Otras apuntaciones sobre José Antonio

Antonio Castro Villacañas

vistazoalaprensa.com

Enrique de Aguinaga ha definido muy bien lo que pretendemos los joseantonianos en este año centenario del nacimiento de José Antonio: sencillamente, que se lean con atención su vida y su obra, que se conozcan la una y la otra, que se analicen con detalle... En suma, que cuantos se acerquen a su figura lo hagan dotados de una curiosidad intelectual ciertamente incómoda. Por eso nos duele el espeso silencio, ordenado por los poderes públicos y los poderes fácticos, con que se ha acogido la fecha de su nacimiento. Y nos duele todavía más que quienes han hablado o han escrito estos días sobre él lo hayan hecho -salvo excepciones admirables- desde la frivolidad y la antipatía. En este sentido, Julián Lago, Paco Umbral y Antonio Burgos se han llevado la palma en el triste certamen de ver quién dice mayores majaderías sobre la persona y la obra de un español insigne.
Con el máximo respeto posible tras leer sus eruptos impresos, claro producto de su respectiva ebriedad intelectual y política, yo simplemente se los rebato con otros juicios provenientes de Miguel de Unamuno, Pedro Laín Entralgo o Luis Rosales, por ejemplo, que -para cualquier español mínimamente enterado de quién es cada cual- tienen sin duda mucha mayor consistencia que nuestros tres antes citados gacetilleros contemporáneos.
El rector de Salamanca, pasando por encima de sus antiguos rencores hacia el general Primo de Rivera, dijo de José Antonio a otras personas tras conocerle directamente: "Le he seguido con atención y puedo asegurar que se trata de un cerebro privilegiado. Tal vez, el más prometedor de la Europa contemporánea". El rector madrileño lo calificó de "prodigio de armonía". Por su parte, el otro gran poeta granadino dijo de él que fue "la verdad de España duradera".No hace falta que hoy me extienda más sobre el tema, pero no lo doy por agotado. Volveré a él cada vez que me parezca oportuno o necesario.