Conmemoración de unos centenarios

 

José Mª García de Tuñón

Altar Mayor

 

Este año de 2003 estamos celebrando el centenario del nacimiento de José Antonio Primo de Rivera, pero también el de personas vinculadas a la que algunos han llamado «literatura del exilio», aunque había que aclarar sobre este punto que unos más y otros menos. Rafael Alberti (nacido el 16 de diciembre de 1902), María Teresa León, Maux Aub y Alejandro Casona pudiéramos decir que son los máximos exponentes de esa «literatura del exilio» y que ahora cumplen o acaban de cumplir los cien años de su nacimiento. También se conmemora el de César González Ruano, que a los 23 años ya había publicado un libro sobre Azorín y Pío Baroja, y que a los 22 tenía ya en la librerías ocho libros de poemas. González Ruano entrevistó a José Antonio en marzo de 1930 y volvió a hacerlo en abril de 1934. Incluso en sus Memorias publica la carta que le envió José Antonio después de que apareciera la primera entrevista, y si ésta viene recogida en la últimas Obras Completas, no así la carta que tiene fecha 15 de marzo de 1930: «Mi distinguido amigo: He leído su interviú y le agradezco muy sinceramente la forma afectuosa en que está hecha. Mi horror a la exhibición se tranquilizó en parte al recibir de usted, con tono inconfundible de sinceridad, la promesa de que no aparecería en la interviú nada que pudiera mortificarme. Ahora me tranquilizo del todo, al comprobar que usted, cumpliendo con creces su promesa, no sólo ha evitado toda mortificación, sino que me ha proporcionado motivos de gratitud. Recíbala muy cordialmente de su afectísimo amigo y compañero q.e.s.m. José Antonio Primo de Rivera».

Pero volvamos al resto de los «centenarios». Vemos que los medios de comunicación vienen hace tiempo ocupándose de la efemérides de ellos haciendo una excepción con José Antonio que apenas, y tímidamente, aparece su nombre en letra impresa y cuando aparece es para seguir falseándolo en la mayoría de los casos. A principios del mes de febrero pasado, en el Abc Cultural aparecía un artículo donde según parece a su autor no le da para mucho su molondra ya que vuelve a recordarnos la frase de «la dialéctica de los puños y las pistolas». Con estas palabras, el diario monárquico abría sus páginas a los detractores de Primo de Rivera al mismo tiempo que recordaba a sus lectores que este año también celebramos el centenario de su nacimiento. Lejos, pues, quedaban aquellos años en que el Abc dedicaba a José Antonio su portada, por ejemplo, la del 27 de abril de 1939, cuando el ejemplar costaba 15 céntimos; y en otras fechas daba cabida a plumas como la de Eugenio Montes, J. Miquelarena, Víctor de la Serna, Foxá, Manuel Machado, Tomás Borrás, Pemán, Carlos Luis Álvarez, Sainz Rodríguez y tantos y tantos otros escritores y políticos que cantaban y nos contaban, algunos interesadamente, las excelencias del pensamiento de José Antonio.

También cuando el periódico monárquico al cumplirse uno de los aniversario de su muerte, se escribían las siguientes palabras: «Hace siete años, en la Prisión Provincial de Alicante, nos dio José Antonio su última y perdurable lección sobre la vida y sobre la muerte con su sacrificio heroico por España y con su católica serenidad en el último trance de sus existencia, José Antonio fue asesinado por los rojos, y simbólicamente con él, toda una juventud española fue asesinada por la anarquía y la barbarie de una subversión social incitada por agentes soviéticos...». Barbarie de la que del mismo modo se hizo eco quien fue varios años su director, Juan Ignacio Luca de Tena, al escribir: «Haga el cielo que cuando vuelva a reír la Primavera y las banderas victoriosas retornen, no se turbe ya nunca la paz entre los españoles que hoy gritamos juntos, con los bárbaros todavía enfrente: ¡Viva España y Arriba España!».

Al celebrarse los cincuenta años del nacimiento del fundador de Falange, muchos periódicos titulaban en primera página: «Hoy hace 50 años que nació José Antonio». Y como subtítulo: «Traía el signo glorioso de llenar una época de la historia del mundo». Sin embargo, estoy seguro, al cumplirse el centenario de su nacimiento el 24 de abril de 2003 (escribo el artículo antes de este día), ningún periódico habrá recordado la efemérides y solamente para un puñado de españoles esa fecha no habrá pasado desapercibida.

Como tampoco pasó desapercibido José Antonio para María Teresa León, hija de militar y miembro de una familia burguesa que dejó a su primer marido, con quien se había casado a los 17 años y con quien tuvo dos hijos, para dedicarse a la literatura, la política revolucionaria y a Rafael Alberti que fue arrastrado por ella, según Giménez Caballero, hacia el sueño comunista. Más tarde él la abandonaría en los últimos años de su vida después de llevar cerca de 60 años casados. La escritora en Memorias de una melancolía nos describe un paseo que, cogida del brazo de su padre, disfrutaba por las Ramblas y el Paseo de Gracia. Ya estaba casada, eran los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, cuando entre los soldados del regimiento vio a José Antonio que lo encontraba «muy inteligente» y «buen mozo». A María Teresa le parecía absurdo no poderle sonreír porque estaba casada: «¿Quién cerraría los ojos de aquel soldado que yo no volví a ver? ¿Y por qué cayó si tal vez...? Sí, tal vez fue una equivocación política. ¿No hubiera sido más acertado mandarlo morir a otra parte, por ejemplo, a Burgos? Años de guerra civil. Aquel soldado que yo nunca más volvía ver estaba preso en Alicante. ¿Qué efecto hubiera producido José Antonio Primo de Rivera en Burgos, frente a frente con el Caudillo? Seguramente no hubiera sido trasladado a hombros por toda España para ser enterrado con una sonrisa de triunfo en El Escorial porque... el eliminador que mejor eliminare, buen eliminador será».

El trato que da Alberti –que según otro Luca de Tena, Torcuato, fue partícipe en la cheka de intelectuales instalada en Bellas Artes, donde dictaba las sentencias de muerte el dulce poeta gaditano– a José Antonio, a pesar de la influencia que como poeta tuvo sobre él según nos cuenta su hermana Pilar y de la asistencia como invitado a una cena literaria, que bajo la denominación de «Cenas de Carlomango» promovió José Antonio, según el periodista Ismael Medina que dice habérselo oído contar a Pedro Mourlane Michelena y a José Mª Alfaro. Así pues, en nada se parece Alberti a esa especie de hechizo que por el fundador de Falange tuvo su mujer María Teresa León, porque no podemos olvidar aquel poema que decía: «Siega, segador, seguido, / con esa roja guadaña, / las cabezas que en España, / hoja a hoja han impedido, / que el sol llegue a la bodega. / Siégalas de un solo tajo. / Respondan al cascabel / de José Antonio...». Poco tiempo después de esta amenaza, José Antonio Primo de Rivera sería «segado».

El asturiano Alejandro Rodríguez Álvarez, más conocido como Alejandro Casona, es uno de los maestros del teatro del siglo XX. Se exilia en 1937 y después de recorrer varios países de la América hispana se asienta en Buenos Aires donde estrena, entre otras, las siguientes obras: La Dama de Alba, La barca sin pescador, Los árboles mueren de pie, La tercera palabra, etc. A principios de los años sesenta regresa a España y una parte de la crítica no respalda sus obras a pesar del éxito de público. Falleció en Madrid en 1965.

Pero no deseo terminar estas cortas líneas que dedico a este autor dramático sin repetir la anécdota que nos cuenta el biógrafo de José Antonio, Ximénez de Sandoval. Nos relata este biógrafo que en cierta ocasión quería asistir a un homenaje que le hacían al comunista Alejandro Casona y para ello pide su parecer a José Antonio. Y éste le responde: «Me parece muy bien. Irás al banquete, haciendo caso omiso ese día de la prohibición de llevar las flechas. Te las pones para que vean que Falange ni es cerril ni intolerante...».

Cuando el académico Antonio Muñoz Molina dio lectura a su ingreso en la Academia se refirió a la figura de Max Aub como un español demócrata de izquierdas, sin más raíces que las elegidas por él mismo. Max Aub nació en París y cuando contaba once años de edad se trasladó con su familia a Valencia donde adoptaría el castellano como lengua de creación en su futura y vasta obra literaria («nunca he podido escribir nada en otra lengua», se justificó toda su vida). En febrero de 1939 se exilia y es México el país que lo acogió y en donde murió en 1972. En 1969, y tras treinta años de exilio, aterrizó en el aeropuerto barcelonés de El Prat de Llobregat «lleno de esperanza» sin embargo «fueron los meses más tristes de mi vida». Volvería en 1972 y las cosas debieron de irle mejor porque en sus Diarios no hay palabras como aquellas que escribió en su primer viaje y que sería porque preveía cerca su muerte, hecho que por pura casualidad no aconteció en España ya que falleció en México el 22 de julio de 1972 cumpliéndose así aquellas palabras que escribió el 23 de mayo del mismo año: «Mientras reine Franco, no morirme en España...».

Maux Aub fue muy amigo del poeta y escritor falangista Luys Santa Marina a quien cita varias veces en La gallina ciega. Como también hace con Ramiro Ledesma Ramos: «No tuve ni tengo contra Ledesma Ramos... Luys Santamarina... –hablo de mis amigos– camisas viejas: fueron fieles. Ahora bien, una vez más, frente a los que endosaron el uniforme contrario en vista de los resultados, hablaría y no acabaría». En su novela, quizá la novela más amarga, Campo del Moro, dice de uno de sus personajes: «A poco se dejó arrastrar por la oratoria de José Antonio Primo de Rivera. Su detención y reclusión en la cárcel de Alicante le parecieron inconcebibles. ¿Cómo –se preguntaba–, con los poderes sobrenaturales que naturalmente deben asesorarle, no halla manera de remontarse a las nubes, apareciendo como un nuevo Santiago?».

En pocas líneas, estos son los principales personajes que este año de haber vivido cumplirían los cien años de edad. Me gustaría que todos ellos tuvieran el mismo trato informativo, pero por lo visto hasta la fecha mucho me temo que no será así y que José Antonio llevará la peor parte con enorme diferencia sobre los demás.