ETA (que es os que están haciendo) y por otro enfrentándose electoralmente al PNV ante toda la Nación.

El PSOE ha decidido entrar ya en la segunda transición, en una nueva definición de España. Las Cortes del martes levantaron acta de defunción del régimen de las Autonomías y concretamente del Estatuto de Guernica. Pero, ¿cómo podrá hacerse el nuevo tipo de Estado y cómo convertir a las nacionalidades en naciones? Los constitucionalistas de buena fe echan mano de la doctrina, de la historia, de la lógica y no les salen  las cuentas; mientras los de mala fe, los consultores del Gobierno aconsejan la vía de los hechos consumados, esto es, el pisoteo de la lógica, de la ley, de la dignidad nacional. Cuentan con el Tribunal Constitucional, cuentan con los Tribunales Superiores regionales, cuentan con los Parlamentos catalán y vasco y, sobre todo, cuentan con el oportunismo d ela mayoría de la sociedad española, incluso de una buena parte de la que parece más dolorida o escandalizada. Porque las Cortes que veíamos el martes eran el retrato de una historia de irresponsabilidades colectivas de cobardías intelectuales y morales, de una insensibilidad nacional sin parangón en otros países democráticos... Cuando recuerdo aquellos necios que comenzaron excitando el odio entre la periferia y el centro; o a los que justificaban a ETA frente a los que llamaban terrorismo estructural del Estado (no quiero dar nombres); o a los que, hasta ahora mismo, no sólo no han condenado los nacionalismos, sino que los han considerado más democráticos que los partidos estatales, pienso que estas Cortes del martes se lo tenían bien merecido.

La estrategia de Zapatero cuenta con el oportunismo de una gran parte de "esta" sociedad española. Prefiere aparecer él como el Claudio de la situación mientras destruye a España. No le importa que Rajoy quede brillante recitando las generales de la ley, remontándose a las fuentes de la democracia, haciendo españolismo, hablando de ETA y de las víctimas de ETA. A él le da igual que alguien reclame la memoria y la dignidad del senador Casas. Él lo que quiere es pactar con ETA y a ser posible ganarle en las elecciones al PNV. Aunque sea a costa de la dignidad de la Nación. Desde luego a costa de la realidad pasada, presente y futuro de la Nación. Por eso los nacionalistas están que tiran cohetes y por eso a algunos tan sólo nos queda el consuelo y la rabia de llorar por España.