¿Por qué tanto empeño en silenciar a José Antonio Primo de Rivera?

 

 

Ismael Medina Cruz

 

 

     Rafael Borrás, amén de otros, ha escrito y dicho que José Antonio fue un personaje político irrelevante en la II República y que Falange Española de las JONS era un partido minoritario, tanto que su Jefe Nacional no pudo obtener el acta de diputado en las elecciones generales de 1936. Y yo me pregunto: ¿Si fue así, qué sentido tiene el desaforado, y hasta patético, empeño en silenciarlo? Lo que carece de valor y de influencia cae por sí sólo en el olvido. Pero cuando existe un extremoso esfuerzo para ocultar o acallar algo, apenas si puede justificarse en dos motivos: sentimiento de culpa o miedo a la verdad.
 
     La iniciativa de Sánchez Dragó de dedicar a José Antonio Primo de Rivera dos programas de su espacio televisivo "Negro sobre blanco" ha soliviantado a los papagayos de la granja progresista.
 
     Miguel Angel Sacaluga, consejero del Ente Público RTVE y sus adláteres en el mismo preguntaron con tono inequívoco de exigencia qué méritos literarios de José Antonio podían aducirse para que Sánchez Dragó lo tomara en consideración para un debate. Añadía Sacaluga un juicio de valor que, cabe deducir, es también del partido al que representa en el Consejo de Administración de RTVE.: "...ideología trasnochada y de triste recuerdo para los españoles". Informaba a este propósito la agencia Europa Press que, según explicó Sacaluga, preguntarán los representantes socialistas al director general de RTVE "si es de recibo que en un país con tantos buenos escritores, el único de la televisión pública sobre las letras dedique no uno sino dos programas a Primo de Rivera, que ha pasado a la historia no como representante literario sino ideológico". Es evidente que los comisarios políticos del PSOE en el Consejo de Administración de RTVE no suelen ver ni escuchar "Negro sobre Blanco", un programa postergado a un horario (las doce de la noche) de baja audiencia. De ser asiduos, como es su deber, conocerían que Sánchez Dragó dedica su espacio a los libros de los más diversos géneros y que por él han pasado personajes de tan grande genio literario y limpio pasado como Santiago Carrillo, ejemplo superlativo de demócrata a lo largo de toda su vida. Además, el programa no estaba sólo justificado en la figura de José Antonio. También en el hecho de que durante este año del centenario se han publicado veinticinco libros sobre su personalidad, su pensamientos y su inequívoca calidad literaria.
 
     A la diatriba se apuntó con presteza el pseudohistoriador Javier Tusell, a quien cuadraría el sobrenombre de "La voz de su amo" que hizo célebre una antigua casa discográfica y en cuyo logotipo figuraba un perro. "Alguien debería decirle al director de RTVE -escribió Tusell en ‘El País’- que ya se ha llegado al limite en jalear a personas , grupos y opiniones cuyas doctrinas resultan directamente contrarias al espíritu de nuestra Constitución". Tusell, como tantos otros a los que el sectarismo parece haberles achatado el cerebro, pretende aherrrojar la libertad de expresión, sancionada constitucionalmente, para todos aquellos que no opinen como él y aquellos a quienes ahora sirve, pues también sacó tajada del franquismo, según le echa en cara Pío Moa ("Sánchez Drago y el censor zampabollos", Libertad digital 11.11.2003).
 
     Llueve sobre mojado. Miguel Ángel Loma ("Censura y telebasura en TVE", Vistazo a la Prensa 27.06.2003) recordaba que Diego Carcedo, otro reciclado y también representante progre en RTVE, se mostró radicalmente en contra de un documental con guión de Adriano Gómez Molina y contenido análogo a su reciente libro "Las gafas de José Antonio" y exigió que fuese eliminado de la parrilla de emisión. Debió atemorizarse el director general de RTVE ya que el documental ha permanecido inédito hasta hoy.
 
     Existen otros muchos antecedentes. El más llamativo sin duda lo protagonizó el rector de la Universidad de Salamanca, Berdugo, que hizo honor a su apellido, dulcificado con la B. Lo recordó Sánchez Dragó en la presentación del programa. Una asociación estudiantil promovió un curso académico sobre la figura de José Antonio en el que intervendrían no pocos profesores universitarios, La inscripción costaba 5.000 pesetas y la pagaron voluntariamente unos 400 universitarios. No tardó mucho en difundirse un comunicado acusatorio de la organización de estudiantes de izquierda. Al rector, con cuya autorización contaba el curso, le entró la tembladera, negó el local, impidió que se celebrase en salones ajenos a la Universidad y suprimió los créditos. También se amedrentaron los peperos de la Junta de Castilla y León y retiraron la subvención El curso se fue a pique.
 
     A la Plataforma 2003, creada para conmemorar el centenario del nacimiento de José Antonio y en la que se inscrito personas de diversa condición política en la actualidad, le han dado con la puerta en las narices cada vez que ha solicitado uno de los locales públicos, de los que tanto se prodigan gratuitamente para eventos de muy variada naturaleza, no pocas veces repelentes y tampoco se le concedió un curso sobre José Antonio en la Universidad de Verano de El Escorial.
 
    Toda esta gente se dice heredera de la II República y de los personajes políticos e intelectuales que integraron sus cuadros de dirección de pensamiento o de acción. Enrique de Aguinaga, autor del ejemplar artículo "El abrazo", presentará el próximo 20 de noviembre el libro "Mil veces José Antonio", una aséptica compilación de opiniones, sin hurtar las adversas, realizada con Emilio González Navarro. Entre ellas llaman especialmente la atención las de sus más relevantes adversarios políticos en la II República. La inmensa mayoría de ellas, le son favorables en unos términos que si fueran vertidos por joseantonianos serían calificados de hagiográficos. La contradicción entre los adversarios en vida y los censores zampabollos de ahora tiene su miga.
 
    ¿Cómo explicar que, transcurrridos 70 años de la fundación de Falange Española y 67 del fusilamiento de José Antonio en el patio de la prisión de Alicante, adquiera su figura tan notoria vigencia, hasta el punto de merecer tan obsesiva persecución inquisitorial? Sólo se me ocurren tres explicaciones plausibles: desconocimiento, enfermiza y visceral animadversión o temor a que los españoles de hoy, en particular una juventud desnortada descubran a José Antonio y lo reinterpreten.