Apuntaciones en torno a una exposición

 

Antonio Castro Villacañas

 

La Abogacía Española celebró su VIII Congreso Nacional desde el día 1 al 5 del pasado mes de octubre en la ciudad de Salamanca. Como ilustración de sus sesiones y de la importancia social de esta profesión jurídica, durante esos días se exhibieron en la sala San Eloy de Caja Duero, articulados en un relato histórico, un centenar de retratos de figuras históricas de abogados relevantes por sus actuaciones ante los tribunales de España y por sus actividades políticas.

El primer retrato exhibido, que recibía a los visitantes de la exposición a la entrada de la sala, era el de don Melquiades Álvarez, pintado en 1923 por Nicolás Piñole. Quien fuera ilustre Decano del Colegio de Madrid fue asesinado por las hordas rojas en la Cárcel Modelo de Madrid el mes de agosto de 1936, donde se encontraba preso por haber defendido meses antes -en su calidad de Decano- al abogado de su Colegio don José Antonio Primo de Rivera. Como es natural, nada de esto se dice en la referencia histórica a su figura.

En la exposición podían contemplarse retratos de hombres de peso en la historia de España, desde el de don Agustín Argüelles, pintado en 1842 por Ricardo M. Navarrete, hasta el de don Fernando de los Ríos, obra de Manuel Ángeles Ortiz, en 1936, pasando por los de Francisco Javier Istúriz, Juan Álvarez Mendizábal, Pascual Madoz, José de Salamanca, Juan Bravo Murillo, Salustiano Olózaga, Francisco y Manuel Silvela, Francisco Romero Robledo, Antonio Maura, José Canalejas, Eduardo Dato, Antonio Cánovas del Castillo, Francisco Pi y Margall, Jaquín Costa, Álvaro de Albornoz, Raimundo Fernández Villaverde, el conde de Romanones, José Calvo Sotelo, José Sánchez Guerra y Niceto Alcalá Zamora.

El criterio historicista y jurídico de la exposición se refleja en su catálogo, cargado de informaciones de ese tipo sobre tantas figuras de tan variados perfiles políticos.
Por eso destaca más en esta exposición la ausencia -según mis noticias- del retrato y el recuerdo de un hombre que fue saludado en su primer informe jurídico ante el Tribunal Supremo como una figura señera de la abogacía nada menos que por quien en aquel pleito defendía posiciones contrarias, era enemigo político de su padre y había ejercido o estaba ejerciendo el decanato de la profesión, don Francisco Bergamín. Esa persona, de extraordinaria influencia en la historia política de España desde 1930 hasta hoy, se llama José Antonio Primo de Rivera. Este año se conmemora el centenario de su nacimiento.

Lamentaría mucho que el haber prescindido de su retrato en la exposición que comento se debiera a la cobardía, la bajeza moral, la villanía y la vileza que definen lo "políticamente correcto" en la triste etapa actual de nuestra vida comunitaria.