José Antonio

 

Antonio Castro Villacañas

Vistazoalaprensa.com

 

El retrato de un José Antonio triste ocupó durante cerca de cuarenta años un lugar destacado en muchas paredes oficiales de España. Sin embargo, aunque su figura se utilizara como un icono garantizador de ortodoxia política, la verdad es que cuanto él significaba -y todavía representa- no se conoció del todo en aquella época -incluso puede que sólo se conociera una parte de lo para entonces mas conveniente- y como es lógico menos aún se conoce en ésta que ahora vivimos.
Por eso no tiene nada de extraño -si tenemos en cuenta la falsedad del sistema cultural y político construído desde 1976- que el centenario de su nacimiento esté pasando voluntariamente oscurecido por la enemistad de unos y la cobardía, la prudencia -o simplemente el cálculo de beneficios a obtener- de otros. Así, por ejemplo, ni el actual Gobierno español ni cualquier clase de poder autonómico o municipal ha considerado conveniente recordar a este joven político pese a que tuvo una innegable influencia en el desarrollo de la España del siglo XX y a que muchas de nuestras actuales figuras políticas, comenzando por la primera, se declararon joseantonianas o utilizaron los símbolos y las doctrinas del fundador de Falange cuando era rentable hacerlo.
El único diario de difusión nacional que ha dedicado un mínimo de atención a este aniversario ha sido el madrileño "La Razón". El oficioso órgano de la derecha española publicó el pasado 23 de abril cuatro artículos sobre José Antonio (originales de César Vidal, Jesús López Medel, Rocío Primo de Rivera y Enrique de Aguinaga) y una especie de comentario editorial -pues apareció sin firma-, todo ello en las páginas que dedica a temas culturales. Como es natural, el diario monárquico -borbónico y juanista- tuvo mucho cuidado en dejar claro que su heredado y floreciente espíritu liberal le hacía tener que recordar el perfil político de un controvertido español del siglo XX, pero que éste no le es grato. Así, ya en su tercera frase se apresuró a calificarle como "ideólogo del fascismo español", y en la siguiente aseveró -para que no hubiera dudas al respecto- que "La Razón rechaza su ideario político y las consecuencias posteriores para nuestra historia reciente".
Dos puntualizaciones merecen esas frases. La primera es que únicamente los frívolos, los ignorantes o los malintencionados pueden afirmar que José Antonio y su Falange se identificaran alguna vez con el fascismo en sus escasos tres años de existencia. Sería fácil demostrárselo a cualquier escritor "racional" que se atreviera a mantener lo contrario. La segunda puntualización consiste en decir que nada tiene de extraño el que un diario seudoliberal y clasista rechace las superliberales, íntegras y unitarias ideas políticas de José Antonio, por cierto aceptadas -al menos de cara al público- por españoles tan ilustres como Alfonso de Borbón y Habsburgo, Juan de Borbón y Battemberg y Juan Carlos de Borbón y Borbón en determinados momentos de sus respectivas biografías, pero sí que parece raro en ese diario el rechazar "las consecuencias posteriores para nuestra reciente historia" de tal ideario cuando una de esas consecuencias, si bien indirecta y desgraciada, es la instauración o restauración de una estructura política tan grata a quienes mantienen ese periódico y se mantienen del mismo.