José Antonio

 

 

José Javier Esparza

 

Fernando Sánchez Dragó dedicó este domingo su 'Negro sobre blanco' de La 2 a la figura de José Antonio Primo de Rivera, cuyo centenario tiene lugar en este 2003. Es una apuesta arriesgada que, de momento, ya le ha valido alguna dentellada de los habituales guardianes de la ortodoxia ideológica, los mismos que arremetieron contra Carlos Dávila cuando invitó a Pío Moa, también en La 2; ya se sabe que la libertad de expresión es un derecho que no todo el mundo ha interiorizado de manera adecuada. ¿Vale la pena dedicarle un programa cultural a José Antonio («Joseantonio», como se escribía en la posterior retórica oficial? Sin duda, sí: es una figura histórica de importancia innegable en la España del siglo XX. Es verdad que ejerció más influencia después de muerto que en vida, pero eso no le resta relieve: al menos dos generaciones de españoles han crecido con su rostro en las escuelas. Y si seguramente es cierto que el Estado del 18 de julio secuestró la memoria de quien nunca quiso ser propiamente un líder fascista, también lo es que esa memoria, de no haber sido por el régimen de Franco, habría quedado confinada en los estrictos márgenes de la crónica política de la II República. Para hablar de todas estas cosas, Dragó invitó a cinco conocedores de la vida y la obra de Primo de Rivera: Adriano Gómez Molina, Jaime Suárez, Fernando Márquez, Enrique de Aguinaga y Julio Gil Pecharromán. Por afinidades electivas -y selectivas-, me fijé sobre todo en los dos últimos, que tienen texto sobre Primo de Rivera. Aguinaga es un veterano y venerable periodista que ha estudiado en profundidad la figura de José Antonio y al que, por otro lado, muchos profesionales de la prensa guardamos afecto, porque nos ha dado clase en la Universidad. Gil Pecharromán, historiador, es autor de algunos libros importantes entre los que yo no destacaría el joseantoniano, sino 'Conservadores subversivos', un buen estudio sobre la reacción intelectual de la derecha española en los años veinte y treinta, aunque, a mi juicio, no llega a explicar cabalmente la relación entre el pensamiento de Acción Española y la ola que condujo a la Falange. Fue, en todo caso, un programa interesante. Más interesante aún será, creo yo, el programa anunciado para la semana que viene sobre «la corte literaria de Joseantonio». Esta «corte literaria» es el objeto de un libro de reciente aparición que pone luz en un capítulo de la historia de nuestras letras oscurecido después de la transición. Valdrá la pena verlo iluminado.