Volvemos a las andadas

 

César Alcalá



El 29 de septiembre de 1936 era asesinado, en la carretera de Cornella (Barcelona), Francisco Javier de Alós y de Dou, hijo de los marqueses de Dou. Junto a él fueron asesinados José Benito de Alós y Mateu y Joaquín Bruguera y Sarriera. Una vez terminada la guerra civil sus restos mortales fueron inhumados en la Basílica de Santa María del Valle de los Caídos.

¿Por qué Hablamos de Francisco Javier de Alós? Muy sencillo, porque él, como muchos otros españoles que fallecieron o fueron asesinados durante la guerra civil, recibieron cristiana sepultura en el Valle de los Caídos. En total 80.000 personas fueron enterradas allí.

Jaume Bosch, del grupo parlamentario Iniciativa per Catalunya Verds, ha propuesto trasladar los restos de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera fuera del Valle de los Caídos. Según Bosch, un grupo de historiadores, juristas y miembros de la Associació d’Expresos Polítics, han planteado que el Valle de los Caídos se convierta en un “centro de interpretación de la historia y del universo penitenciario del franquismo”. Bosch dice que “somos conscientes de que es un encargo incómodo al Gobierno, pero ya es hora de abordar este tema, por salud democrática”. Ahora bien, esta propuesta, sin revanchismo, cerrará viejas heridas. Bosch va más allá y propone que el Valle de los Caídos sea conocido, a partir de ahora como Memorial de la Libertad. Con ello se garantizará “a los ciudadanos el conocimiento de la opresión franquista y la lucha por las libertades democráticas durante el siglo XX”.

Podríamos contestarle que, a palabras necias oídos sordos. También podríamos callarnos y no darle importancia a estas palabras. Pero no lo vamos a hacer. Le duele al señor Bosch que allí estén enterrados Franco y José Antonio. Ahora, bien, en ningún momento habla de los 80.000 muertos que allí están enterrados. ¿Qué va a hacer con ellos? Los familiares enterraron libremente a sus seres queridos en aquel recinto. ¿Va a pedirles que los exhumen y se los lleven a sus cementerios? Es aberrante. Cuando un partido político no tiene un programa con el que gobernar se aferra a la historia y rescata del pasado momentos dolorosos. Y lo pero es que desean cambiar la historia. No es apología del franquismo esta frase. Lo digo porque el Sr. Bosch también ha planteado estudiar la tipificación como delito de la apología del franquismo. Es sencillamente un acto de reconocimiento hacia todas aquellas personas que, como Francisco Javier de Alós, fueron voluntariamente enterradas allí. Que en el Valle de los Caídos fuera enterrado Franco y José Antonio es lo de menos. Lo importante es lo que simboliza: la reconciliación de las dos Españas.

Si estas palabras no han sido claras, tal vez lo sean las palabras pronunciadas, durante la homilía, por Anselmo Álvarez OSB, Abad de Santa Cruz del Valle de los Caídos. El Padre Álvarez dijo el pasado 20 de noviembre de 2004: “Un año tras otro la memoria de los caídos reúne ante este altar a muchos que queréis venir a orar para que el sacrificio de unos y otros haya servido a la redención de sus almas y a la salvación de España. Nuestra voluntad es que la Eucaristía que vamos a celebrar recoja en el mismo pan y en el mismo cáliz unas vidas cuya inmolación no fue inútil porque puede ser unida a la de Cristo, y con ella fecundar la vida de ese pueblo por el que fue ofrecida. Esto es lo que hacemos los monjes en la Misa de cada día en esta Basílica: unir dos sacrificios sobre el mismo altar: el de Cristo y el de todos los que murieron en aras de su propia causa, para que ambos sean acogidos en la presencia de Dios y sirvan para expiar las culpas en que ellos y nosotros hayamos incurrido”.

Esta es la finalidad a la que sirve el Valle. En él se albergan los restos y la memoria de incontables españoles por encima de ideologías y parapetos. Por eso, los símbolos que guardan su descanso son signos de redención y de perdón, o son ángeles que hacen reposar sus espadas en señal del fin de la contienda. Escuchemos también nosotros su mensaje, que parece decirnos:
“Dejad en paz la guerra; dejad en paz a los muertos, si no es para desearles el descanso eterno: todos sois hermanos, todos hijos de la misma tierra y de la misma patria, todos hijos del mismo Padre Dios. No enfrentéis de nuevo unos contra otros, ni abráis nuevas heridas en la convivencia pacífica de los españoles. No levantéis nuevas trincheras, ni forjéis nuevas espadas, de acero o de palabras, ni desatéis vientos que presagian tempestades.
Aquí, en el Valle, no se hace apología de nadie sino oración por todos. Aquí se celebra diariamente la liturgia eucarística y la alabanza de Dios como un himno que brota del corazón de España para impetrar sobre ella la protección divina”.

Esta es la realidad Sr. Bosch. Ahora vaya e instrúyase.