Ramón de Periódicos

(Visados por la censura)

 

Enrique de Aguinaga

Catedrático emérito de la Universidad complutense de Madrid.
Decano de los Cronistas de la Villa.
De la Real Academia de Doctores.

 

INTRODUCCIÓN

Aquí se explica todo.

El titulo de esta conferencia, Ramón de periódicos, no es mío. Me ha sido dado y yo, añadiéndole Visados por la censura,  lo he adaptado a mi conveniencia, al margen de su literalidad.

Como ilustración diré que Ramón de periódicos se titula el articulo literal que Tomás Borrás escribió en Arriba, a la muerte de Ramón. El  articulo de Borrás, que parte de El Postal y Prometeo, se centra en el paso de Ramón por La Tribuna y El liberal, con un lema ramoniano:

Mi periodismo  es hijo de la convicción de que la literatura es una profunda hermana  de la actualidad, aunque también puede serlo de la inmortalidad [1] .

Borrás, en este articulo,  no se refiere a La Esfera [2] , La Voz, Ahora, Clarín, La Nación, Arriba, ABC ni a ningún otro de los muchos diarios y revistas que acogieron la firma de Ramón.

Cuando el Coordinador del curso, José Luis Pardo,  me pidió un extracto de esta conferencia, le envié el siguiente:

Ramón compagina su abundosa producción editorial con su recorrido por periódicos y radios (periódicos hablados, como   entonces se decía). Ramón habita los periódicos y es constante noticia.

Materia y contenido de periódicos, Ramón vive periodísticamente, como actualidad permanente, y muere en los periódicos, paradójicamente, atropellado por la actualidad. El conferenciante fue testigo y ahora lo dice [3] .

Ramón, que es Madrid, muere cuando de Madrid se sale. Y ese alejamiento de Madrid, que Ramón transforma en                     dramático acercamiento, no se ha contado del todo.

En este sentido (nueva paradoja), podría decirse que Ramón, el periodístico Ramón, ha estado ausente de los periódicos porque los periódicos no le han acogido después de su muerte. Las pruebas se presentaron públicamente, hace seis años, en 1997, pero los periódicos no se dieron por enterados [4] .

Naturalmente, en el fondo de la cuestión está la llamada corrección política que, en el caso de Ramón y en todos los casos, es pura incorrección. Por encima de todas las correcciones incorrectas, hay que salvar a Ramón, finalmente, sacarlo de los boletines confidenciales y devolverlo al gran periódico de la realidad.

Hasta aquí, mi epítome. Es, lo reconozco, un texto eufemístico. Y lo es por dos razones. Una, el prurito de autor, renuente a anticipar su texto, celoso de la sorpresa de su argumento. Otra, la consecuencia de la autocensura o de la censura invisible en que vivimos, con el consiguiente recelo.

Si no hubieran actuado tales razones, quizá habría aventurado este otro resumen, dividido en tres proposiciones:

Primera. Patrióticamente, Ramón confiesa su franquismo, de modo tan reiterado como abnegado, desde que huye de Madrid, en agosto de 1936, hasta su muerte, en 1963. Y eso está en los periódicos.

Segunda. Esta confesión política, que, normalmente,  debería ser desbordada por la grandeza literaria de Ramón, por el contrario, le produce una ristra de condenas, que se resumen en una sorda postergación como escritor. Y eso no está en los periódicos.

Tercera. Ya es hora de que el genio de Ramón se sacuda tal condena y, al mismo tiempo que se produce una reinterpretación de la historia contemporánea, quede reconocido en su plenitud, sin restricciones. Y eso deberá estar en los periódicos.

Estas tres proposiciones son el eje de mi discurso que, siguiendo mi costumbre, para administración de la atención del auditorio o para alivio de su aburrimiento, divido en cuatro estaciones, que desarrollan, punto por punto, lo propuesto.

Primera estación. En la que Ramón, guste o no guste, se declara franquista.

Segunda estación. En la que Ramón persevera hasta la muerte.

Tercera estación. En la que Ramón es condenado al purgatorio.

Cuarta estación. En la que Ramón debe resucitar naturalmente, gloriosamente.

 

Primera estación


EN LA QUE, GUSTE O NO GUSTE, RAMÓN SE DECLARA FRANQUISTA

En realidad, esencialmente, Ramón es un patriota. El mismo lo explica insistentemente:

Yo soy, ante todo y sobre todo, un patriota. En el fondo de mis adhesiones late este sentimiento [5] . España no son algunos españoles ni, muchas veces, toda una generación. España espera y, con sólo esperar, la otra generación vuelve a ser España [6]   La Patria no es un himno sino un rezo, un silencio de paz profunda [7] . En mi soledad, he meditado dos días sobre el caso de conciencia que se me plantea, y, como soy un patriota y no me duelen prendas, autorizo a Tomás Borrás para que done el Museo ese cuadro que Solana me regaló en nuestros mejores e inolvidables tiempos de camaradería ideal [8] .

Un substrato religioso, muy marcado (Lo único verdadero que se puede ser en la vida es un admirador de Dios, dice la greguería  [9], y un profundo sentido de la independencia personal gobiernan en Ramón sus actitudes, por encima de la contienda política. Ramón es un patriota que está por encima de la política. Con este espíritu, en 1935, responde, cuando le preguntan ¿Qué le ha parecido el congreso de escritores soviéticos?:

No creo que la literatura deba estar al servicio de ninguna idea. Ni apruebo este congreso ni aquel otro de Italia -al que fui invitado por el embajador italiano y que no asistí- porque  creo que ni el fascismo ni el comunismo abrirán un nuevo camino a la literatura. Esta vive en la plenitud -lo único que vive- aun muriéndose de hambre [10] .  

Sobre esta base, respecto a la politización del mundo intelectual español, que se produce con la llegada de los años treinta, Nigel Dennis subraya la actitud de Ramón: inquietud y hasta desprecio frente a la invasión del mundo artístico por la política [11] . El propio  Ramón lo escribía, en 1935, en El año pombiano, al dar cuenta, del reparto de prebendas republicanas:

Yo quedaba como el hambriento número uno de España, y puedo ostentar ese número por todo lo que he hecho en treinta años: libros, artículos, emisiones de radio, conferencias, viajes, con una gran continuidad, sin la interrupción de un día, sin contacto ninguno con la política, sin la protección inconfesable de los doctores generosos, sin laborear fuera de mis zaquizamíes [12] .

La Republica y sus intelectualoides olvidó este mundo que conservaba el ideal, lo olvidó más que nadie y premió a los intelectuales reborondos, perezosos en butacas inglesas, premiosos de estilo e investidura, lejanos a la nidada de esos pasajeros de la calle, que son los que podían hacen nacer otro romanticismo literario [13] .

En Pombo hemos deshonrado alegremente al que traía una insignia que debía abandonar, hemos recortado cuellos almidonados demasiado altos, hemos suprimido dijes de reloj demasiados vistosos, hemos denigrado corbatas. Todo para conseguir que todos sobrepujasen su posición provinciana o anodina, y yo puedo hacer eso porque yo cada vez soy más el que nunca será académico [14] .

A la musa de mis días, a mi mujer se lo decía, al volver de los sabáticos aquelarres: “Estoy por clausurar Pombo...Esta noche ha habido demasiados comunistoides y, entre ellos, los que se complacen con miradas y aproximaciones detestables...Todo eso ahuyenta la lealtad pura y crea un ambiente de amistades  sospechosas,  supeditadas a la complicidad [15] .

Dennis representa tal actitud en la bifurcación de la amistad de Ramón con su contertulio pombiano José Bergamín, del que acaba distanciándose. Es congruente, así, que otro amigo y contertulio pombiano, Tomás Borrás, afirme que Ramón nunca traicionó ni a su propio ser ni al metafísico ser de España [16] . Desde este patriotismo esencial, Ramón, como Marañón, como Ortega, huye del primer Madrid de la guerra y asume el primer acto de la actitud que le acarrearía tantas amarguras, estoicamente soportadas.

Ramón huyó de Madrid (no hay otra palabra) el 29 de agosto de 1936 [17] , después de haberse cruzado en la calle con el bohemio Pedro Luis de Gálvez pertrechado de chequista. Ramón huye de la que peyorativamente llamó revolución [18] (La revolución es lo que más se parece a la muerte. Es mucho más crimen que la guerra [19] )

Su amigo y contertulio pombiano, José Bergamin, que estaba en la revolución, le escribe desde Paris una vehemente carta para decirle el gravísimo error que ha cometido, para instarle a que regrese a Madrid y para rogarle que espere callado. Bergamín se despedía pidiéndole a Ramón:

Tenga, una vez más, confianza en nosotros, los verdaderos amigos suyos, los que no le abandonamos nunca y siempre estuvimos a su lado, en las horas de las verdades. Y esta si que es hora de verdades, Ramón, en las que no queremos perderle. Créame, Ramón, y espere. Si puede, si quiere, en silencio. Espérenos. Un fuerte, muy fuerte abrazo de su siempre el mismo. Espero su respuesta pronto. Le espero muy de veras; vivamente.

 Que se sepa, Ramón no contestó a la carta de Bergamin y los dos escritores nunca volvieron a verse [20] . En 1939, en carta a Antonio de Obregón se afirma en si mismo: Yo sigo impertérrito, desmintiendo, descalumniando. Trapiello ha publicado la carta que, en el mes de noviembre, Ramón escribe a Giménez Caballero en estos términos:

Sigo la vida de España en una perspectiva de adorador ferviente. Todas las torres están más en pie que nunca. ¡Feliz paisaje! Nuestro Madrid sé que ha vuelto a ser el que queríamos, el que nos habían deformado y que sentíamos esa deformación dolorosa e intima, como si nos hubiese dado una parálisis infantil retrospectiva. Tiene usted mi aquiescencia para reunir como quiera las paginas nacionales de mi obra literaria. Nada me enorgullecería ni me emocionará más. Con Sánchez Mazas, con José Maria Alfaro, con Manuel Aznar estoy gestionando hace meses un puesto en el periodismo madrileño. Lo necesito con urgencia, porque soy el más naufrago de todos, ya que aquí solo viven los que se unieron a lo otro, a lo nefasto, para que su vida resultase fácil [21].

Trapiello considera que la difusión de esta y otras cartas de Ramón a Giménez Caballero no le favorecería; pero que su ocultación seria un engaño, y, en definitiva, opta por la aceptación con naturalidad. El caso es que Ramón no acepta una sección fija en El mono azul y que, en mayo de 1944, comienza su colaboración con el diario Arriba (artículos y greguerías), a razón de dos mil pesetas mensuales.

En la Navidad de 1946, en pleno aislamiento  internacional, al pie de la multitud de la Plaza de Oriente [22] , Ramón felicita al director de Arriba  en estos términos, que el periódico publica:

Tienen ustedes de su parte a Dios, y el Arcángel de la espada flamígera debe echar de ese Paraíso hermético, como solo lo es el Paraíso, a todos los que no merezcan estar en él. La más pura de las iniciativas, la de estar solos y sin contagio, les ha sido concedida. ¡A disfrutarla!  [23] .

Y, en 1947, al pie del Manifiesto de Estoríl [24] , envía un nuevo mensaje, igualmente publicado. En el escribe Ramón:

Ya era hora de que fuese el Cid, consolidado en su poder, el que marcara la pauta al rey, puesto que el rey fue tan injusto con el Cid desterrándole, después de entregarle libertadas las más ubérrimas Valencias. Y, en medio de todo esto, ¡qué gran lección de heroicidad leal cuando decide, cortés y voluntariamente, que es Reino la tierra que gobierna y que ha ganado con su espada y con su fe [25] .

En el mismo año 1947, el Ayuntamiento, que preside José Moreno Torres, le otorga la Medalla de Madrid, si bien, con mi escándalo, en la categoría de plata. Pero es la Medalla de Madrid y Ramón la recibe del comandante español José Antonio Pascual, en la intimidad de su casa de Buenos Aires, con unción, brindando por España y por las Letras,   el 12 de marzo [26] .

En 1948, en unas declaraciones hechas a Iñigo de Santiago , en Buenos Aires, dice sin rodeos:

En mi “Automoribundia” está grabada para siempre mi adhesión a la España actual y a su juventud beligerante y por eso escribo en “Arriba” [27] .

Y, por fin, tras los aplazamientos, en abril de 1949, Ramón llega a España, invitado por Pedro Rocamora, director general de Propaganda y presidente del Ateneo. Entre los que le reciben en el puerto de Bilbao, en nombre del diario Arriba, está José Maria Sánchez-Silva, al que le dice: Franco ha salvado todo lo que yo amaba en la vida de España [28] .Ya en Madrid,  se le acumulan recepciones y homenajes: en el Hotel Ritz, en su casa natal de la calle de Rejas, en Radio Nacional, en el Ateneo, en la botillería de Pombo, en el Museo Romántico, con el Gremio de Libreros, con los escritores y, ¿cómo no? con la Redacción del diario Arriba.

De los cincuenta y tres comensales reunidos en la cena que la Redacción del diario dedicó a Ramón, el primero de mayo, [29], sólo supervivimos seis. Todos conservamos el recuerdo mágico de aquella fiesta que, por el arte de Viudes y Rodríguez de Rivas, convirtió la sala de Redacción en una verbena ramoniana [30].

El Puchero, que todavía sigue  en la acera de enfrente, nos sirvió caldo, chipirones, solomillo, flan con nata, café y licores, amén del clásico clarete de Burgos, por setenta y cinco pesetas.

En la mesa de cabecera, Ramón, siempre con Luisita, estaba radiante, rodeado por el subsecretario de Educación, Jesús Rubio; El Delegado de Prensa del Movimiento, Lucio del Álamo; el director del Ateneo, Pedro Rocamora; el director del diario Pueblo, Juan Aparicio; el director de Escorial, Pedro Mourlane; el  director de El Alcázar, Jesús Ercilla; y Tomás Borrás.

Ramón, exultante, como el pez en el agua, como ingenio reinante, no paró de hablar y escribir dedicatorias para las que inventó una nueva amistad: la amistad arriberante. Hubo, ¿cómo no?, una cadena de discursos rebosantes [31]. El de Ramón, muy cálido, fue una fervorosa exaltación de Arriba: Yo me he salvado por "Arriba", porque he creído siempre en "Arriba". [32].

Punto culminante de su estancia en Madrid, en 1949, es la audiencia con el Jefe del Estado, el 25 de mayo.   Rafael Florez, bajo el titulo El protocolo Franco-Ramón , ha documentado  aquel encuentro a partir de   las impresiones que recoge   directamente de Ramón, en la  entrevista particular que mantiene con el escritor,   cinco días después de su visita al palacio de El Pardo [33] . A la pregunta ¿Que le pareció Franco?,  Ramón le contesta:

Flamígero y augustal. La imagen de la confianza de un Augusto, que sabe lo que quiere y quien le quiere. Posiblemente un Augusto, por ser el último que vamos a tener en Occidente [34] .

Y, cuando Franco le pregunta por qué no se quedaba a vivir en Madrid, Ramón le dice: Verá usted, excelencia: si quiero volver a América es porque no resisto quedarme aquí para oír como le critican los desagradecidos [35] .

Ramón, maravillado por su visita a las obras del Valle de los Caídos [36] ,   regresa a Buenos Aires y Juan Ignacio Ramos, consejero de la Embajada de España ,  informa sobre las secuelas del viaje:

Al llegar aquí y por las declaraciones que hizo sobre Franco y Perón, se encontró con una hostilidad y un vacío enormes en los medios literarios donde él trabajaba. “La Nación” lo borró prácticamente de su cuerpo de colaboradores. La editorial Losada, que se había quedado con su libro sobre el Greco para lanzarlo ya a la venta, le dijo que los obreros habían derretido el plomo y que no hay posibilidad de editarle más libros  [37] .

Pero Ramón no se rinde.

 

Segunda estación

EN LA QUE RAMÓN PERSEVERA HASTA LA MUERTE

Ramón ya esta, de nuevo, definitivamente, en Buenos Aires, en su purgatorio.

En febrero de 1956, propongo públicamente su candidatura para el primer premio de Literatura de la Fundación Juan March (medio millón de pesetas) [38] y, con este motivo, me escribe:

No creo que lleve ese premio porque hay la paradoja española de dárselo todo a los traidores. Claro que, en este momento, el héroe –Franco- rige con poderes más lúcidos que nunca a los “reverdes” –como yo los llamo- y Baroja no podrá estropear más a cierta juventud española, inconcusa y que no se da cuenta de la ruina falsaria que es Baroja.

Por los mismos días, Ramón  recibe a Jesús Evaristo Casariego y le dice para que lo publique:

Yo soy, fui y seré y me siento español, sobre todo; un escritor español que es fiel a los destinos de su Patria. Nunca hice política, pero aquí y allí defendí siempre a don Alfonso XIII, a don Miguel Primo de Rivera y a Franco [39] .

En febrero de 1957, Ramón me escribe:

No tengo ninguna ambición y solo quisiera que me dejasen escribir cuartillas a gusto. Convivir con ustedes, bajo la bandera de “Arriba” y eso ya es bastante.

En la ultima carta que recibo de Ramón, me felicita la Navidad de 1959 y me escribe:

Sin ver a nadie y, como siempre, sin rogar a nadie, puedo escribir hasta las siete de la mañana todos los días. Sigo, a la vista del mundo, acompañándoles desde aquí en ideales y fervores .

Antes, en el mes de junio, me había escrito para unirse a mis sentimientos, en la muerte de mi madre, no sin recordarme  que en nuestras colaboraciones nos enlazamos en el mismo ideal [40] . En esta carta, prueba de sus exquisitos modales, se excusa por no haber podido aceptar la invitación del Alcalde, para volver a Madrid:

Le debo muchas gracias por sus ultimas intervenciones; pero la fatalidad ha hecho que no pueda ir a darle un abrazo. Ya veo que me  han perdonado el no ir y eso me ha tranquilizado en mi lucha para seguir viviendo, sabiendo de ustedes, viendo Madrid por un agujerito, aún vital, gracias a Dios.

 Luego vendría el desgraciado término de su colaboración en Arriba (marzo de 1961) [41] ; pero no el término de sus ideales y fervores. Y en 1962, ya Ramón muy quebrantado, recibo su último mensaje por medio de José Montero Alonso, que le llevó mi saludo hasta Buenos Aires [42] .

Hasta aquí, este ramo de testimonios publicados. Pero quedan aún aquellas manifestaciones intimas que Ramón guardaba en su fichero particular. Me refiero al fichero de apuntes, frases o ideas que, en forma de papeletas, Ramón reúne y clasifica  como base de datos para sus escritos, para su memoria. Por su tamaño (12 por 8 centímetros) Luisa Sofovich las llama hojuelas en el inventario del archivo de Ramón que presenta para su venta a la Universidad de Pittsburg (Pensilvania) donde, con otros efectos literarios,  aquellas hojuelas se mantienen inéditas. 

Los dos mazos de papeletas que he manejado para este discurso suman 618 fichas, transcritas y mecanografiadas por el hispanista británico Allan Hoyle, en 1969, y fotocopiadas por Ioana Zlotescu, en 1993, de quien las he recibido, generosamente, en un intercambio de documentación [43] . Salvo la mención que de este fichero  hace Rodolfo Cardona, a propósito de El hombre de alambre, no se de otras menciones públicas, hasta que al fichero me refiero públicamente, por vez primera,  en la Academia de Doctores, en la ceremonia de ingreso de Luis Prados de la Plaza, el 12 de marzo de 1997.

Ofrezco, así, con las garantías descritas, una selección del pensamiento íntimo de Ramón, que, directamente en relación con el tema propuesto,  represento en estas quince papeletas de su fichero personal, agrupadas en tres tiempos: 1.Condena, 2.Afirmación de Franco y 3.Afirmación propia.

Primer tiempo. Condena (4 fichas)

Vuelta. Arruinado. Así como con la fiera se usa el circulo de fuego, con el hombre honrado y sincero se emplea el circulo de hambre [44] .

La única iniciativa es suprimirme a mi [45] .

En alguna imprenta me habían hecho la jugada que jamás me hicieron en la vida: me habían machacado el plomo de un libro de arte. Todos a mi alrededor cobrando del Estado. Políticos con sueldos y cargos. Y al desinteresado, al que nada movía políticamente con su desinteresada declaración, un sabotaje inmundo y cobarde [46] .

El abandono, el “aquí yace” en que se me ha metido clama al cielo [47] .

Segundo tiempo. Afirmación de Franco (6 fichas)

Solo el invicto caudillo, sabio en España [48] .

Ese héroe que él solo ha vencido a las fuerzas del mal que van a tardar años en vencer los otros pueblos [49] .

Ese heroico Franco de cuya paz heroica todos están abusando para el mal   [50] .

Salvó a España del caos más repugnante del mundo [51] .

Vino a verme un inteligente escritor y le conté la verdad, diciéndole que el único grande hombre que había visto en España había sido Franco [52] .

Cuestión española. Conspiradores a favor de una monarquía que no tiene la principal gratitud que tiene que tener a quien la trajo [53] .

Tercer tiempo. Afirmación propia (5 fichas)

Alguien tiene que decir, pase lo que pase, la verdad independiente, ni de unos ni de otros [54] .

¿Por qué no callo? ¿Por qué tenía que hablar? Porque lo sentía. Porque España merecía ese respeto a su orden readquirido [55] .

Volvería a portarme como me porté  [56] .

Yo no he fracasado porque he visto triunfar la España que quería que triunfase  [57] .

Yo no levanté el puño. Yo, a lo más, elevo las manos al cielo, pidiendo que me de su perdón  y un poco más de paciencia [58] .  

Dicho todo esto, ¿qué le puedo decir a Miriam Martín y a la revista Noticias bibliográficas?.  Noticias bibliográficas, en su numero de julio-agosto del pasado año [59] , a propósito de las exposiciones ramonianas del Museo Nacional Reina Sofía y de la Fundación Mapfre, escribe que El genial Ramón Gómez de la Serna, ha estado en Madrid, en su Madrid, que tuvo que abandonar por el franquismo. Y Miriam Martin, en ese mismo numero, publica un articulo en el que recuerda que la editorial Poseidón de Buenos Aires edita de nuevo Ismos, en 1943, cuando ya Ramón había encontrado amparo en Argentina, donde llegó huido de la mezquindad y violencia del franquismo, que lo trasterró [60] .

 

Tercera estación

EN LA QUE, RAMÓN ES CONDENADO AL PURGATORIO

Ya, con su fichero privado y con el epistolario de José Ignacio Ramos, ha quedado apuntado el purgatorio del Ramón franquista: purgatorio inclemente, en vida, y purgatorio cicatero, tras su muerte.

Rafael García Serrano, en 1956, recuerda las frases patrióticas de Ramón y da la voz de alarma:

Calculo que ahora paga Ramón estas frases. La profunda seriedad con que las sirve, quien en las letras es un fantástico saltimbanqui, paga su leal dedicación, fidelísima y notable, a la propia Patria, Porque lo que todavía no se sabe en España es que las convulsiones políticas de la Argentina le han afectado hasta el punto de haber perdido todas sus colaboraciones, vagamente acusado de simpatías de las que puede acusarse a todo español bien nacido, si se tiene la memoria suficiente para recordar el gesto nobilísimo de Perón y de su pueblo hacia la España cercada.

Sorprende que esa tenebrosa internacional de las letras, esa que se pone en movimiento por un dolor de cabeza que pueda aquejar a Neruda durante una hipotética visita a los Estados Unidos, no haya dicho ni esta boca es mía en el caso de Ramón.

¿Qué harán los píos académicos cuando se enteren de que Ramón, uno de los grandes españoles del siglo, ve su casa de Buenos Aires reducida a un “estado de desierto”? ¿Qué harán los Pen-Clubs del mundo ante el acoso periodístico a un escritor como Ramón que, con cien títulos a la espalda, aún escribe “Todavía puedo realizar mi obra”? ¿Qué harán los delicados y conmovidos ilustres de abecedario, cuando se enteren de que Ramón ha tenido que suprimirse el tabaco, y no por prescripción facultativa, y vender sus pipas y sus colecciones para ir tirando? [61] .

Vicente Aleixandre comenta con José Luis Cano que, en España, a partir de la guerra, se ha sido injusto con Ramón y que, en la posguerra, se le ignoró totalmente. Aleixandre precisa la causa:

El viaje que hizo Ramón a Madrid en pleno franquismo fue preparado y manipulado por el Ministerio de Información y Turismo [sic], con visita a El Pardo incluida y sumisa reverencia a Franco, con la cual el descrédito en que cayó el pobre Ramón a los ojos de casi toda la intelectualidad antifranquista acabó con él. Se ignoró, salvo excepciones, su obra extraordinaria y se intento sepultarla bajo paletadas de tierra [62] .

Era tan apasionadamente español que algunas fracciones, secreta o públicamente antinacionales, le borraron de su lista de favoritos, afirma Tomás Borrás [63] . Octavio Paz se pregunta ¿Cómo perdonar a los españoles e hispanoamericanos esa obtusa indiferencia ante la obra de Ramón? [64] . Francisco Nieva que, según dice, ha visto desdeñar mucho a Gómez de la Serna,   advierte que muchas veces la condena de Ramón ha sido tan inclemente como sorda [65] . Luis Carandell reconoce, en fin, que a Ramón no se le ha hecho en nuestro país todo el caso que se merece [66] .

En su marginación , Ramón no solo es desconsiderado como candidato a la  Academia [67] , sino que ni siquiera merece el premio Mariano de Cavia, cuyos papeles presenté personalmente en el ABC de la calle  Serrano,  a título póstumo [68] .

En este purgatorio, hay gestos amistosos que Ramón apenas puede saborear: la  adquisición de la mesa presidencial de Pombo para el Museo Romántico (1950) [69] , la edición municipal de Elucidario (1957), la concesión de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio, con ocasión del XX aniversario de la Victoria (1959), y  la moción del conde de Mayalde, aprobada por el Ayuntamiento, para que Ramón volviese a Madrid a pasar las fiestas de San Isidro y a recibir la Gran Cruz en la Casa de la Villa [70] . La invitación de Mayalde es un modelo de elegancia y de cultura cálida, a la que, por desventura, Ramón tiene renunciar por motivos de salud [71].

En 1960, ingresa en el Diccionario la palabra greguería; en febrero de 1962 [72] , el Parlamento argentino concede a Ramón una pensión vitalicia, que recuerda a los españoles unas obligaciones incumplidas, según escribe el corresponsal Oriol de Montsant [73] ; y, en abril  del mismo año, recibe, por fin, in articulo mortis [74] , su primero y único premio literario [75] , el premio Juan March , que, como yo mismo escribo, es la oreja que llevan al torero, ya en el quirófano [76] .

Unos cuantos, en su entierro, le llevamos una corona de laurel a la Sacramental de San Justo. A Ramón, tus camaradas del diario “Arriba”, rezaba la cinta. Antes, en el Patio de Cristales del Ayuntamiento, habían resonado las palabras edilicias:  Al imponer la Medalla de Oro, rindo tributo, en la figura de Ramón, al patriota, al español y a la literatura universal [77] .

No es extraño, así, que, en 1988, el centenario  de Ramón pase solapadamente para el Ayuntamiento de Madrid, regido por Juan Barranco [78] , más preocupado, entonces, con la movida. No es extraño, así,  que se pudiera escribir, en Diario 16 , que Ramón, es un escritor olvidado por unos y por otros [79]   o que los críticos “comprometidos” de aquellos años –empezando por Nora- se niegan sorda y tercamente a comprender a Ramón [80] .

Para Neruda, Ramón es uno de los más grandes escritores de nuestra lengua [81] , pero, según Alberti lo cuenta, visita a Ramón, en Buenos Aires, a escondidas de sus muy republicanos amigos, para no soliviantarlos a causa de lo que el propio Alberti califica como absurdo franquismo [82] . Por esta causa, Alberti le retiró el saludo durante años y, a su muerte, le dedicó el famoso soneto impuntuado que empieza: Por qué franquista tú torpe ramón  / elefante ramón payaso harina , para terminar  con el inevitable reconocimiento : ramón timón tampón titiritero  / incongruente inverosímil pero  / ramón genial ramón sólo ramón [83] .

También Guillermo de Torre interrumpió su veterano trato con Ramón, ya que, según explica Carlos García, Torre era republicano y Ramón cometió la imprudencia de hacer en Buenos Aires algunos comentarios favorables a Franco [84] .    Nicolás Gropp resume así la situación: Las opiniones políticas de los últimos años de la vida de Ramón le costaron lo que había conseguido durante una vida entera de trabajo por la literatura [85] .   

En 1997, como ya ha quedado dicho, Prados de la Plaza ingresa en la Academia de Doctores con un discurso sobre Ramón. La ceremonia se celebra en el noble Paraninfo de la Universidad Complutense, bajo la presidencia de la Ministra de Educación, Esperanza Aguirre, en presencia del Alcalde Madrid, Álvarez del Manzano y  con  auditorio tan cualificado como numeroso. En la contestación al recipiendario, presenté, por vez primera, el fichero de Ramón y, con él, las pruebas intimas de su franquismo y las señales de su purgatorio, noticia que me permito considerar de cierto interés literario. Ni un solo medio de comunicación compartió esta idea, bajo el manto del silencio absoluto, llamado censura invisible. Eugenio Suárez escribió la única crónica que decía: Ramón es un hijo de la Villa de primera magnitud con el que Madrid se ha portado cerdamente [86] .

En 1996, Circulo de Lectores-Galaxia Gutenberg  presenta el primer volumen de la obra completa de Ramón, hazaña editorial que dirige Ioana Zlotescu, con quien he tenido afectos y discrepancias. Las discrepancias se han referido principalmente al franquismo de Ramón, que Ioana se obstinaba en negar, concretamente,  en el prologo al primer “espacio autobiográfico” (1998) [87] .

Ahora, cinco años más tarde, en el tomo XIV, Escritos del desconsuelo, Ioana admite, por fin,   abiertamente, el franquismo de Ramón, así como el purgatorio que le origina. Aunque no entra a fondo en las fichas de Pittsburgh y mantiene algunos equívocos, en su prologo y en sus notas a la edición, dos textos admirables, Ioana  nos presenta, en un marco de carencias y agobios,  el pleno aislamiento intelectual de Ramón [88] , la ruptura con los escritores del exilio [89] , el ostracismo general que le produce aquel delirio de angustia [90] , la colaboración con el diario “Arriba” como su casi única fuente regular de ingresos [91] , el vacío premeditado como consecuencia de su visita a Franco [92] , el desdén de la gente de izquierda hacia un Ramón desvalido [93] y, en suma, lo que Carandell llama la equivocación política de Ramón [94] , que, según se mire, también podría ser, por ramoniano, mi propia equivocación. Para las obras completas de Ramón, a mi me habían encomendado el prólogo de Elucidario; pero un año más tarde, alegando el clásico reajuste, me borraron de la lista de colaboradores.

Símbolo de los terribles años de Buenos Aires  es la fotografía final, que se reproduce en la envoltura de aquel tomo XIV de las Obras Completas. Es la fotografía obtenida por su amigo y protector, José Ignacio Ramos. Es, en expresión de Ioana, la imagen estremecedora de un irreconocible Ramón, de cara descarnada y de mirada cargada de pavor desolado [95] .

Ramón está pagando su audiencia en el palacio de El Pardo, su elogio del Valle de los Caídos, sus escritos, sus declaraciones, sus cartas y sus notas que ahí están, clamorosas.

¿Hasta cuando?

 

Cuarta estación

EN LA QUE, RAMÓN DEBE RESUCITAR NATURALMENTE, GLORIOSAMENTE

¿Ramón, franquista?

 Y ¿qué?.

¿Es que no vamos a acabar nunca con esta monserga? La otra noche, en Televisión Española [96] , Carrillo (primero) acusaba a Aznar de heredero del franquismo, (segundo) justificaba que a Aznar se le hubiese llamado públicamente asesino y (tercero), puesto a justificar, bendecía el golpe de Estado socialista contra la legalidad republicana, en 1934.

Primero. No solo todos somos herederos del franquismo, sino que, además, históricamente,  vivimos el periodo que el franquismo abre y todavía no se ha cerrado, sin hiato histórico en 1975. Esta es, al menos,  la tesis del catedrático de Ciencia Política, Ignacio Sotelo (por cierto, socialista), tesis que, por supuesto,  no se explica en la Universidad. La herencia del franquismo es, en lo económico, la industrialización; en lo social, la clase media; y, en lo político, la Monarquía.

Segundo. Cesar Vidal, en su reciente libro Checas de Madrid, cuenta  que, con la apertura de los archivos de la Unión Soviética, ha aparecido un documento, fechado el 30 de julio de 1937,  en el que Dimitrov, desde la Internacional Comunista,  informa al Ministro de la Guerra, Vorochilov, que la plena responsabilidad del genocidio de Paracuellos (más de tres mil asesinatos [97] ), corresponde a Santiago Carrillo [98] .

Y tercero. Pío Moa ha documentado, sistemáticamente y sin réplica, que, en el intento de golpe de Estado socialista, contra la legalidad republicana, en 1934, está el origen de la guerra civil que, en definitiva, por encima de la controversia política, ha abierto un periodo de instalación histórica.

Por supuesto, este no es, ahora, mi debate. Lo que quiero decir, en cuanto afecta a Ramón, es que la dialéctica franquismo-antifranquismo ya no tiene sentido, reducida a un ajuste de cuentas de vencedores y vencidos, en segunda generación, con desprecio de toda reconciliación, tan cacareada como atropellada.

Como he apuntado, Ioana Zlotescu, propuso la solución de echar tierra al asunto. Y así la expresaba, todavía hace dos años: Quizá sea hora de olvidar los absurdos desencuentros políticos que haya podido generar hace ya tantos años, borrar las etiquetas que siguen marginándolo, no se sabe bien por qué, fuera de los grandes “canónicos” [99] . Pero, como se ha visto, ya ha sobrepasado aquella idea. Y lo celebro porque, a mi modo de ver, no es solución el olvido o la ocultación, sino la asunción y la superación de la realidad.

Lo que quiero decir es que, si el genio de Ramón debe flotar sobre el patético sistema de condenas del pasado, más aun debe flotar, si, como se advierte, ya asoma la revisión histórica que venga a calmar la desazón de Julián Marías, cuando repite: Me preocupa indeciblemente que, a los sesenta años del final de la guerra civil, se siga mintiendo sobre ella, sus orígenes o sus consecuencias.

Desde esta revisión,  va a resultar cada vez más difícil sostener las patrañas de la confrontación fascismo-democracia; de la placidez de la II Republica; de las supuestas determinaciones de Franco sobre la Monarquía; de la democracia, como realidad sobrevenida; del franquismo como encarnación del mal absoluto; del pacto de silencio de la Transición; de la índole democrática de la III Republica (la Republica de la guerra) y tantos otros mitos flotantes.

Observando el fenómeno Pío Moa, que, contra viento y marea, se está abriendo paso desde hace cuatro años, Stanley G. Payne acaba de lanzar una piedra en el estanque de los historiadores de la corrección política, de la verdad oficial y del pensamiento único. Payne acaba de escribir:

El conjunto de la obra de Pio Moa [100] constituye el empeño más importante llevado a cabo durante las dos ultimas décadas por ningún historiador, en cualquier idioma, para reinterpretar la historia de la Republica y la Guerra Civil...Atribuir la caída de la Republica a la conspiración de unos cuantos potentados reaccionarios puede servir para un buen cuento de hadas o una fábula política, pero no tiene nada que ver con una seria historiografía critica [101] .

Quiero decir que, con el ariete de Moa y apoyos como los de Carlos Seco [102] , Cesar Vidal [103] , Ignacio Sotelo [104] , Luis Goytisolo [105] o Stanley G. Payne, vamos lógicamente a una asunción histórica del franquismo con sus correspondientes objetivaciones, de modo que se pueda hablar con toda naturalidad del franquismo de Ramón, como se habla con toda naturalidad (y no quisiera hacer comparaciones inadecuadas) de la homosexualidad de García Lorca.

Tendría gracia que, también en este punto crítico, Ramón, inoportuno, en la vanguardia de las anticipaciones, hubiera acertado históricamente, añadiendo un nuevo acierto a los que el mismo se atribuye:

En la hora germanófila yo no desconfié ni una noche de la victoria aliada, y en la hora bolchevique no creí ni un momento en el triunfo universal del bolcheviquismo. Siempre en contra de las grandes avalanchas de la insensatez, en Pombo no ha oscilado la luz [106] .

No se puede decir de Ramón lo que el académico  Nieva  dice ante los representantes del orgullo intelectual: A este solo le falta el revolcón de la ninguneadora sociedad española para ser mejor [107] .   En el resumen de su vida, que fecha a 10 de junio de 1948, Ramón no deja lugar a la duda:

No he ocultado nada en mi biografía hasta el día de hoy, y cada vez estoy más lejos del prebendismo político, de la simonía literaria, de la bicoca concursera, de todo lo que no sea cuartilla amarilla con tinta roja contra sitio franco en el corondel de lo impreso  [108].

Es decir; Ramón, desnudo y solo; sólo ramón,   como concluía el soneto de Alberti. Ramón, por encima de los pliegues de la Historia. Ramón, en la Historia profunda. Ramón, en su confesión final, cuando,  desde la fe religiosa, afirma:

La promesa del gran Dios devuelve de nuevo al misterio todo lo que fraguó el pensamiento en sus ratos de petulancia [109] .

Este es el Ramón de periódicos, el Ramón de todos los periódicos y, al mismo tiempo, el Ramón de un periódico, que, agónicamente, hizo más suyo: el diario Arriba [110]

Este es el Ramón, patrimonio esencial de la Literatura y de la Vida, el Ramón que, por encima de las contingencias, limpio de sonsonetes, ratimagos y guizques [111] , como el mismo dice, hace lo quiere en sus horas libres.

 Este es el Ramón que debe salir del purgatorio, que debe  resucitar naturalmente, gloriosamente.



[1] TOMAS BORRAS., “Ramón de periódicos”, en “Arriba” (diario), Madrid, 15 de enero de 1963.

[2] LUIS LOPEZ MOLINA, “Ramón en “La Esfera”, en “Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura”, tomo LXXIII, Castellón de la Plana, octubre-diciembre de 1997, pp. 527-551.

[3] RODRIGO ROYO, desde la dirección de “Arriba” (1961), pretendió que RAMÓN dejase greguerías y nostalgias para escribir artículos de actualidad. Su intransigencia provocó el desgraciado término de la colaboración iniciada en 1944.

[4] ENRIQUE DE AGUINAGA, “Ramón, condenado y salvado por si mismo”, discurso de contestación al de LUIS PRADOS DE LA PLAZA, en la ceremonia de toma de posesión de su plaza de miembro numerario de la Real Academia de Doctores, Madrid, 12 de marzo de 1997.

[5]  RAMON GOMEZ DE LA SERNA, “Automoribundia”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1948,  p. 681.

[6] IDEM,  fichero de notas, trascripción mecanográfica del hispanista británico Allan Hoyle (1969), Archivos de la  Universidad de  Pittsburgh (USA), ficha  8 (II).

[7]   IBIDEM, ficha 27 (II).

[8]   IDEM, “El cuadro de Pombo”, en “Arriba” (diario), Madrid, 16 de noviembre de 1947.

[9]   FELIPE SASSONE, “Ramón Gómez de la Serna”, en “Arriba” (diario), Madrid, 16 de noviembre de 1947.

[10] E.M.F., “Una interviú con Ramón Gómez de la Serna” (dibujo de Villanueva), en “Correspondencia diplomática” , revista mensual, fundada y dirigida por  F. Blanco Taboada, Madrid, 1935, pp. 36-37.

[11] NIGEL DENNIS, “El ramonismo (sin Ramón) de la guerra civil española: una carta inédita de José Bergamín”, en Boletín de la Fundación Federico García Lorca, núm. 5, junio de 1989. Reproducido en “Boletín RAMON” (Juan Carlos Albert), núm. 2, Madrid,  primavera, 2001.

[12] RAMON GOMEZ DE LA SERNA, “El año pombiano”, en “Almanaque literario 1935”, editorial Plutarco, Madrid.

[13] IBIDEM.

[14] IBIDEM.

[15] IBIDEM.

[16] TOMAS BORRAS, prologo a “Descubrimiento de Madrid”, de RAMON GOMEZ DE LA SERNA, Ediciones Cátedra, Madrid, 1992, p. 16.

[17] RAFAEL FLOREZ, “Ramón de ramones”, Bitácora, Madrid, 1988, p. 154.

[18] RAMON GOMEZ DE LA SERNA, “Nuevos retratos contemporáneos” (Pedro Luis de Gálvez), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1945, pp. 186-187.

[19] IDEM, “Automoribundia”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1948, p. 610.

[20] NIGEL DENNIS, o.c. y “Boletín RAMON”, núm. 2, Madrid, primavera 2001, pp. 3-12.

[21] ANDRES TRAPIELLO, “Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1936-1939)”, Planeta, Barcelona, 1994, pp. 14-15.

[22]  Manifestación popular de 9 de diciembre de 1946.

[23]   IDEM, “La felicitación de Pascuas de Ramón Gómez de la Serna”, en “Arriba”, Madrid, 27 de diciembre de 1946.

[24]   DON JUAN DE BORBON, Estoril, 7 de abril de 1947.

[25]   RAMON GOMEZ DE LA SERNA,  “Franco ha dado una gran lección de heroicidad leal”, en “Arriba”, Madrid, 17 de abril de 1947.

[26] IÑIGO DE SANTIAGO (José Ignacio Ramos), “La Medalla de Madrid, entregada a Ramón”, en “Arriba” (diario), Madrid, 13 de marzo de 1947.

[27] IÑIGO DE SANTIAGO (José Ignacio Ramos), “Ramón Gómez de la Serna anhela venir a España”, en “Arriba” (diario), Madrid, 24 de diciembre de 1948.

[28] JOSE MARIA SÁNCHEZ-SILVA, “Ramón en el espejo”, en “Arriba” (diario), Madrid, 15 de abril de 1962.

[29] Enrique de Aguinaga,   Lucio del Álamo, Joaquín Alba “Kin”, Juan Alberti,  Jacinto Alcántara, Santos Alcocer, José Ramón Alonso, Juan Aparicio, Joaquín Astudillo, Manuel Benedicto, Tomás Borrás, Demetrio Castro Villacañas, Vicente Cebrián, José Maria Claver, Gerardo Contreras, Perico Chicote, Antonio Díaz Cañabate, Manuel Diez Crespo, Jesús Ercilla, Vicente Escrivá, Máximo Estévez, Antonio Fernández Cid, Julio Fuertes, Javier G. de las Cuevas, José Maria García Escudero, Rafael García Serrano, Tomás Gistau, Gaspar Gómez de la Serna, José Luis Gómez Tello,  Cesar González Ruano, Francisco Hernando Bocos, Ismael Herraiz, José de Juanes, Eduardo Llosent Marañón, Manolis Martínez Romero, Jesús Martínez Tessier,  Lope Mateo, Pedro Mourlane Michelena,  Trinidad Nieto Funcia,  José Pastor, Pedro Rico, Pedro Rocamora, Mariano Rodríguez de Rivas,  Juan Rojas,  Marino Rubiera,   Jesús Rubio, José Maria Sánchez-Silva,   Luis Santugini, Enrique Segura, Luisa Sofovich, Antonio Valencia, Manuel Vázquez Prada, Antonio Villaverde.           

[30]   “ARRIBA” (DIARIO), “Cena en “Arriba”, Madrid, 3 de mayo de 1949.

[31] IBIDEM. Hicieron brindis Pedro Mourlane Michelena, Juan Aparicio, Gaspar Gómez de la Serna, Lope Mateo, Lucio del Álamo y Jesús Rubio.

[32] IBIDEM.

[33]  ABC (DIARIO), “Rafael Florez presenta una biografía  “total” de Gómez de la Serna”, Madrid, 4 de enero de 1989.

[34]  RAFAEL FLOREZ, o.c., p. 329.

[35]   JAVIER FIGUERO, “Rastreo en vivo de Ramón”, en “El País” (semanal), Madrid, 10 de julio de 1988.

[36] IÑIGO DE SANTIAGO, “El Valle de los Caídos es lo que más me ha impresionado de España”. “Ramón Gómez de la Serna habla para ARRIBA, al desembarcar en la Argentina”, en “Arriba”, Madrid, 27 de julio de 1949. RAFAEL FLOREZ, o.c., p. 332. El monumento del Valle de los Caídos,  creado por decreto de 1 de abril de 1940, se inauguró, diecinueve años más tarde, el 1 de abril de 1959.

[37]   JUAN IGNACIO RAMOS, carta a Ismael Herraiz, director de “Arriba”, Buenos Aires, 25 de agosto de 1949.

[38] “ARRIBA” (DIARIO), “Cinco millones de pesetas suman los premios Fundación Juan March año 1956”, Madrid, 11 de enero de 1956.MARIANO DARANAS, “Siguen las firmas”, en “ABC” (diario, Madrid, 18 de enero de 1956. RAFAEL ORTEGA LISSON, “Más firmas”, en “Pueblo” (diario), Madrid 18 de enero de 1956. JOSE CAMON AZNAR, “Homenaje a Ramón Gómez de la Serna”, en “ABC” (diario), Madrid, 24 de enero de 1956.

[39] JESÚS EVARISTO CASARIEGO, “Con Ramón, en su torre de Buenos Aires”, en “ABC” (diario), Madrid, 26 de febrero de 1956.

[40] Carta de 2 de junio de 1959.

[41] GASPAR GOMEZ DE LA SERNA, “Ramón”, Taurus, Madrid, 1963, p. 259. JAVIER FIGUERO, “Rastreo en vivo de Ramón”, en “El País” (semanal), Madrid, 10 de julio de 1988, p.43.

[42] JOSE MONTERO ALONSO, “Escribiré a España diciendo la verdad”, en “ABC”, Madrid, 17 de abril de 1962. Carta a Enrique de Aguinaga, desde Buenos Aires, abril de 1962.

[43] El primer mazo (I) se abre con una papeleta que dice “Ida y vuelta a España. Transcribed + donated by A. Hoyle (1969)” y está compuesto por 373 fichas numeradas correlativamente. El segundo mazo (II) se abre con una papeleta que dice “Loose notes. Transcribed + donated by A. Hoyle (1969)” y está compuesto por 245 fichas numeradas correlativamente. Las notas registradas en cada ficha suelen ir precedidas de un enunciado clasificatorio.  Enunciados que se repiten en estos dos lotes  son, entre otros, Biografía, Guerra Civil, Revolución, España, Los españoles, Franco, Conquistadores,   Vuelta  a España, República, Palacio de Cristal, El Escorial, Azaña, Prieto, Política,  Negrín y Araquistain.

[44] RAMON GOMEZ DE LA SERNA , fichero de notas, trascripción mecanográfica del hispanista británico Allan Hoyle (1969) , Archivos de la  Universidad de  Pittsburgh (USA), ficha  152 (I).

[45]   IBIDEM, ficha 157 (I).

[46]   IBIDEM, ficha   260 (I).

[47]   IBIDEM, ficha 220 (I).

[48]   IBIDEM, ficha 87 (II).

[49] IBIDEM, ficha 88 (II).

[50]  IBIDEM, ficha 89 (II).

[51]   IBIDEM, ficha 255 (I).

[52]  IBIDEM, ficha 272 (I).

[53]  IBIDEM, ficha 52 (I).

[54]  IBIDEM, ficha 237 (I).

[55]   IBIDEM, ficha 236 (I).

[56]  IBIDEM, ficha 235 (I).

[57]   IBIDEM, ficha 127 (I).

[58]  IBIDEM, ficha 143 (I).

[59]   Revista Bibliográfica Anticuaria Internacional. Madrid. Director, Pablo Torres.

[60] “Ramón y las vanguardias”, en “Noticias bibliográficas”, núm. 88, Madrid, julio-agosto de 2002.

[61] RAFAEL GARCIA SERRANO, “Noticias de Ramón”, en “Arriba” (diario), Madrid, 3 de febrero de 1956.

[62] JOSE LUIS CANO, “Los cuadernos de Velintonia” (7 de junio de 1980), en “El País” (diario), Madrid, 25 de marzo de 1985.

[63] RAMON GOMEZ DE LA SERNA, “Descubrimiento de Madrid” (Edición de Tomás Borrás), Ediciones Cátedra, 1992, p. 16

[64] OCTAVIO PAZ, “Obras Completas”, tomos III y IV, en “El País” (diario), Madrid26 de marzo de 1994.

[65] FRANCISCO NIEVA, “Teoría del ninguneo”, en “ABC” (diario), Madrid, 12 de octubre de 1996.

[66] LUIS CARANDELL, “Todo Ramón”, en “Cauce” (revista mensual), Madrid, septiembre de 1996.

[67] RAFAEL FLOREZ, “Ramón de Ramones”, Bitácora, Madrid, 1988, p. 279.

[68] IBIDEM, pp. 183-185. GASPAR GOMEZ DE LA SERNA, “Ramón”, Taurus, Madrid, 1963, p. 250.

[69] “ARRIBA” (DIARIO), “Ramón y la liquidación de Pombo. La mesa salvada”, Madrid, 24 de septiembre de 1950.

[70] IDEM, “Ramón, invitado y huésped de honor del Ayuntamiento en las fiestas de San Isidro”, Madrid, 25 de abril de 1959.

[71] “ABC” (DIARIO), “Carta de Ramón Gómez de la Serna al conde de Mayalde”, Madrid, 20 de mayo de 1959.

[72] “ARRIBA” (DIARIO), “La greguería entra en la Academia”, Madrid, 28 de julio de 1960.

[73] ORIOL DE MONTSANT, “Pensión vitalicia a Ramón Gómez de la Serna”, en “ABC” (diario), Madrid, 9 de febrero de 1962.

[74] JOSE MARIA ALFARO, “Algunos recuerdos melancólicos”, en “ABC” (Literario), Madrid, 2 de julio de 1988.

[75] En 1960, el director de “Semana”, Manuel Halcón, le otorgó el impecune y particular Premio “Juan Palomo”, que le entregaron en su casa de Buenos Aires el Embajador Manuel Aznar y el escritor José Vicente Puente, comisionados por Halcón a este efecto.  JOSE VICENTE PUENTE, “Premio Juan Palomo a Ramón Gómez de la Serna por su greguería “El escritor debe ser un mártir de si mismo que sangra por la mano derecha”, en “Semana” (revista), Madrid, agosto de 1960.

[76] “ABC” (DIARIO), “Ramón Gómez de la Serna, premio “Madrid” de literatura, de la Fundación March”, Madrid, 10 de abril de 1962. El Jurado, presidido por Melchor Fernández Almagro, estaba compuesto por Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Buero Vallejo, José Hierro, Dámaso Alonso, José Plá y, como secretario, el padre Félix García. El Ministerio de Asuntos Exteriores había comunicado al secretario del Consejo del Patronato de la Fundación Juan March, Alejandro Bérgamo, que Ramón se encontraba hospitalizado a causa de una grave crisis cardiaca, circunstancia que se ocultó al Jurado.

[77] “ARRIBA” (DIARIO), “Sepelio de Ramón Gómez de la Serna”, Madrid, 24 de enero de 1963.

[78]  RAFAEL CONTE, “Ramón Gómez de la Serna entre dos efemérides”, en “El País”, Madrid, 19 de abril de 1988: “No puede decirse que la figura de Ramón Gómez de la Serna, la más original sin duda de toda la historia de la literatura española, goce de buena salud. El pasado mes de enero se cumplieron los 25 años de su muerte, y el próximo mes de julio de cumplirá el primer centenario de su nacimiento. El eco suscitado por estas efemérides ha sido hasta el momento muy discreto, por no decir mínimo, lo que resulta bastante extraño en estos tiempos de tanto centenario artificial, de tanto revival  insignificante o de tanta y tanta recuperación de un día”.

[79] JOAQUIN ARNAIZ, “Actualidad de Ramón Gómez de la Serna con la publicación del “Elucidario de Madrid”,  en “Diario 16”, Madrid, 7 de mayo de 1988.

[80] CESAR NICOLAS, “La resaca antivanguardista”, en Diario 16, Madrid, 2 de julio de 1988.

[81] PABLO NERUDA, “Confieso que he vivido”, Seix y Barral, Barcelona, 1974, p. 167. “NUEVO DIARIO”, “Trece aniversario. Ramón Gómez de la Serna. Oda”, Madrid, 18 de enero de 1976.

[82] RAFAEL ALBERTI, “Ramón orquesta solo de trombón”, en Diario 16, Madrid, 2 de julio de 1988.

[83]   IDEM., “La arboleda perdida” (segunda parte), Seix Barral, Barcelona, 1987, p. 129

[84] CARLOS GACIA, “Correspondencia de Ramón con Guillermo de Torre (1916-1963)”, “Boletín Ramón”, núm. 1, Madrid, otoño de 2000.

[85] NICOLAS GROPP, “Ramón Gómez de la Serna y Uruguay en el periodo de la vanguardia histórica”, en “Boletín Ramón”, núm. 3, Madrid, otoño de 2001.

[86] EUGENIO SUAREZ, “Ramón de Jabugo”, en “El País” (diario), Madrid, 24 de marzo de 1997.

[87] RAFAEL CONTE, “La escritura originaria”, en “ABC” (Cultural), Madrid, 3 de septiembre de 1998.

[88] IOANA ZLOTESCU, “Ramón Gómez de la Serna. Obras Completas”, tomo XIV, Galaxia Gutenberg-Circulo de Lectores, Barcelona, 2003, p. 13.

[89] IBIDEM, p. 18.

[90] IBIDEM, p. 29.

[91] IBIDEM, p. 1050

[92] IBIDEM, p. 1050

[93] IBIDEM, p. 1050

[94] “EL PAIS” (DIARIO), “Las greguerías inician el ramonismo de Gómez de la Serna”, Madrid, 4 de julio de 1997.

[95] IBIDEM, p. 1049.

[96] TVE, “Blanco sobre negro”, 27 de julio de 2003.

[97] RAFAEL CASAS DE LA VEGA, “El Terror: Madrid 1936”, Fénix, Madrid, 1994, p. 276.

[98] CESAR VIDAL, “Checas de Madrid. Las cárceles republicanas al descubierto”, Belacqua-Carrogio, Barcelona, 2003, pp.151-153, 294-295.

[99] IONA ZLOTESCU SIMATU, “Ramón 2001: doce tomos en la calle”, en “ABC” (suplemento cultural), Madrid, 11 de agosto de 2001.

[100] “Los orígenes de la Guerra Civil española” (1999), “Los personajes de la Republica vistos por ellos mismos” (2000), “El derrumbe de la Segunda Republica y la Guerra Civil” (2001)  y “Los mitos de la Guerra Civil” (2003).

[101] STANLEY G. PAYNE, “Mitos y tópicos de la Guerra Civil”, en “Revista de Libros”, núm. 79-80, Madrid, julio-agosto, 2003, pp. 3-5.

[102] IBIDEM.

[103] IBIDEM.

[104] IGNACIO SOTELO, "La España del año 2000", en "Revista de Occidente", nº 77, Madrid, octubre de 1987.

[105] LUIS GOYTISOLO, “Aniversario de la cuarentena”, en “El País” (diario), Madrid, 27 de julio de 1986.

[106] IOANA ZLOTESCU, “Ramón Gómez de la Serna. Obras Completas”, tomo XIV, Galaxia Gutenberg-Circulo de Lectores, Barcelona, 2003, p. 15.

[107]   FRANCISCO NIEVA, o.c.

[108]  RAMON GOMEZ DE LA SERNA, “Automoribundia”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1948, p.744.

[109]  IBIDEM, p. 409.

[110] “ARRIBA” (DIARIO), dedicó a Ramón páginas especiales el 15 de enero de 1963, con motivo de su muerte (Félix Centeno, Rafael García Serrano, Joaquín de Entrambasaguas, el conde de Mayalde, Juan Sampelayo, Jiménez Martos, Domingo Paniagua, Antonio Valencia, Juan Van-Halen, Gerardo Diego, Luis Gómez Mesa, Tomas Borrás, Gaspar Gómez de la Serna, Gonzalo Torrente Ballester, Dámaso Santos, Salvador Jiménez y Enrique de Aguinaga); el 15 de abril de 1962, para celebrar la concesión del Premio Juan March (José Maria Sánchez-Silva, Tomas Borras, Enrique de Aguinaga, Felix Centeno y Xavier de Echarri); el 12 de enero de 1964, en el aniversario (José Montero Padilla, Dámaso Santos y Félix Centeno);

[111]  RAMÓN GOMEZ DE LA SERNA, “Elucidario de Madrid”, Artes Gráficas Municipales, Madrid, 1957, p. XXI.