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Agresión totalitaria nada original
Hermann Tertsch
(Twitter)
 

 

No les gusta a los nacionalistas catalanes que los comparen con los nacionalsocialistas alemanes. Por eso resulta doblemente lamentable que se pasen el día emulándolos. Sería solo una fea coincidencia como hecho aislado ese fervor común por las marchas con antorchas, die Fackelzüge, que tanto emocionaban a los nazis alemanes y emocionan a los separatistas de la España del noreste. Por desgracia hay mucho más. Los pasados días 6 y 7 de septiembre orquestaron una operación en el Parlamento catalán que fue una repetición lograda de la sesión del 23 de marzo de 1933 en el Reichstag en la que se aprobaba la Ley Habilitante que liquidaba la legalidad de la República de Weimar. Días después los partidos separatistas comenzaron a acosar a los cargos de los partidos opuestos al referéndum. El propio presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, incitó a esta coacción colectiva en perfecta emulación de los llamamientos de Joseph Goebbels a perseguir a la oposición a aquella ley habilitante, «Ermächtigungsgesetz». Ayer circulaban por Cataluña pasquines firmados por Arran, las juventudes de las CUP, líderes del proceso golpista, con fotografías de miembros de partidos constitucionalistas, tachados de enemigos del pueblo merecedores de castigo. Estos filoterroristas tienen ya identificados comercios y centros cívicos, públicos y privados, frecuentados por adversarios al golpe de Estado y por ello potenciales objetivos de represalias. Ayer se dispararon las denuncias de masivas presiones y amenazas a funcionarios para que se plieguen a los intereses de los separatistas. Calcado de 1933.

Todo esto era evitable. De haberse combatido el golpe de Estado en sus comienzos hace ya casi un lustro. De no haberse tolerado que se cultivara la delirante fantasía colectiva de que un par de millones de españoles fanatizados pueden destruir la patria común a los 45 millones restantes. El disparate es mayúsculo. Solo décadas de educación en el odio permitidos por todos los gobiernos de España y un lustro de dejadez, pasividad y desidia del gobierno Rajoy ante los planes evidentemente criminales de la Generalidad explican la situación actual. La situación la agrava por la existencia España de algo tan rancio, siniestro y peligroso como un movimiento comunista llamado Podemos, fuerte gracias a la crisis y al sistemático trato de favor por parte del gobierno del PP. Ellos ven su gran ocasión para la voladura, de la Constitución que nadie acata, del sistema agotado e inerme y sobre todo de la propia España. Es otra vez la alianza de dos ideologías, la separatista emuladora del nazismo en Cataluña y la comunista, aliadas para destruir las libertades y a la Nación Española, su único garante.

El llamamiento de Iglesias a crear una asamblea de partidos separatistas y de izquierda es el intento chavista de crear un parlamento paralelo sin el partido más votado. Iglesias querría ser Chávez pero emula a Maduro. Pretende montar aquí una fantasmal Asamblea fuera del Congreso como el presidente venezolano montó su Constituyente para liquidar a la Asamblea Nacional. Cierto que el PSOE de Pedro Sánchez no se presta al juego. De momento. Pero es obvia la fragilidad del frente político constitucional. Nadie ha estado a la altura ni en su sitio. Ahora las decisiones son inaplazables. Dada la situación que puede derivar en tragedia, urge que gobierno asuma la responsabilidad de la defensa de las libertades pisoteadas y la neutralización de la alianza golpista. Hay instrumentos constitucionales y aparato del Estado suficientes. Después habrá de iniciarse la inevitable tarea, dura y larga, de la reconciliación, de gestionar las frustraciones de unos sueños delirantes de no pueden cumplirse sin una catástrofe histórica que nos arrastraría a todos.