José Antonio

 

 


 

José Luis I.L. dice "Parece ser que frente a la versión franquista de la muerte de José Antonio Primo de Rivera en el sentido que murió dignamente ante el pelotón, hay otra que dice lo contrario, incluso que hubo que llevarlo hasta el patio de la prisión en el que se cumpliría la sentencia. Dos obras que he leído abundan en lo primero. ¿Donde está la verdad?

A estas alturas y si tenemos en cuenta lo afirmado por los historiadores en general, y en concreto aquellos de absoluta credibilidad, no se entiende que haya la menor duda en cuanto a que tanto en el proceso sumarísimo, como ante el pelotón de ejecución, José Antonio Primo de Rivera mantuvo una dignidad y entereza ejemplares. Según está demostrado José Antonio Primo de Rivera asumió su propia defensa, la de su hermano Miguel y la esposa de éste. Tras conocer la condena de muerte redactó su testamento -pieza ejemplar por su valor humano y patriótico-, se despidió de sus hermanos, dentro de la natural emoción, y cuando es conducido al patio su templanza es absoluta, conversando con los milicianos, haciéndoles ver la injusticia que se cometía. Por lo visto uno de ellos le pidió la gabardina. "A tí no te sirve para anda y a mi me puede ser útil". José Antonio Primo de Rivera se despoja de ella diciéndole: "Tuya es". En el 93, el sociólogo Amando de Miguel, en un artículo en el diario "ABC", al referirse a la actitud de los españoles ante la muerte, dice: "Aquí el opónimo español no es Sancho Panza, sino Don Quijote, rebosante de ternura y dignidad. La misma que despliegan tantas figuras reales de nuestra historia ante su ejecución; desde los Comuneros hasta José Antonio Primo de Rivera, por no aludir al legendario Rodrigo de la Horca". Nada pues, hace más creíble lo que en ningún sitio consta.

El anarquista Diego Abad de Santillán, en su libro "Por qué perdimos la guerra" (1940) -que recoge en su Diccionario de la Guerra Civil, Rubio Cabeza- escribe: "¡Cuanto hubiera cambiado el destino de España si un acuerdo entre nosotros hubiera sido tácticamente posible, según los deseos de José Antonio Primo de Rivera".