Día de la Raza: Día de América Criolla
Ignacio Tejerina Carreras
Presidente del Instituto de Cultura Hispánica de Córdoba
No hay en el continente americano
una conmemoración más polémica y que al mismo tiempo reciba
diferentes nombres, que la del 12 de octubre. Lo que nosotros llamamos "Día
de la Raza" en otros países es "Día del Descubrimiento
de América" (o simplemente del Descubrimiento), "Día
de Colón" (en EEUU), "Día de la Hispanidad", y
el gobierno de Hugo Chávez ha introducido a partir del 2002, "Día
de la Resistencia Indígena" en Venezuela. Ante la proximidad de
la fecha hay dos aspectos a considerar: primero, lo apropiado o no del nombre,
y segundo, el carácter que debe tener ese día, pero antes de eso
tenemos que ubicarnos en la atmósfera que cubre una polémica,
que si bien es muy antigua, ha adquirido en los últimos años una
connotación singular.
El cuestionamiento o visión crítica de la conquista y colonización
española nace desde varios siglos atrás, prácticamente
desde el comienzo, para después estructurarse de una manera coherente
y con un fin político determinado, a partir de lo que se ha dado en llamar
La Leyenda Negra. Lanzada por las potencias enemigas de España, se mezclaban
allí la verdad con la mentira y su influencia, fines y objetivos se sienten
hasta el día de hoy.
El odio a España y lo hispánico fue el factor aglutinante en la
propagación y difusión de La Leyenda Negra, y en América
fue la temática exclusiva que guió la acción de la generación
posterior a aquella que conquistó nuestra independencia y la libertad.
Un ejemplo de ello fue la actitud de muchos intelectuales de renombre de nuestro
país que llegaron incluso a minusvalorar nuestra propia lengua y nuestra
propia gente. Dice el académico de la historia Luis Alen Lascano que
" un esnobismo superficial e interesado ha permitido hasta ahora, brotaciones
culturales adversas a España. Los abogados al servicio de extranjería
vivieron confundiendo a generaciones enteras sobre el género humano hispánico.
De ahí ha sobrevenido la creencia en ciertos sectores de la inteligencia
americana, del reaccionarismo español, de su falta de ideales democráticos,
de su ninguna contribución a la causa universal de la libertad del hombre.
Entonces se justificaban las filosofías europeas, exitistas y frívolas,
primando en nuestros pueblos y era admisible proclamar el coloniaje mental como
una conquista destinada a conducirnos por caminos progresistas. Renegar de España
fue la consigna de todas las parcialidades que legislaron sobre nuestra sumisión
a Europa". 1
Pero volvamos a la fecha del 12 de octubre y al nombre que le impuso su creador,
Hipólito Yrigoyen al firmar el decreto designando la conmemoración
y festejo del Día de la Raza.
¿Qué quiso decir el Presidente Yrigoyen con Día de la Raza?.
¿Se refería a una raza en sentido biológico?. En el día
de hoy hablar de raza tiene una connotación diferente, y en mucha gente
hace pensar en algo discriminatorio como es el racismo. Pero el concepto de
raza para quienes han estudiado el pensamiento político y americanista
del autor del decreto, no tiene nada que ver con lo biológico, sino con
lo espiritual, con una estirpe determinada, con lo que una vez Vasconcellos
llamó la raza cósmica. ¿Y qué raza sería
esa estirpe humana?. Pues sería ni más ni menos que una nueva,
surgida en América, hija de los españoles que llegaron, la criolla,
y que luego, poco a poco se fueron mestizando, primero con los aborígenes
americanos y luego con los negros africanos, constituyendo los millones y millones
de criollos, mestizos y mulatos que han poblado y pueblan América, fruto
precisamente de ese 12 de octubre. Ellos nos trajeron cosas nuevas, porque constituían
ellos mismos un tipo nuevo. Como dice Alfredo Palacios, quien fuera el primer
diputado socialista de América en 1904, "Los conquistadores reproducían
acentuados el individualismo anárquico y el amor a la independencia personal,
comprimidos en España y exacerbados en América", y refiriéndose
a una real cédula del 12 de septiembre de 1537, por la cual se autorizaba
a los pobladores, con motivo del fallecimiento del Don Pedro de Mendoza a elegir
gobernador, nos decía "esta real cédula demuestra la raíz
hispánica de nuestra democracia incipiente y turbulenta, que se remonta
a las instituciones visigóticas como lo hemos demostrado al estudiar
las viejas libertades españolas". 2
¿Pero qué otra cosa vio Yrigoyen más allá de lo
biológico?. Yrigoyen vio los rasgos heredados, la cultura y la lengua,
que permite comunicarnos desde el Río Bravo en México a la Tierra
del Fuego, pero también vio otras cosas, como el amor a la libertad y
el amor a la justicia. Yrigoyen sabía que trescientos años antes
de la Revolución Francesa, que nosotros usamos y pregonamos como el origen
de nuestras libertades, desde 1480 los campesinos de Castilla eran libres de
cambiar su residencia y su trabajo, pudiendo mudarse de domicilio sin perder
sus propiedades; y que la conquista de libertades que se originó en Aragón
fue más democrática que la Magna Carta arrancada por los Barones
ingleses al Rey Juan Sin Tierra.
Sintetizando, arte, cultura, lengua, tradiciones, religión fueron la
gran herencia española que Yrigoyen supo valorar, y quiso que nosotros
la valoráramos, y en esta empresa no estuvo solo, ya que el presidente
Juan Domingo Perón coincidió plenamente con este pensamiento en
sus presidencias y lo puso de manifiesto en sus actos de gobierno.
Alguien podrá preguntarse si el presidente radical ignoraba todas las
objeciones a la presencia española en América; claro que las conocía,
pero él rescata todo lo positivo, y a partir de eso señala el
camino de la reconstrucción. El sentimiento hispanoamericanista de Yrigoyen
lo lleva a ponerle nombre de los países hermanos a escuelas del estado,
a defender la autonomía y libertad de la República Dominicana
ante la presencia de las tropas de marines norteamericanos en Santo Domingo,
y a enviar como su representante personal a la Feria Mundial de Sevilla en 1929
a Enrique Larreta, uno de los más brillantes escritores de nuestro país.
Vemos entonces que el nombre dado de Día de la Raza hay que tomarlo en
función de lo que su creador lo dispuso, para lo cual es necesario que
todos los docentes argentinos, maestros y profesores, tengan en cuenta esta
situación, y expliquen a sus alumnos que el concepto de raza no excluye
ni margina a nadie, ni mucho menos a los pueblos aborígenes, que conjuntamente
con los negros y los españoles han conformado esta nueva América
criolla que incontrastablemente surge el día 12 de octubre. Es por eso
que debe evitarse los calificativos odiosos que muchas veces se repiten sin
el menor análisis crítico. Hace ya algunos años, cuando
el diario comenzó a cumplir una función educativa muy importante,
en una entrevista a una escritora cordobesa ya fallecida le preguntaron por
su visión del descubrimiento de América, y manifestó que
"América fue descubierta por mercaderes aventureros, fugitivos y
delincuentes", afirmación generalizada que no da alternativa. Y
nosotros nos preguntábamos, ¿le dirán los docentes a los
cientos de miles de niños criollos a lo largo de nuestro país
que se estaba refiriendo a sus propios ancestros?. Y después pensamos
que eso podía pasar desapercibido sin ninguna defensa por parte de los
alumnos, pues nunca se insistió en la enseñanza de la relación
intrínseca de causa y efecto que hay entre español y criollo,
por lo cual ellos no sabían que están siendo agredidos y discriminados,
cuando también es posible que ni el mismo docente supiese lo que estaba
hablando.
Nadie niega el derecho a cuestionar a nuestros padres, pero antes de ello, primero
debemos asumirlos. Es por eso que en este especial momento que vive el mundo
y en particular América de habla castellana y portuguesa, debemos unirnos
y fortalecer nuestros lazos que nos unen, y reconocer que somos hermanos, por
sangre o espíritu, y no sólo hermanados por la desgracia y la
desventura solamente.
1- Luis C. Alen Lascano, "Hispanoamérica en el pensamiento de Hipólito
Yrigoyen", página 41. Ediciones Cívicas Argentinas, Buenos
Aires, 1959.
2- Alfredo L. Palacios, " Masas y elites en Iberoamérica", páginas 41 y 45. Editorial Columba, Buenos Aires, 1956