Confusión

 

Agustín Muñoz-Grandes
Teniente General del Ejército (2ª Reserva)
Presidente Nacional de la Hermandad de
Veteranos de las F.F. A.A. y Guardia Civil
 




Escribir en nombre de una colectividad, grande o pequeña, es siempre arriesgado por el posible fallo de extender a todos los miembros del grupo lo que es un simple sentimiento personal. Y el militar se retrae a hacerlo en un medio de comunicación pública. No es nuestro estilo. Preferimos siempre el «cara a cara» en la soledad de un despacho, sin buscar el aplauso popular.
Sin embargo, esta vez, porque sé que existe un sentir unánime, me voy a atrever a ser al voz de toda la asociación que presido, de la gran familia militar que voluntariamente ha querido agruparse en torno a la Hermandad de Veteranos de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil, que incluye a los compañeros de armas que se encuentran en las situaciones de reserva o retiro, junto a nuestras viudas y huérfanos, a los que hay que sumar simpatizantes de la vida civil y militares en activo que, como socios protectores, nos prestan su apoyo. En estos momentos rondamos la cifra. de 40.000 afiliados. Son nuestros ideales el amor a España, la fidelidad al Rey y a nuestros Ejércitos, y el respeto a la Constitución. Nuestro deseo, seguir sirviendo a nuestra Patria, porque el juramento que un día prestamos ante nuestra Bandera no se extingue hasta el día de la muerte. Como Soldados de España, seguimos en activo.
Hoy, sinceramente, estamos confusos. Hemos escuchado con atención palabras de nuestro actual Ministro de Defensa que nos han llegado al corazón porque con claridad que no puede dar lugar a falsas interpretaciones, ha defendido en repetidas ocasiones el fundamento de toda nuestra Constitución: la indisoluble unidad de la Nación española y la solidaridad entre todas las gentes y tierras que conforman nuestra Patria, cualquiera que sea el nombre que reciban.
Con esta solemnidad lo establece el artículo 2 de nuestra Carta Magna que, en su artículo 8, define la misión de las Fuerzas Armadas: Garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Recuerdo como a estos dos artículos se refirió con palabras emocionadas, el Ministro en fecha cercana, en el Patio de Armas de la Academia toledana el día de la Patrona de la Infantería, ante testigos de la máxima relevancia, como fueron el Presidente del Gobierno y los Cadetes, nuestros futuros Mandos. Fuerte compromiso el adquirido con plena conciencia por el Ministro, que no me puedo permitir la duda de que cumplirá porque, con independencia de decisiones políticas en las que no quiero entrar, es la línea que marcó en su toma de posesión y que ha reiterado en su reciente viaje a los Balcanes para, en un gesto que le honra, felicitar la Navidades a nuestros soldados destacados en muy duras misiones en las que, siempre, dejan alto el pabellón español. Destaco como punto clave y positivo la frecuencia con la que el Ministro emplea la palabra Patria, en un esfuerzo por rescatar el hermoso y hoy adormecido concepto que encierra, que vemos cómo cultivan con esmero las naciones fuertes de nuestro entorno, precisamente cuando más nos aproximarnos al ilusionante proyecto de una Europa Unida. En todo lo que acabo de reseñar, debe tener el Ministro de Defensa la seguridad de que cuenta con el sólido soporte de los Veteranos, que sabrán siempre anteponer el ideal de Espada a sus legítimas preferencias políticas personales.
Y de pronto... ¡hay que borrar el letrero que, desde la ladera de la montaña que se eleva sobre la Academia del Talarn, próxima a Tremp, y que recuerda a nuestros futuros Suboficiales, mandos clave por su inmediata proximidad a la tropa, su permanente misión: «A España, servir hasta morir»
¿Qué se pretende? ¿Eliminar el nombre de España en tierras catalanas, en esa parte tan querida y admirada de nuestra Patria?... No lo podemos creer. ¿Borrar el «servir hasta morir» al que se han comprometido en solemne juramento los que ostentan el noble título de Soldados de España?...Tampoco puede ser, no encaja para nada en la línea anunciada y que antes he alabado. ¿Borrar todo porque resulta antiestético o porque una paletadas de cal pueden producir daños ambientales?... Por favor, eso no es serio. ¿Es una cesión ante una petición de los grupos secesionistas?... Sería una inadmisible cobardía, y es mucho lo que nos jugamos. ¿Qué, entonces?... Sabemos que lo importante es llevar los lemas en el corazón, pero a ello ayuda, y mucho, su exposición pública. Sin duda, tiene que haber una explicación que calme el innecesario malestar que esta decisión ha producido en todos los que hemos vestido uniforme. Estamos deseosos y abiertos a escucharla. Cuanto antes, mejor.